Muchos cristianos se sienten derrotados en sus vidas de oraciĂłn. Orar por lo menos de cinco a siete minutos parece una eternidad y sus mentes divagan la mayor parte de ese tiempo. “Creo que soy yo”, concluyen muchos. “Soy sĂłlo un cristiano de segunda”. No, si en usted reside el EspĂritu Santo y busca vivir obedeciendo la palabra de Dios, entonces el problema seguramente no es usted, sino su mĂ©todo. Por supuesto que no existe mĂ©todo que avive la oraciĂłn de aquellos que no tengan al EspĂritu Santo. Pero aquellos en quienes mora el EspĂritu han recibido de Dios “el EspĂritu de su Hijo a nuestros corazones clamando: ¡Abba, Padre!” (Ro. 8:15; Gal. 4:6). Aquellos a quienes ha sido dado el EspĂritu Santo tienen por ese mismo EspĂritu una nueva orientaciĂłn hacia el Padre, una nueva orientaciĂłn hacia al cielo. En otras palabras, aquellos en quienes vive el EspĂritu Santo verdaderamente quieren orar. Y aun asĂ, mientras ellos creen en la oraciĂłn y quieren orar y no pueden siquiera imaginar lo que serĂa abandonar por completo la oraciĂłn, cuando oran resulta frustrante. Sus corazones con frecuencia están frĂos, sus mentes no pueden permanecer enfocadas en la oraciĂłn, y con franqueza, la oraciĂłn es aburrida con frecuencia. Por tanto muchos concluyen: “Soy un cristiano de segunda”.
EL PROBLEMA
Tenemos la tendencia a orar las mismas viejas cosas acerca de las mismas viejas cosas. Orar de esa manera es con frecuencia aburrido. Cuando la oraciĂłn es aburrida, no sentimos ganas de orar. Y cuando no sentimos deseos de orar, es difĂcil concentrarse en la oraciĂłn y orar largamente.
Nuestro problema no es que oramos acerca de las mismas viejas cosas. Orar acerca de su familia, futuro, finanzas, trabajo o estudios, iglesia o ministerio, y la “crisis actual” es normal. Estas cosas son su vida. Nuestro problema en la oraciĂłn no es que oramos acerca de las mismas viejas cosas, sino que decimos las mismas viejas cosas acerca de las mismas viejas cosas. Eso es lo aburrido. Cuando la oraciĂłn es aburrida, no tenemos ganas de orar. Y cuando no tenemos ganas de orar, es difĂcil hacerlo por un perĂodo de tiempo y con mucha consistencia.
LA SOLUCIÓN
¿Cuál es la solución? Debe ser fundamentalmente simple. Dios tiene hijos de todas las edades, coeficientes intelectuales, niveles educativos, y demás. Si El espera (e invita) a todos Sus hijos a orar, entonces la oración consistente, llena de significado debe poder hacerse por todo tipo de personas. Y si esto no fuera posible para usted, con todas sus ventajas cristianas (tales como proximidad a buenas iglesias, acceso a libros cristianos, grabaciones y otros recursos) para tener una vida de oración significativa, entonces, ¿qué será de los diez millones de cristianos sin estas cosas?
He aquà la solución: Cuando ore, hágalo a través de un pasaje de la Escritura, en especial, un Salmo.
1ra parte; 2da parte
