Harris sobre “El sexo ilícito”.

Sólo cuando hemos sido cautivados por la excelente calidad del plan de Dios, es que podemos evitar convertirnos en prisioneros de inmoralidad. O podemos ser cautivados por la justicia o cautivados por el pecado. “Prenderán al impío sus propias iniquidades, y retenido será con las cuerdas de su pecado” (Proverbios 5:22). El hombre y la mujer que abren su corazón al placer inmediato del sexo fuera del matrimonio, podrían pensar que están experimentando libertad, pero en lo opuesto, los tentáculos del pecado los rodean, los enredan y los arrastran hacia la muerte.

¿Cuál camino escogeremos? Dios nos estimula a que escojamos la vida y el placer verdadero:

Hijo mío, bebe de tu propio pozo; sé fiel y sincero con tu propia esposa. ¿Por qué engendrar hijos con mujeres de la calle? ¿Por qué compartir tus bienes con los que no son de tu casa?… ¿Por qué habrás de gozarte con rameras, abrazando lo que no te pertenece?

Proverbios 5:15-17,20

La Escritura no niega los placeres del sexo ilícito; sí, por supuesto que lo vas a disfrutar; sí, puede ser muy excitante. Pero su placer es vacío, en comparación con los deleites del amor matrimonial, y necio a la luz de las horrendas consecuencias que han de visitar el alma, el cuerpo y las emociones. “Dentro del matrimonio, el sexo es hermoso, lleno de satisfacción y creativo”, escribe John MacArthur. “Fuera del matrimonio es feo, destructivo y abominable”.

¿Cuál es la recompensa del pecado sexual? “Perderás tu honor, y entregarás en manos de gente despiadada todo lo que has logrado en la vida. Gente extraña se apoderará de tus riquezas, y algún otro se deleitará en el fruto de tu labor. Al final gemirás a causa de la angustia cuando la enfermedad consuma tu cuerpo” (traducción libre Proverbios 5:9-11).

¿Acaso exagera la Biblia? Por supuesto que no. Pregúntale a Michelle, una chica que conocí en una librería cristiana en la ciudad de Phoenix. Por veintidós años estuvo conservando su virginidad para su futuro esposo. Estaba trabajando como modelo cuando conoció a un atractivo hombre, el cual propuso en su corazón acostarse con ella. La chica se entretuvo con él, disfrutando la atención que recibía. Y cierto día, en el sofá de su departamento, ella cedió a sus insinuaciones. Tan solo una vez. Menos de una hora de placer robado. Él se marchó, y ahora ella es una madre soltera que lucha por atender a su hija de dos años de edad, sin un padre a su lado.

La Biblia no está siendo dramática cuando dice “y gimas al final cuando se consuma tu carne y tu cuerpo”. Sólo pregúntale a un pastor en Asia del cual me habló mi pastor. A los treinta años de edad, aún era virgen, y estaba a dos meses de su matrimonio. Una noche, ardiendo en lujuria y cansado de resistir la tentación, se dirigió hacia la “zona roja” de la ciudad, y a la cama de una prostituta. Sólo una vez. Sólo quince minutos en un oscuro y sucio cuarto, un breve momento de gratificación en años de trabajo para Dios. Se marchó del lugar infectado de SIDA. Dos meses después, inconscientemente infectó a la novia que con tanta paciencia había esperado por él. Ahora, él gime de angustia a causa de la enfermedad que atormenta sus cuerpos.

Si crees que estos son ejemplos exagerados, sólo observa la mirada de innumerables hombres y mujeres que ni tienen hijos ilegítimos ni enfermedades, pero que han sido marcados por la cicatriz de la vergüenza y el resentimiento. La escritora Deborah Belonick conoce demasiadas mujeres que en un tiempo, “consideraban la liberación sexual como diversión sana y buena”, pero que ahora están cosechando amargos resultados. Ella describe a mujeres que ahora están casadas y con hijos quienes, “no podían permitir que sus esposos las tocaran o las abrazaran de ciertas maneras porque les recordaba ebrias orgías en las que participaron en la universidad o en la escuela superior. Mujeres que no son fértiles debido al daño causado por las enfermedades de transmisión sexual. Mujeres que tuvieron que someterse a biopsias por condición precancerosa, debido a que tuvieron demasiados compañeros sexuales”. Pregúntales a mujeres como estas si valió la pena. Dialoga con las parejas de casados que pecaron juntos antes del matrimonio y que han pasado años recuperándose de la amargura y la desconfianza que sembraron en su relación.

Y, si todo esto no es suficiente para considerar que la opción de la inmoralidad sexual es detestable, mira entonces fijamente a los ojos de Jesús. Él es el único que conoce la profundidad de la absoluta ira de Dios en contra del pecado sexual, Él lo cargó todo cuando lo colgaron en la cruz; maldito y desamparado por su Padre (2 Corintios 5:21; Gálatas 3:13).

Este artículo es un extracto tomado de: Joshua Harris. Él y ella: dile sí al cortejo (Miami, Fl.: Editorial Unilit, 2002), pp. 150-152.

2 pensamientos en “Harris sobre “El sexo ilícito”.

  1. Muy profundo serio y realista !! Espléndido dice las cosas con madurez y de manera real me parece que es una verdad revelada a todo ser humano que desea superarse en su vida y a cada cristiano que desea madurar y tener conciencia de guardarse ya sea soltero o casado ya sea caballero o sea una dama. Lo importante es el fundamento legal o el fundamento bíblico en que se basa este libro tiene una base solida !! Las sagradas escrituras mil felicidades y que este esfuerzo de fruto en muchos corazones en medio de tiempos de tanta inmoralidad y en que es atacada la preciosa y única institución creada por Dios para el bienestar y salud de esta humanidad la preciosa y maeavillosa Familia en donde todo lo tenemos y lo alcanzamos.

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