Huye de la masturbación y sigue a Jesús [III]

¿Dónde está el problema? Tendemos a pensar que el principal problema siempre está fuera de nosotros. Culpamos a cosas por nuestro pecado, culpamos a otras personas por nuestro pecado y a veces llegamos al extremos de culpar a Dios por nuestro pecado. Pero la Biblia dice: “Que nadie diga cuando es tentado: Soy tentado por Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal y El mismo no tienta a nadie. Sino que cada uno es tentado cuando es llevado y seducido por su propia pasión. Después, cuando la pasión ha concebido, da a luz el pecado; y cuando el pecado es consumado, engendra la muerte” (Stg. 1:13-15); y Jesús dijo: “Porque de adentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, avaricias, maldades, engaños, sensualidad, envidia, calumnia, orgullo e insensatez. Todas estas maldades de adentro salen, y contaminan al hombre” (Mc. 7:21-23). El principal problema (el pecado) no está fuera de nosotros, sino dentro de nosotros. Y como alguien dijo: “Tú puedes correr de una ubicación, puedes correr de otras personas, pero no puedes correr de ti mismo”. Dicho en las palabras del mismo Jesús: “Para los hombres eso [salvación] es imposible…” (Mt. 19:26a).

Pero para Dios todo es posible” –agregó Jesús (Mt. 19:26b). La solución al problema de la masturbación no se encuentra en el matrimonio –aunque esto tienen algo de valor (1 Co. 7:9), la solución al problema de la masturbación se encuentra en Jesús. El nombre “Jesús” hace referencia a la obra de éste –salvar del pecado: “Y dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque El salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt. 1:21). Sus discípulos testificaron: “Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos” (Hch. 4:12). Sólo Jesús puede salvarte de la masturbación y de todos tus demás pecados. Sólo Él puede salvarte de la justa ira de Dios por causa del pecado, de la condenación eterna en el infierno. La Biblia describe a Jesús como aquel que «ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado» (Heb. 4:15); pero también Jesús es descrito como aquel que «es poderoso para socorrer a los que son tentados» (Heb. 2:18). Por Su vida somos salvos (Ro. 5:10), por Su muerte somos perdonados (Is. 53:5) y por Su resurrección somos justificados (Ro. 4:25). Acércate, pues, a Él con arrepentimiento y fe. Confiésale tus pecados, disponte a, con Su ayuda, dar la espalda y apartarte de tus pecados –entonces, hazlo. Confía en Él como tu único y suficiente Salvador. Pídele, por lo tanto, que perdone tus pecados, que te salve y así Él lo hará. Leamos algunos pasajes bíblicos: “El que encubre sus pecados no prosperará, mas el que los confiesa y los abandona hallará misericordia” (Pr. 28:13); “Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad” (1 Jn. 1:9); Jesús dijo: “Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar” (Mt. 11:28); “al que viene a mí, de ningún modo lo echaré fuera” (Jn. 6:37b).

1ra parte; 2da parte; 3ra parte; 4ta parte

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