Dios no conoce distanciamiento social.

Dios siempre estĆ” con y a favor de los Suyos y debido a eso nosotros debemos y podemos vivir sin amor al dinero, contentos con lo que ya tenemos, y sin temor a los hombres.

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No tengas temor del hombre.

Uno de los mandamientos de Dios mĆ”s repetitivos, si no es el mĆ”s repetitivo, en el libro del profeta IsaĆ­as es ā€œno temasā€. Algunos de los pasajes de IsaĆ­as en los que podemos encontrar este mandamiento son IsaĆ­as 7:4; 8:12; 10:24; 35:4; 37:6; 40:9; 41:10, 13, 14; 43:1, 5; 44:2, 8. Y en IsaĆ­as 51:7 Dios dice lo siguiente:

ā€œEscuchadme, vosotros que conocĆ©is la justicia, pueblo en cuyo corazón estĆ” mi ley. No temĆ”is el oprobio del hombre, ni os desalentĆ©is a causa de sus ultrajesā€.

Las palabras de Dios en este capĆ­tulo salieron de la boca de Dios para consolar y animar a aquellos que ahora son Su pueblo y obedecen Sus mandamientos. Aquellos que somos parte del pueblo de Dios, que obedecemos Sus mandamientos, seremos insultados y avergonzados por aquellos que no conocen a Dios. Y lo que Dios le dice a Su pueblo en IsaĆ­as 51:7 es que continĆŗen practicando lo que es justo y que no se retracten a causa del hombre.

¿Por qué no temer al hombre? Según el versículo 8, porque el hombre tiene una corta existencia, pero Dios y Su Palabra permanecen para siempre. Los hombres que no conocen a Dios al final serÔn destruidos, pero los que son de Dios al final estarÔn a salvo.

Es una necedad y una gran afrenta temer al hombre –moral, limitado al tiempo– y no temer a Dios –auto-existente y eterno–. En el versĆ­culo 12 del mismo capĆ­tulo, IsaĆ­as 51, leemos lo siguiente: ā€œYo, yo soy vuestro consolador. ĀæQuiĆ©n eres tĆŗ que temes al hombre mortal, y al hijo del hombre que como hierba es tratado?ā€. Ese mismo Consolador, con Su brazo omnipotente, fue quien secó las aguas del mar e hizo que Su pueblo pasara por Ć©l.

El versĆ­culo 13 comienza con la siguiente pregunta: ā€œĀæHas olvidado al SeƱor?ā€. He aquĆ­ la causa de nuestro temor pecaminoso: un olvido de la persona y las obras de Dios. Cuando nos olvidamos de Dios, de Su grandeza sin comparación y de Sus obras en la creación, en el sustento diario y en la redención, entonces vamos a temer a los hombres. Y cuando tememos a los hombres mĆ”s que a Dios haremos lo que Dios prohĆ­be para provocar la sonrisa de ellos y no haremos lo que Dios manda para evitar el ceƱo fruncido de ellos.

Si queremos dejar de temer a los hombres debemos quitar nuestra vista de ellos y ponerla en Dios, quien es nuestro Creador segĆŗn el versĆ­culo 13. Y no importa cuĆ”nta sea la furia de los hombres, ellos no pueden hacer nada si Dios se lo impide y no hay nada que Dios se proponga hacer que ellos puedan impedir: ā€œEl desterrado pronto serĆ” libertado, y no morirĆ” en la cĆ”rcel, ni le faltarĆ” su panā€ (v. 14).