El supuesto “evangelio” de la prosperidad proclama que Jesús, mientras caminó sobre esta tierra, fue un hombre rico y que Sus seguidores también deben serlo; proclama, también, que el deseo de Dios es que todos los Suyos disfruten de paz externa ininterrumpida, salud inquebrantable, etc. Dije supuesto “evangelio” porque el apóstol Pablo (inspirado por Dios) dejó claro en Gálatas 1:7 que sólo hay un evangelio –las buenas nuevas en Jesucristo: “No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo” (RVR1960); y también pronunció una fuerte maldición sobre cualquiera que anunciare otro evangelio: “Pero si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciara otro evangelio contrario al que os hemos anunciado, sea anatema” (v. 8).
Ahora, Âżcuáles son los problemas del evangelio de la prosperidad? El primer problema es que no es bĂblico. Dios no ha prometido que los Suyos tendrán una salud inquebrantable, puede que a muchos Él les repita las mismas palabras que le dijo al apĂłstol: “Te basta mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Co. 12:9). Dios no ha prometido que los Suyos disfrutaran de paz externa ininterrumpida, Jesucristo dijo a Sus discĂpulos: “Estas cosas os he hablado para que en mĂ tengáis paz. En el mundo tenĂ©is tribulaciĂłn”, pero agrego, “confiad, yo he vencido al mundo” (Jn. 16:33). Dios no ha prometido que los Suyos serán ricos, Jesucristo dijo de sĂ mismo: “Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dĂłnde recostar la cabeza” (Mt. 8:20).
SĂ, es cierto que nuestro Señor Jesucristo, siendo rico, se hizo pobre; para que nosotros fuĂ©semos enriquecidos (2 Co. 8:9). Pero, esas riquezas no son relojes Rolex, no son un Bugatti y un Mercedes-Benz, no son las Ăşltimas tabletas del mercado; más bien, son riquezas espirituales. El evangelio de la prosperidad dice algo como esto: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que te bendecirá con toda bendiciĂłn terrenal –si le ofrendas”. Sin embargo, el evangelio verdadero, el evangelio de Jesucristo dice lo siguiente: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda bendiciĂłn espiritual en los lugares celestiales en Cristo” (Efesios 1:3).
1ra parte; 2da parte