Soberanía y responsabilidad ejemplificadas.

Bote en tormenta

La doctrina bíblica del decreto de Dios nos dice que Dios ha decretado desde la eternidad, libre e inalterablemente, todo lo que ha de ocurrir en el tiempo. Ahora, debemos cuidarnos de pensar que el hombre no es responsable de sus acciones y debemos cuidarnos del fatalismo de creer que lo que hagamos o dejemos de hacer no tiene importancia. Dios es soberano y el hombre es responsable. Dios no tan solo ha decretado los fines, sino también los medios.

En Hechos 27 se relata como Pablo, quien había sido apresado por causa de Cristo, junto a otros presos fueron embarcados con destino a Roma. Pero mientras navegaba, el barco fue azotado por un viento huracanado tan fuerte, y con una duración de varios días, que los que estaban en el barco perdieron toda esperanza de salvarse. Pero Pablo se puso en pie y exhortó a los que estaban en el barco a que tuvieran buen ánimo, porque Dios le había dicho a Pablo: “No temas, Pablo; has de comparecer ante el César; y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo” (v. 34). Y Pablo confiaba en que acontecería tal como Dios lo había dicho –que no habría pérdida de vida alguna, sino del barco–.

Al pasar varias noches, los marineros intentaron salir del barco, pero Pablo le advirtió al centurión: “Si éstos no permanecen en la nave, vosotros no podréis salvaros” (v. 31). Si ya Dios había dicho que todos se salvarían, ¿por qué Pablo dijo que los que salieran del barco morirían? Porque Dios no tan solo ha decretado los fines, sino también los medios: todos debían permanecer en el barco hasta que éste encallara para salvar sus vidas.

Después de catorce días sin comer nada, Pablo exhortó a los que estaban en el barco a que se alimentaran: “os aconsejo que toméis alimento, porque esto es necesario para vuestra supervivencia; pues ni un solo cabello de la cabeza de ninguno de vosotros perecerá” (v. 34). Si ya Dios había dicho que ninguno morirían, ¿por qué Pablo dice que el alimento era necesario para su supervivencia? Porque aunque Dios es soberano, no es menos cierto que el hombre es responsable: todos debían alimentarse para no morir de hambre.

¿Cómo terminó esta travesía? Aunque los soldados intentaron matar a los presos (algo que Dios impidió a través del centurión), aunque el barco se destruyó, aunque algunos lograron mantenerse a flote con tablas y con otros objetos del barco; el relato concluye diciendo que «todos llegaron salvos a tierra», tal como Dios lo había dicho.

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