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Para responder a esta pregunta hemos de ir a la Palabra de Dios y ver desde allí qué caracteriza al Espíritu Santo o cómo luce una persona donde habita el Espíritu Santo. Comencemos con Efesios 5:18, que dice: “Y no os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución, sino sed llenos del Espíritu”. Aquí encontramos un mandato negativo: “no os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución” –no se emborrachen con vino, el cual llevará al desenfreno; también encontramos un mandato positivo: “sed llenos del Espíritu”.
¿Qué significa ser llenos del Espíritu? Antes de responder, debemos recordar:
Ahora, respondamos la pregunta (¿qué significa ser llenos del Espíritu Santo?). Ser llenos del Espíritu Santo significa vivir –de manera constante y progresiva– bajo la influencia, guía, dominio, control del Espíritu Santo. Vemos este control del Espíritu perfectamente en Jesús: “Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y fue llevado por el Espíritu en el desierto” (Lc. 4:1); y sobre la iglesia primitiva: “Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba habilidad para expresarse” (Hch. 2:4). Continuar leyendo ¿Cómo se manifiesta el Espíritu Santo?
En el Salmo 119:18 dice: «Abre mis ojos, para que vea las maravillas de tu ley«. Pregunto, ¿qué es una «maravilla»? Se le llama “maravilla” a aquello que va más allá de lo ordinario (es decir, es extraordinario) y que produce admiración en la persona que lo contempla. El salmista David dijo que la ley, la Palabra, de Dios contiene maravillas.
La Palabra de Dios no es un libro más, sino que es extraordinaria. La Palabra de Dios es mucho más grande y gloriosa que cualquier otro libro que algún día se escribió, que se escribe y que se escribirá. Pues Ésta es la palabra no de cualquier persona, sino de Dios mismo; es allí donde Dios, cuyos juicios son insondables y cuyos caminos inescrutables (Ro. 11:33), se ha revelado de una manera que le podemos entender hasta cierto punto; ésta es la que nos habla de nuestro Salvador Jesucristo (Lc. 24:27). Libros como Juan, Hechos, Romanos y Apocalipsis son maravillosos; pero también son maravillosos libros como Levítico, Números, 1 y 2 de Crónicas, etc.
¿Has visto tú las maravillas de la ley de Dios? Ora junto al salmista: “Abre mis ojos, para que vea las maravillas de tu ley”; pues sólo cuando tus ojos espirituales sean abiertos por el Señor, podrás ver las maravillas de Su ley.

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