En Juan 11 se relata la enfermedad, muerte y resurrección de Lázaro; pero también cómo Dios se glorifico en todo esto. En este artículo veremos una de las muchas aplicaciones prácticas que pueden extraerse de este interesante capítulo.
EL PROBLEMA
“Y estaba enfermo cierto hombre llamado Lázaro, de Betania, la aldea de María y de su hermana Marta. María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, fue la que ungió al Señor con perfume y le secó los pies con sus cabellos” (vv. 1, 2).
El problema era que Lázaro estaba enfermo. Una enfermedad que más adelante lo llevaría a la muerte –Lázaro aún no había muerto cuando sus hermanas llamaron a Jesús.
UNA POSIBLE SOLUCIÓN
“Las hermanas entonces mandaron a decir a Jesús: Señor, mira, el que tú amas está enfermo” (v. 3).
Es obvio que Marta y María no habían enviado personas a Jesús solamente para que éste tuviera la información de que Lázaro estaba enfermo. Las hermanas de Lázaro enviaron personas a Jesús para que Él fuera y sanara a Lázaro mientras aún estaba enfermo. Así que, una posible solución al problema o la solución sugerida por Marta y María fue que Jesús sanara a Lázaro mientras éste aún estaba enfermo (véase el versículo 21).
LA SOLUCIÓN TOMADA
“Cuando oyó, pues, que Lázaro estaba enfermo, entonces se quedó dos días más en el lugar donde estaba… Dijo esto, y después de esto añadió: Nuestro amigo Lázaro se ha dormido; pero voy a despertarlo” (vv. 6, 11).
La solución tomada por Jesús no fue ir inmediatamente a sanar a Lázaro mientras éste estaba enfermo, sino esperar a que Lázaro muriera; para, entonces, glorificar a Dios por medio de la resurrección de Lázaro (vv. 43, 44) y la salvación de muchos que creyeron en Él aquel día (v. 45).
APLICACIÓN
Muchas son las veces que vamos delante de Dios, en oración, haciéndole saber nuestras peticiones y problemas, y a la vez le presentamos o sugerimos una posible solución. Ahora, si Dios no actúa según la posible solución que nosotros le sugerimos, esto no significa necesariamente que algo está fallando con la fe, ni mucho menos que Dios falló. La pregunta que debemos hacernos es si estamos queriendo trazar la manera en la que Dios debe trabajar. Ciertamente lo que Dios prometió, Dios lo cumplirá; pero no quieras obligar a Dios a que cumpla Sus promesas según lo que tú crees que es mejor, no quieras obligar a Dios a que la solución a tu problema venga según tus términos y condiciones.
Al hacer saber a Dios tus peticiones y problemas, en vez de querer trazar la manera en la que Dios debe trabajar, di sinceramente que se haga Su voluntad. Recuerda que Dios es soberano (v. 6) y más sabio que tú (v. 4). Confía en Aquel que siempre actuará para Su gloria (v. 4) y tu beneficio (vv. 44, 45).