No se entristezcan como los que no tienen esperanza.

Soldado ante tumba La muerte es algo que cada uno de nosotros experimentará a menos que Dios quiera otra cosa. Y una pregunta importante que debemos hacernos es cómo han de responder los cristianos ante la muerte de otros cristianos que ellos amaban (parientes o amigos). Podemos encontrar una respuesta a esta pregunta en 1 Tesalonisenses 4:13-18.

Antes de continuar es importante hacer algunas observaciones. Primero, cuando este pasaje nos habla acerca de “los que duermen” se está refiriendo a los que han muerto. Nótese que «los que durmieron en Jesús» (v. 14) es sinónimo a «los muertos en Cristo» (v. 16). Segundo, este pasaje bíblico, y en consecuencia este artículo, está dirigido a cristianos (“hermanos”, 1 Ts. 4:13), cuyos seres queridos ya muertos fueron cristianos (“los muertos en Cristo”, 1 Ts. 4:16).

El versículo 13 comienza de la siguiente manera: “Pero no queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como lo hacen los demás que no tienen esperanza”. Nótese que Dios no está condenando la tristeza que viene por la muerte de un ser querido, ni está mandando a que se suprima ésta. La muerte de un ser querido ciertamente es triste. Entristecerse ante la muerte de un ser querido no es necesariamente pecado (véanse, por ejemplo, a Jesús en Juan 11:35 y a los hombres piadosos de Hechos 8:2). Lo que Dios sí quiere de nosotros es que aunque estemos tristes, no nos entristezcamos como «los demás que no tienen esperanza». Se entiende que un no-cristiano se entristezca de una manera excesiva –¡él no tiene esta esperanza!–, pero no así de un cristiano –quien tiene esta esperanza–. La ignorancia de esta esperanza hará que nos entristezcamos como los que no tienen esperanza (v. 13), pero el conocer y abrazar esta esperanza nos dará consuelo (v. 18).

La pregunta a responder ahora es: ¿En qué consiste esta esperanza que tenemos? Esta esperanza consiste en que Jesucristo vendrá por segunda vez; los muertos en Cristo resucitarán para vida eterna con cuerpos glorificados; a los que estén vivos se les darán cuerpos glorificados; y todos juntos estarán para siempre glorificando y gozando de la presencia del Señor. Todo eso se resume en la siguiente línea: “estaremos con el Señor siempre” (v. 17).

Así que, volveremos ver a nuestros seres queridos que han muerto en Cristo. Pero sobre todo, estaremos por siempre con Jesucristo, quien nos amó primero y «murió por nosotros, para que ya sea que estemos despiertos o dormidos, vivamos juntamente con El» (1 Ts. 5:10). Matthew Henry lo dijo de la siguiente manera: “Será una parte de su felicidad que todos los santos se reunirán y permanecerán juntos por siempre; pero la principal felicidad del cielo es eta: estar con el Señor, verle, vivir con él y gozar de Él por siempre”. Nos reuniremos con las personas que amamos, que por causa de la muerte ya no están con nosotros; y estaremos reunidos por toda la eternidad alrededor de Aquel que más amamos.

«Confortaos unos a otros con estas palabras». Comparte este artículo con otros cristianos, especialmente con aquellos cuyos seres queridos ya han muerto.

Más cerca que ayer.

Hace 2,000 años el Señor Jesucristo dijo: “Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino, y en diferentes lugares habrá hambre y terremotos” (Mt. 24:7). Esa fue parte de la respuesta a las preguntas que le habían hecho sus discípulos («¿cuándo sucederá esto, y cuál será la señal de tu venida y de la consumación de este siglo?«, v. 3). Hoy en día, vemos naciones como Israel, Palestina, Iraq, Afganistán, Nigeria, Yemen, entre otras, que se encuentran en conflictos armados; hoy en día, más de 800 millones de personas en el mundo sufren de hambre; hoy en día, hay pestes o enfermedades como Dengue, Meningitis, SIDA, Cólera –y no olvidemos la pandemia de gripe A (H1N1) del 2009-2010; hoy en día, hay terremotos en muchos lugares como Filipinas (2012), República Dominicana (Enero del 2012), Japón (2011) y Haití (12-01-2010). Todas estas cosas son señales antes del fin, señales que nos hacen saber que la segunda venida de Jesucristo está cerca, que el Hijo del Hombre está a las puertas. En palabras del mismo Jesucristo: “Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, sabed que El está cerca, a las puertas” (Mt. 24:33). También, la persecución a los cristianos (en países como Nigeria, México, China, Colombia, India, etc.) y el levantamiento de falsos profetas (como los predicadores del evangelio de la prosperidad) son señales de que Jesucristo está cerca (Mt. 24:9,11).

Sabemos que la segunda venida del Salvador y Señor Jesucristo, quien vendrá «sobre las nubes del cielo con poder y gran gloria» (Mt. 24:30), está más cerca que ayer; pero del día y la hora nadie sabe y todo aquel que profese saberlo es un jactancioso mentiroso, falso profeta y pecador.

¿QUÉ DEBEMOS HACER ANTE LA REALIDAD DE QUE JESUCRISTO ESTÁ A LAS PUERTAS, PERO NO SABEMOS EL DÍA NI LA HORA?

«Por tanto, velad, porque no sabéis en qué día vuestro Señor viene… Por eso, también vosotros estad preparados, porque a la hora que no pensáis vendrá el Hijo del Hombre»  –responde Jesucristo (Mt. 24:42,44). Sabemos que nuestro Salvador y Señor Jesucristo está cerca –y más cerca que ayer, pronto vendrá por segunda vez, entonces no habrán guerras, sino paz; no habrán pestes, sino vida eterna; no habrá hambre, sino plena satisfacción en Su presencia; no habrán terremotos que destruyan, sino que nuestras moradas y tesoros serán eternos. Pero no sabemos el día ni la hora en que eso sucederá. Así que, velemos, estemos preparados, seamos como el siervo fiel y prudente que permanece en el cumplimiento de la voluntad de Dios; viviendo para la gloria de Dios, haciendo el bien mayormente a los de la familia de la fe (Mt. 24:45-25:46).

Si tú no eres un siervo de Dios, sabe tú también que la segunda venida del Señor Jesucristo está cerca –y más cerca que ayer. Sí, es cierto que no sabes el día ni la hora de Su venida y es por eso que debes ahora mismo ir a los pies del Salvador y Señor Jesucristo arrepentido de todos tus pecados y confiando solamente en Él como tú salvador. Pídele sinceramente que perdone tus pecados y te salve. Haz así y serás salvado, entonces tú también esperarás confiadamente la segunda venida del Señor.