Después de que Dios terminó de crear el mundo, esta fue la evaluación que Él mismo hizo: “bueno en gran manera”. Sin embargo, con la entrada del pecado, el mundo se ha transformado en un lugar de terror.
Hoy entré a la versión digital del periódico dominicano Diario Libre, y estas fueron algunas de las noticias que encontré en su portada:
- 724 mil personas sin agua potable y 700 viviendas afectadas por lluvias en RD; siguen las alertas.
- Jhon Kohr Reyes llegó muerto al hospital luego de ser detenido por policías en un operativo.
- Hombre muere tras ser atropellado en San Pedro de Macorís; conductor se da a la fuga.
- Niños, vecinos y un perro fueron testigos: así la policía mató a un joven en Herrera.
Sentí entonces la necesidad de saber si solo mi país era escenario de tanto terror. Así que visité el portal de CNN en Español, y me encontré con lo siguiente:
- Encuentran cuerpos de 13 trabajadores de mina en Perú reportados como secuestrados.
- Hamas ejecuta a palestinos por saquear en Gaza.
- Alerta epidemiológica en Ecuador por brotes de tos ferina y fiebre amarilla activa medidas de contingencia.
- El volcán Kilauea de Hawai entra en erupción con un patrón poco habitual en casi 40 años.
La conclusión es ineludible: este mundo se ha convertido en un lugar de terror. Aun así, me niego a ser dominado por el pánico. Y empiezo a recordar las formas en que Dios me ha hecho invencible —no solo a mí, sino a todo cristiano—:
Dios me libra de todo lo que pueda perjudicarme
Estoy pensando en la pregunta que Satanás le hizo a Dios con respecto a Job: “¿No has hecho Tú una valla alrededor de él, de su casa y de todo lo que tiene, por todos lados?” (1:10).
Satanás insinuaba que la única razón por la cual Job temía a Dios era porque había sido bendecido materialmente. Pero Dios le demostró que no era así.
Ahora, el punto que quiero resaltar es el siguiente: Dios realmente había puesto una valla de protección alrededor de Job, su familia y todo lo que poseía. Lo había rodeado completamente, y nada podía tocarlo sin la autorización de Dios. Esto queda aún más claro en el versículo 12, donde Satanás no puede actuar hasta que Dios se lo permite.
Y esta verdad es cierta para ti y para mí —si eres cristiano—. Dios ha puesto una valla a nuestro alrededor. Nada ni nadie puede tocarnos sin Su autorización. Esto no significa que no sufriremos. Podemos enfermar, perder nuestro dinero, etc.. Pero tenemos la certeza de que todo lo que enfrentamos está dentro del plan soberano de Dios, y que Sus propósitos, al final del día, siempre obran para bien de quienes le pertenecen.
Dios me libró de “lo peor” que podía pasarme
Piensa por un momento: ¿qué es lo peor que podría pasarte? Muchos responderían: “la muerte”. Pero, como ya mencioné, nada ni nadie puede tocar un solo cabello de nuestra cabeza sin el permiso de Dios. Y aún hay más…
Jesucristo venció la muerte y ésta no es el final para el cristiano. Como Cristo resucitó de entre los muertos, así también resucitaremos nosotros:
“Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Pero cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: «Devorada ha sido la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde, oh sepulcro, tu aguijón?»” (1 Corintios 15:53-55).
Pero no solo resucitaremos. Resucitaremos para disfrutar de la presencia de Dios en un mundo nuevo donde no habrá más lágrimas, ni desastres, ni pecado.
Escribí que la muerte es “lo peor” que puede pasarnos —entre comillas—. Porque, en realidad, hay algo peor que la muerte (física)…
Dios me libró de (lo que realmente es) lo peor que podía pasarme
Muchos creen que la muerte es lo peor que podría sucedernos. Pero, ¿hay algo peor que la muerte física? La respuesta es sí: la condenación eterna en el infierno es infinitamente más terrible que morir. Allí estaremos alejados de Dios. Privados de Su bendición. Sufriendo su castigo. Para siempre.
Pero, ¿sabes qué? Dios también nos ha librado de eso a nosotros, los cristianos. El apóstol Pablo lo expresa así en Romanos 8:33–34:
“¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condena? Cristo Jesús es el que murió, sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros”.
Jesucristo murió por nuestros pecados. Jesucristo resucitó para nuestra justificación. Y hoy, Jesucristo intercede ante el Padre a nuestro favor. ¡Ya no hay condenación!
Y es así como Dios me hizo invencible en este mundo de terror.