Bebé bostezando

Respuestas a las tres causales del aborto.

La vida es sagrada, en el sentido de que ésta es digna de veneración y respeto. Por eso la celebramos, la cuidamos y la defendemos. Ahora, en el debate sobre el aborto, algunos de los que lo apoyan también dicen con sus bocas que la vida es sagrada. Ellos afirman que quien se aborta no tiene vida todavía y, por lo tanto, no es alguien, sino algo. Y es por eso que, antes de responder a las tres causales del aborto, me gustaría que consideremos cuándo comienza la vida.

¿CUÁNDO COMIENZA LA VIDA?

Según la Constitución Dominicana (2015), la vida comienza desde la concepción; es decir, desde el momento en el que el espermatozoide entra en el óvulo y da lugar al desarrollo del embrión. El artículo 37 de nuestra Constitución dice:

“Derecho a la vida. El derecho a la vida es inviolable desde la concepción hasta la muerte. No podrá establecerse, pronunciarse ni aplicarse, en ningún caso, la pena de muerte”.

Eso no es algo que se encuentra sólo en la Constitución Dominicana; la Convención Americana Sobre Derechos Humanos (Pacto de San José) también reconoce que la vida comienza desde la concepción. En su artículo 4.1, este tratado internacional dice:

“Toda persona tiene derecho a que se respete su vida. Este derecho estará protegido por la ley y, en general, a partir del momento de la concepción. Nadie puede ser privado de la vida arbitrariamente”.

Lo que hacen la Constitución Dominicana y el Pacto de San José es simplemente repetir algo que la ciencia ha afirmado. El profesor de anatomía y decano asociado de Ciencias Médicas Básicas en la facultad de Medicina de la Universidad de Toronto (Ontario, Canadá) Keith L. Moore dijo que el embrión es “el ser humano en desarrollo durante los primeros estadios. El período embrionario se extiende hasta el final de la octava semana… Después del período embrionario (8 semanas) y hasta el nacimiento, el ser humano se llama feto” (Embriología Clínica, p. 2). Nótese que al embrión, y después al feto, se le llama “ser humano”.

También en la Biblia podemos ver que la criatura que crece en el vientre de una mujer es un ser vivo y nada menos que una persona. En Éxodo 21:22 leemos: “Si algunos hombres luchan entre sí y golpean a una mujer encinta, y ella aborta [Lit. Sus hijos salen]…”. La palabra hebrea que se traduce aquí como abortar es yeled, la cual significa “niño joven, o sea, los hijos de los padres de uno como un término general” (Swanson, J.. Diccionario de idiomas bíblicos: hebreo).

Lucas, el médico y escritor del evangelio que lleva su mismo nombre, relató que cuando María saludó a Elízabet, “la criatura” que ésta última llevaba en el vientre saltó de alegría (Lucas 1:41). Más adelante en su relato, Lucas relató que se les dijo a los pastores que encontrarían a “un niño” envuelto en pañales y acostado en un pesebre. Y algo muy interesante en todo esto es que Lucas (inspirado por Dios) utilizó la misma palabra griega (brefos) para referirse tanto a Juan el Bautista antes de nacer como a Jesús después de nacer.

En la Biblia, la única diferencia entre la criatura que está en el vientre y la criatura que está fuera del vientre es que la primera todavía no ha nacido y la última ya nació. La vida no comienza en el nacimiento, más bien continúa en el nacimiento.

Así que, aunque dentro de una mujer, desde la concepción una vida diferente a la vida de la madre comienza. Una vida con dignidad y con derechos al igual que la vida de la madre.

En el próximo artículo, si Dios quiere, daré algunas respuestas a las tres causales del aborto. ¡No te lo pierdas!


1ra parte; 2da parte; 3ra parte

Publicado por

Misael Susaña

Misael Susaña nació en República Dominicana, fue salvado a la edad de trece años y actualmente es uno de los pastores de Iglesia Fundamento Bíblico. Es también maestro de Inglés. Estudió Teología Sistemática en la Academia de la Gracia (Reformed Baptist Seminary) y ha participado en varios diplomados. Desde el 2008, ha publicado regularmente artículos bíblicos en su blog (gustadaDios.com). Misael, teniendo en mente Salmos 34:8, prefiere describirse a sí mismo como un «Catador de la bondad de Dios y feliz promotor de ésta; para Su gloria y el beneficio [en Él] del creyente».

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