Tripp sobre “Aclarando la responsabilidad”.

Una de las preguntas más importantes en la vida es: “¿Quién es responsable de qué?”. Al tratar con esta cuestión en el ministerio, usted encontrará tres clases de personas.

El primer grupo está formado por personas que son irresponsables. Ellas fallan en reconocer y asumir las responsabilidades que Dios les ha dado. A continuación, se encontrará con aquellos que son demasiado responsables. Estas personas asumen la responsabilidad de cosas que Dios no les ha asignado o preparado para hacer. La tercera clase de personas son, probablemente, la mayor de las tres. Estas personas están genuinamente confundidas acerca de qué tareas Dios les ha dado y qué cosas se les pueden confiar a Él. Éstas algunas veces son mini-mesías, que tratan de hacer cosas que sólo Dios puede hacer. En otras ocasiones le piden a Dios que se haga cargo de responsabilidades que Él claramente les ha encargado. Los tres grupos tienen que comprender sus responsabilidades con el fin de aplicar el cambio de manera significativa a sus vidas diarias.

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Vamos a empezar con el círculo de adentro, el Círculo de la Responsabilidad. Este círculo representa la descripción bíblica del trabajo de una persona en particular. Estos son las cosas a las cuales Dios, en Su Palabra, llama a esta persona a hacer en su situación y relaciones actuales. Un hombre, por ejemplo, necesita un claro sentido de lo que Dios le llama a hacer como esposo, padre, vecino, hijo, pariente, trabajador, y miembro del cuerpo de Cristo. Dios lo está llamando a negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguir a Cristo (Lucas 9:23-25), y a no vivir ya más para sí mismo, sino para el Señor (2 Cor. 5:14-15). La respuesta de fe en este caso es la obediencia. Nuestro trabajo es ayudar a este hombre a encontrar los pasos correctos necesarios para responder, en obediencia de fe, a este llamado al discipulado.

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El círculo exterior, el Círculo de Preocupación, representa las cosas que son importantes para una persona (el amor del cónyuge, la salvación de un hijo), sin embargo, están más allá de su capacidad de llevarlas a cabo. Por lo tanto, no son su responsabilidad. Aquí estamos llamando a una persona a reconocer sus límites y a recordar a Dios, que es fiel a Sus promesas (Salmos 145:13) y soberano sobre todas las cosas (Hechos 17:24-28). La respuesta de fe en este caso es confiar estos asuntos a Dios en oración.

Las personas confunden estos círculos de dos maneras principales. En primer lugar, permiten que el círculo interior se expanda al círculo exterior, de modo que funcionan como mini-mesías, tratando de hacer lo que sólo Dios puede hacer. En segundo lugar, reducen el tamaño del círculo interior y, con el pretexto de confiar en Dios, dejan de hacer lo que Dios pide que hagan. Necesitamos ayudar a las personas a evitar ambas trampas.

Este artículo es un extracto tomado de: Paul David Tripp. Instrumentos en las manos del Redentor (Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia, 2012), pp. 270-271.

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