Tarjeta roja para los mentirosos.

El pasado domingo se celebrĂł la final de la Copa Mundial de FĂștbol 2026, en la que España se coronĂł campeona del mundo tras derrotar a Argentina por 1-0. Sin embargo, hubo un incidente ocurrido el 11 de julio que no quisiera pasar por alto.

Se trataba del partido de cuartos de final entre Suiza y Argentina. En el minuto 72, con el marcador empatado 1-1, el delantero suizo Breel Embolo cayó dentro del årea rival tras disputar el balón con el defensor argentino Leandro Paredes. El årbitro principal señaló penal a favor de Suiza y mostró una tarjeta amarilla a Paredes.

Pero la historia no terminĂł allĂ­. Tras revisar la jugada en el VAR, los ĂĄrbitros concluyeron que no habĂ­a existido contacto fĂ­sico y que Embolo se habĂ­a dejado caer deliberadamente. En otras palabras, habĂ­a simulado una falta para provocar una decisiĂłn favorable.

Como resultado, la amonestaciĂłn a Paredes fue anulada y, en su lugar, Embolo recibiĂł una tarjeta amarilla por simulaciĂłn. Debido a que ya habĂ­a sido amonestado previamente en ese partido, recibiĂł una tarjeta roja, quedando expulsado del encuentro.

Aunque muchos consideran la simulaciĂłn como algo normal dentro del fĂștbol, la Regla 12 de la International Football Association Board (IFAB) la clasifica como una conducta antideportiva y establece que debe ser sancionada con tarjeta amarilla. DespuĂ©s de todo, la simulaciĂłn, conocida popularmente como piscinazo, no es mĂĄs que el intento de engañar al ĂĄrbitro fingiendo una falta.

Al final del dĂ­a, la simulaciĂłn es una mentira.

La normalizaciĂłn de la mentira

AsĂ­ como la simulaciĂłn es vista por muchos como algo normal dentro del fĂștbol, tambiĂ©n la mentira es considerada por muchos como algo normal en el mundo en que vivimos.

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