Nike es una de las marcas deportivas más valiosas y reconocidas del mundo. Diseña y fabrica calzado, ropa, equipamiento y accesorios deportivos. Su nombre viene de Niké, quien era la “diosa” griega de la victoria, la velocidad y la fuerza. Curiosamente, esa misma palabra aparece en 1 Juan 5:4, donde el apóstol escribe:
“Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo. Y esta es la victoria [nikē] que ha vencido al mundo: nuestra fe”.
Juan afirma que todo hijo de Dios vence al mundo (vence todo lo que está en el mundo: la pasión de la carne, la pasión de los ojos, la arrogancia de la vida). Pero el instrumento de esa victoria no es un par de tenis ni ningún accesorio deportivo. Juan dice claramente que nosotros vencemos al mundo por medio de nuestra fe.
FE EN JESÚS
Y es crucial entender qué tipo de fe está hablando Juan aquí. No se trata de una fe genérica, del tipo “todo saldrá bien” o “hay que tener fe en algo”. No. La fe que vence al mundo es la fe en Jesús. Y, según la Biblia, no existe victoria para los hijos de Dios aparte de Jesús. Él mismo dijo en Juan 16:33 lo siguiente: “confíen, Yo he vencido al mundo”. El apóstol dice en 1 Juan 4:4 que hemos vencido “porque mayor es Aquel que está en ustedes que el que está en el mundo”.
Nuestra fe vence al mundo porque nos convence de que el Dios que se hizo hombre en la persona de Jesucristo para salvarnos es más deseable, más seguro, mejor en todos los sentidos que todo lo que el mundo puede ofrecer.
FE EN SU PALABRA
Cuando Dios dirige Su Palabra (con sus mandamientos, promesas e incluso amenazas) a aquellos que Él ha hecho nacer de nuevo, estos últimos responden con fe. Y así vencen al mundo. Y esta fe no es un mero asentimiento a la Palabra de Dios, es una convicción que nos lleva a actuar conforme a esa verdad (véase Hebreos 11; 2 Corintios 4:13).
Nuestra fe vence al mundo porque “nos convence de que somos herederos del mundo y por eso no debemos envidiar. Nos convence de que somos la posesión adquirida por Dios, por eso no debemos estar celosos. Nos convence de que Dios es nuestro Padre, por eso no debemos temer. Nos convence de que hemos muertos al pecado, por eso no debemos vivir en él. Nos convence de que hemos sido resucitados con Cristo, por eso no debemos continuar en la vieja manera de vivir. Nos convence de que hemos sido sentados en los lugares celestiales, por eso no debemos actuar como si fuéramos hijos del diablo. Nos convence de que hemos sido amados con amor eterno, por eso no tenemos nada que probarle al mundo. Nos convence que Cristo es el todo en todos, y por eso no debemos tener una preocupación obsesiva con nosotros mismos” (paráfrasis a Kevin DeYoung).
Nuestra fe vence al mundo porque “nos convence que ser sexualmente puro trae más satisfacción que fornicar o adulterar. Nos convence de que Dios proveerá mis necesidades aún después de yo pagar los impuestos. Nos convence de que predicar el evangelio es el medio que Dios utiliza para salvar, aunque se burlen y nos censuren. Nos convence de que confesar nuestras faltas es una virtud y no algo que debemos evitar a toda costa” (paráfrasis a John Piper).
¡Así nuestra fe vence al mundo!