Proverbios sobre el pecado sexual.

PROVERBIOS 5:3, 4

“Porque los labios de la extraña destilan miel, y su lengua es más suave que el aceite; pero al final es amarga como el ajenjo, aguda como espada de dos filos”.

La Biblia no niega que el pecado sexual se siente bien al principio. Si no fuera así (si no se sintiera bien al principio), ninguno se sentiría atraído a cometerlo. Pero la Biblia, a diferencia del pecado, nos dice toda la verdad: el placer que éste ofrece es temporal, de corta duración, y es seguido por dolor, por pena. Lo que sabía dulce pronto pasa a saber amargo: “y al final te lamentes, cuando tu carne y tu cuerpo se hayan consumido” (v. 11).

Dios, por el contrario, nos llama a disfrutar del sexo en el contexto correcto –el matrimonio– y con la persona correcta –tu cónyuge–. Eso no debe ser menospreciado ya que es una arma poderosa en contra del pecado sexual: “Bebe agua de tu cisterna y agua fresca de tu pozo. ¿Se derramarán por fuera tus manantiales, tus arroyos de aguas por las calles? Sean para ti solo, y no para los extraños contigo. Sea bendita tu fuente, y regocíjate con la mujer de tu juventud, amante cierva y graciosa gacela; que sus senos te satisfagan en todo tiempo, su amor te embriague para siempre” (vv. 15-19; véase también 1 Corintios 7:9).

PROVERBIOS 6:27-29

“¿Puede un hombre poner fuego en su seno sin que arda su ropa? ¿O puede caminar un hombre sobre carbones encendidos sin que se quemen sus pies? Así es el que se llega a la mujer de su prójimo; cualquiera que la toque no quedará sin castigo”.

Como aquel que abraza el fuego no puede esperar que su ropa no se queme, ni aquel que camina sobre carbones encendidos no puede esperar que sus pies no se quemen; así tampoco el que peca sexualmente no puede esperar no sufrir ninguna consecuencia por su pecado. Tarde o temprano hay consecuencias para todo aquel que peca sexualmente: “Heridas y vergüenza hallará, y su afrenta no se borrará” (v. 33).

El pecado sexual, al igual que todo otro pecado, no quedará sin ser castigado por Dios: el pecado de los impenitentes es castigado en el infierno y el pecado de los arrepentidos es castigado en la cruz de Jesucristo.

PROVERBIOS 7:26

“Porque muchas son las víctimas derribadas por ella, y numerosos los que ha matado”.

Muchos se preguntan cuánto pueden acercarse al pecado sexual sin llegar a pecar en vez de correr con todas sus fuerzas en la dirección opuesta. No creamos que podemos alimentar los deseos pecaminosos y no pecar. No debemos fantasear con los pecados por los que Jesucristo murió. No debemos coquetear con el pecado. El pecado sexual ha herido de muerte a muchos.

Y si aún los más fuertes han sido heridos por éste, no debemos creer que nosotros seremos la excepción. Si David, siendo un hombre conforme al corazón de Dios, pecó sexualmente; entonces tú y yo también estamos en peligro de cometer tal pecado. Por lo tanto, cuidémonos.

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