Misael Susaña comparte las exhortaciones que Pedro (inspirado por Dios) hace a los pastores, a los jóvenes y a la iglesia en general en 1 Pedro 5:1-5.
Etiqueta: Humildad
Auto-humillaciĂłn.

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La auto-humillaciĂłn de Jesucristo.
Para Jesucristo, auto-humillarse significó descender verdaderamente desde lo más alto hasta lo más bajo. Para nosotros, ser humildes significa no pensar que somos o estamos en lo más alto o descender de allà si nos hemos elevado engañosamente en nuestra mente.
Edwards sobre «La humildad espiritual».
La humildad espiritual es el convencimiento que un cristiano tiene de cuán insuficiente y detestable es, cosa que lo lleva a abatirse a sĂ mismo, exaltando Ăşnicamente a Dios. Al mismo tiempo, hay otra clase de humildad que podemos llamar humildad legal. La humildad legal es un experiencia que solo los no creyentes pueden experimentar. La ley de Dios obra en sus conciencias y hace que vean lo inhabilitados y pecadores que son. Sin embargo, no ven la naturaleza odiosa del pecado, ni lo rechazan en sus corazones, ni se entregan a Dios. Se sienten humillados como a la fuerza, pero no tienen humildad. Sienten lo que toda persona impĂa y el diablo, sentirán en el dĂa del juicio: convicciĂłn, humillaciĂłn y la obligaciĂłn de admitir que Dios tiene la razĂłn. Con todo, siguen siendo inconversos.
La humildad espiritual, por contraste, nace del sentido que el verdadero cristiano tiene de la hermosura y la gloria de la santidad de Dios. Hace que sienta lo vil y despreciable que es en sà mismo debido a su pecaminosidad. Lo lleva a postrarse libre y gozosamente a los pies de Dios, negándose a sà mismo y renunciado a sus pecados.
La humildad espiritual pertenece a la esencia de la verdadera religiĂłn. Quienes no la tienen no son cristianos genuinos, por más maravillosas que sean sus experiencias. Las Escrituras dan abundante testimonio de la necesidad de esta humildad: “Cercano está Jehová a los quebrantados de corazĂłn; y salva a los contritos de espĂritu” (Salmo 34:18). “Los sacrificios de Dios son el espĂritu quebrantado; al corazĂłn contrito y humillado no despreciarás tĂş, oh Dios” (Salmo 51:17). “Jehová dijo asĂ: El cielo es mi trono, y la tierra estrado de mis pies… pero mirarĂ© a aquel que es pobre y humilde de espĂritu, y que tiembla a mi palabra” (IsaĂas 66:1-2). “Bienaventurados los pobres en espĂritu, porque de ellos es el reino de los cielos” (Mateo 5:3). TambiĂ©n vĂ©ase la parábola del fariseo y el publicano en Lucas 18:9-14.
La humildad espiritual es la esencia de la abnegaciĂłn del cristiano, la cual consta de dos partes: Primero, un hombre tiene que negar sus inclinaciones mundanas y abandonar todo deleite pecaminoso. DespuĂ©s, debe negar su justicia propia y su preocupaciĂłn personal, cosas que le nacen por naturaleza. La segunda parte es la más difĂcil de hacer. Muchos han hecho la primera sin hacer la segunda; han rechazado los placeres materiales, pero siguen disfrutando el placer diabĂłlico del orgullo. Continuar leyendo Edwards sobre «La humildad espiritual».