Dios siempre estĆ” con y a favor de los Suyos y debido a eso nosotros debemos y podemos vivir sin amor al dinero, contentos con lo que ya tenemos, y sin temor a los hombres.
Etiqueta: Persecución
PSC16: La iglesia prevalecerĆ”.
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Consuelo proporcional a los sufrimientos.
La vida no es un camino lleno de rosas sin espinas, en donde todo nos es grato y nada nos duele. Y cuando nos convertimos en cristianos, contrario a lo muchos creen y predican, no es cierto que todo mejorarĆ” āal menos no aquĆ y ahoraā.
El apóstol Pablo dijo, en 2 Corintios 1:5a, que los sufrimientos de Cristo son nuestros. Es cierto que al convertirnos en cristianos podemos ser librados de ciertos sufrimientos (ej. El sufrimiento de ir a la cÔrcel por una serie de robos), pero no es menos cierto que al convertirnos otros sufrimientos se añadirÔn (ej. El odio y persecución del mundo). Y esos sufrimientos no son pocos, sino que son «en abundancia». No, Dios no ha prometido que los cristianos estÔn exonerados de absolutamente todo sufrimiento.
De lo que sĆ podemos estar seguros es de que tan seguros como son los sufrimientos, asĆ de seguro es el consuelo por medio de Cristo: āPorque asĆ como los sufrimientos de Cristo son nuestros en abundancia, asĆ tambiĆ©n abunda nuestro consuelo por medio de Cristoā (2 Co. 1:5). Dios nos consuela por medio de Jesucristo en todos los sufrimientos que experimentamos por Su causa. Y nótese que el versĆculo dice que el consuelo tambiĆ©n Ā«abundaĀ». Nuestros sufrimientos nunca serĆ”n mayores que el consuelo que viene de Ćl; el consuelo que Dios dispensa nunca se quedarĆ” corto ante nuestros sufrimientos. El consuelo es proporcional a los sufrimientos. Annie Johnson Flint lo expresó de la siguiente manera en la primera estrofa del himno āSu gracia es mayorā:
Su gracia es mayor
si las cargas aumentan;
Su fuerza es mayor
si a prueba es mƔs cruel;
Si es grande la lucha
mayor es su gracia,
Si mƔs son las penas,
mayor es su paz.
La no-persecución: una cosa extraña.
El apóstol Pablo (inspirado por Dios) aseguró que Ā«todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo JesĆŗs, serĆ”n perseguidosĀ» (2 Timoteo 3:12). Eso porque no somos como el mundo y porque nuestro mismo SeƱor, a quien servimos, fue perseguido por el mundo (Jn. 15:19, 20). Por eso el apóstol Pedro escribió a los cristianos lo siguiente: āAmados, no os sorprendĆ”is del fuego de prueba que en medio de vosotros ha venido para probaros, como si alguna cosa extraƱa os estuviera aconteciendoā (1 Pe. 4:12). El fuego de la prueba āla persecución inclusiveā no debe ser visto por el cristiano como algo extraƱo, raro, poco comĆŗn; no debe ser visto como algo sorprendente porque no se esperaba. MĆ”s bien, la no-persecución es lo que debe ser visto como algo extraƱo.
Escribo este artĆculo porque aunque la iglesia en occidente (especialmente en muchos paĆses de AmĆ©rica) ha considerado por muchos aƱos la persecución como una cosa extraƱa, esto parece que estĆ” por terminar. Especialmente despuĆ©s de la legalización en muchos paĆses de pecados como el aborto y la homosexualidad. Si en la voluntad de Dios la persecución llega hoy a ti, la respuesta apropiada no es entrar en pĆ”nico, sino:
- Alegrarte en que como compartes los sufrimientos temporales de Jesucristo, asà también compartirÔs la revelación de Su gloria eterna (1 Pe. 4:13).
- Saber que perseverar en medio de la persecución es evidencia de que eres realmente salvo (v. 14), a diferencia de aquellos que ceden.
- Asegurarte de que eres perseguido no por algĆŗn pecado cometido, sino por tu fidelidad a Jesucristo (vv. 15, 16).
- Encomendar la seguridad de tu alma a Dios y continuar haciendo el bien o, dicho de otra manera, siendo fiel a Jesucristo (v. 19).
- Echar toda ansiedad, por medio de la oración, sobre Dios, quien cuida de los Suyos (1 Pe. 5:6, 7).
- Estar preparados para presentar razón de nuestra fe, con mansedumbre y reverencia (1 Pe. 3:15).
- Bendecir en vez de devolver mal por mal (v. 9).
- Ser santo, siendo diferente al mundo y similar a Dios (1 P. 1:6).
- Descansar en el poder del Dios que te preservarĆ” (v. 5). Esto es muy Ćŗtil especialmente cuando sentimos que no perseveraremos en nuestras propias fuerzas.
- Saber que tienes «una herencia incorruptible, inmaculada, y que no se marchitarÔ, reservada en los cielos» (v. 4).