
El afán (preocupaciĂłn desmedida, trabajo excesivo) es uno de los pecados de gran extensiĂłn y profundidad. “ExtensiĂłn” ya que no conozco a la primera persona que no se afane. “Profundidad” ya que aunque cortamos al afán hoy, comenzará a crecer otra vez mañana. Pero en Mateo 6:25-34 Jesucristo nos llama, no menos de tres veces, a no afanarnos. ÂżQuĂ© hay detrás de nuestro afán? ÂżCuál es la raĂz de Ă©ste? Nuestra poca fe en Dios (Mat. 6:30).
En Mateo 6:32 y 33 leemos lo siguiente:
“Porque los gentiles buscan ansiosamente todas estas cosas; que vuestro Padre celestial sabe que necesitáis de todas estas cosas. Pero buscad primero su reino y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”.
Hay tres cosas que quiero que notemos de estos versĂculos:
- Esos versĂculos no hablan de un dios impersonal, distante y despreocupado; más bien esos versĂculos hablan de un Dios que ha pasado a ser el Padre de todos los que confĂan en Jesucristo.
- Nuestro Padre celestial conoce nuestras necesidades. Él no ignora que necesitemos comer y beber, Él no ignora que necesitemos ropa.
- Después de invitarnos a una búsqueda más excelente (Su reino y Su justicia), Él se compromete a añadir “todas estas cosas”. ¿Cuáles? Comida, bebida, vestido, y toda otra necesidad real (no deseo antojadizo).
Esta es la verdad que debes repetirte a ti mismo y creer cada vez que seas tentado a afanarte: “Mi Padre celestial conoce mi necesidad y se ha comprometido a suplir toda (no algunas) necesidad real en el momento (no antes) en que lo necesite”.