Cuando escuchamos todo lo que MartĆn Lutero hizo a pesar de todas las dificultades que encontró en su camino, nos preguntamos: Āæde dónde vino la fuerza de Lutero? Su fuerza no vino de sĆ mismo. Si leemos la biografĆa de Lutero, nos daremos cuenta de que Ć©l fue un hombre con temores, debilidades e incluso pecados ātal como el resto de los mortalesā.
La fuerza de Lutero venĆa de fuera de sĆ mismo, venĆa de Dios. Y Ć©l lo dijo claramente en su himno āCastillo fuerteā, el cual estĆ” basado en Salmos 46. Este salmo dice en su primer versĆculo:
āDios es nuestro refugio y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulacionesā (Sal. 46:1).
En medio de la tormenta, Dios es el refugio en el cual podemos escondernos. En medio de las tribulaciones, Dios estÔ pronto a socorrernos. Y tanto Su disposición para socorrernos como Su socorro mismo son mÔs seguros que el de los recursos que podamos tener o que los poderosos de este mundo. Las riquezas vuelan y las personas no siempre estÔn presentes o pueden asistirnos, pero Dios siempre estÔ allà para ayudarnos. Dios, el glorioso guerrero que nunca ha perdido una batalla estÔ a nuestro favor y no a nuestra contra.
Nada ni nadie puede tocarnos a menos que Dios asĆ lo quiera. Y aun cuando Dios permita que seamos afectados por las tribulaciones, estas no pueden separarnos de Dios ni quitarnos la herencia eterna que Dios tiene para nosotros. Y es por todo eso que podemos decir āĀ”no temeremos!ā, a pesar de cuĆ”n temible sea la tribulación por la cual estemos pasando.