La homosexualidad no es el pecado.

Aunque la homosexualidad es un pecado, no es el único pecado que excluye del reino de Dios y no es el pecado imperdonable. Jesucristo murió por los pecados de los heterosexuales y de los homosexuales que se arrepienten.

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¿Quién define el género?

“Sexo” y “género” eran sinónimos hace unos años atrás. Pero hoy en día, el mundo quiere hacernos creer que mientras “sexo” se refiere a la anatomía del sistema reproductivo de un individuo, “género” se refiere a un rol social o a una identificación personal basada en lo que se siente. Dicho de otra manera: alguien puede tener el cuerpo de un varón, pero ser en verdad hembra –y viceversa–. Ahora, ¿quién realmente define el género?

EL TESTIMONIO DE LA BIBLIA

En el primer capítulo de la Biblia, Génesis 1, leemos que Dios creó al hombre (término genérico para distinguirlo de los animales y las cosas) a Su imagen y semejanza (v. 26). Y en el versículo 27 se dice claramente que Dios creó al hombre varón y hembra: “Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”.

Cinco capítulos más adelante vemos que se vuelve a repetir esta verdad: “Varón y hembra los creó; y los bendijo, y los llamó Adán el día en que fueron creados” (5:2). Y siglos después de la creación, Jesús hace referencia a esta realidad con las siguientes palabras: “Pero desde el principio de la creación, Dios los hizo varon y hembra” (Mc. 10:6).

Así que, el testimonio de la Biblia nos dice que Dios es quien define el género y no las personas. Continúa leyendo ¿Quién define el género?

¿Es la homosexualidad un pecado diferente?

En un sentido podemos decir que la homosexualidad es un pecado diferente a otros pecados: la homosexualidad es un pecado contra naturaleza que es el resultado de que Dios entregó, a aquellos que cambiaron al Creador por la criatura, a las pasiones degradantes de sus propios corazones: “Por esta razón Dios los entregó a pasiones degradantes; porque sus mujeres cambiaron la función natural por la que es contra la naturaleza; y de la misma manera también los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lujuria unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos el castigo correspondiente a su extravío” (Romanos 1:26, 27).

Ahora, si lo que preguntamos es si la homosexualidad es un pecado más grave (en términos del castigo que merece), entonces la respuesta es: no. En 1 Corintios 6:9, 10 se dice claramente que los homosexuales no heredarán el reino de Dios: “¿O no sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os dejéis engañar: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los difamadores, ni los estafadores heredarán el reino de Dios”. Pero no es menos cierto que los inmorales heterosexuales tampoco heredarán el reino de los cielos (véanse Gálatas 5:19-21; Efesios 5:5). ¿Estás viendo pornografía y auto-gratificándote? ¿Estás teniendo relaciones sexuales antes del matrimonio? ¿Estás siendo infiel a tu cónyuge? Entonces no «[heredarás] el reino de Dios». Continúa leyendo ¿Es la homosexualidad un pecado diferente?

DeYoung sobre “La santidad del cielo”.

¿Sabes por qué tantos cristianos están derrumbándose ante el asunto de la homosexualidad? Ciertamente la presión cultural juega un papel importante. Pero nuestra falla en entender verdaderamente la santidad del cielo es otro factor significativo. Si el cielo es un lugar de aceptación universal para todas las personas agradables, ¿por qué alguien debería preocuparse tanto acerca de la homosexualidad aquí en la tierra? Muchos cristianos nunca han sido enseñados que los inmorales, los asesinos, los idólatras y todo el que ama y practica la mentira serán dejados fuera de las puertas del cielo (Ap. 22:15). Así que ellos no tienen las agallas (o la compasión) para decir que el inmoral sexual impenitente no será bienvenido tampoco, que es exactamente lo que Apocalipsis 21-22 enseña.

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Aun si pudieras entrar al cielo sin santidad, ¿qué harías allá? ¿Qué gozo sentirías allá? ¿Con qué hombre santo o mujer de Dios te sentarías para tener comunión? Sus placeres no son tus placeres. Su carácter no es tu carácter. Lo que ellos aman, tú no lo amas. Si te desagrada un Dios santo ahora, ¿por qué querrías estar con Él para siempre? Si la adoración no captura tu atención en el presente, ¿qué te hace pensar que ésta te emocionará en algún futuro celestial? Si la impiedad es tu deleite aquí en la tierra, ¿qué te deleitará en el cielo –donde todo es limpio y puro–? Tú no serías feliz allí si no eres santo aquí.

Este artículo es un extracto tomado de: Kevin DeYoung. The hole in our holiness (Wheaton, Illinois: Crossway, 2012), pp. 14, 15. Traducción de Misael Susaña.