¿Promueve la Biblia la violencia contra la mujer?

Dios establece en Su Palabra que la mujer debe someterse a su propio marido: “Pero así como la iglesia está sujeta a Cristo, también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo” (Efesios 5:24). Ahora, eso no convierte a la mujer en una esclava que puede ser castigada cuando ésta no cumple los deseos de su marido.

Someterse al marido significa colocarse por debajo (lo cual no disminuye su valor) del liderazgo, provisión y protección de su marido. Ahora, nótese que Dios no le dice al marido que sujete a su mujer o que haga que ella se someta. Dios llama a la mujer a someterse voluntariamente, esa es responsabilidad de ella delante de Dios: “Las mujeres estén sometidas a sus propios maridos como al Señor” (Ef. 5:22).

Si la responsabilidad del marido no es el hacer que su mujer se someta, ¿cuál es, entonces, su responsabilidad delante de Dios? Efesios 5:25 responde: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella”. La responsabilidad del marido es amar a su mujer. Y ese amor debe expresarse en su guía, provisión y protección hacía ella.

Y no debemos olvidar que el amor del marido no está condicionado a la sumisión de la mujer. Dios no dijo: “ama a tu mujer si ella se somete a ti”. No. Es la responsabilidad del marido delante de Dios el amar a su mujer, aun en esos momentos en que ella no se someta.

Concluimos, entonces, que la Biblia no promueve la violencia contra la mujer; más bien, la Biblia promueve el amor hacia la mujer.

¿Siempre debemos obedecer a las autoridades?

Romanos 13:1-7 dice:

“Sométase toda persona a las autoridades que gobiernan; porque no hay autoridad sino de Dios, y las que existen, por Dios son constituidas. Por consiguiente, el que resiste a la autoridad, a lo ordenado por Dios se ha opuesto; y los que se han opuesto, sobre sí recibirán condenación. Porque los gobernantes no son motivo de temor para los de buena conducta, sino para el que hace el mal. ¿Deseas, pues, no temer a la autoridad? Haz lo bueno y tendrás elogios de ella,  pues es para ti un ministro de Dios para bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues ministro es de Dios, un vengador que castiga al que practica lo malo. Por tanto, es necesario someterse, no sólo por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia. Pues por esto también pagáis impuestos, porque los gobernantes son servidores de Dios, dedicados precisamente a esto. Pagad a todos lo que debáis; al que impuesto, impuesto; al que tributo, tributo; al que temor, temor; al que honor, honor”.

En el pasaje bíblico anterior se nos manda a someternos a las autoridades que gobiernan. ¿Por qué? Porque todas las autoridades que hay, por Dios son constituidas (v. 1). Se dice en Daniel 2:21 que Dios es quien «quita reyes y pone reyes». Por lo tanto, como dice el versículo 2, aquella persona que resiste a las autoridades, se opone a lo ordenado por Dios. Además, las autoridades existen para nuestro bien (v. 4). Por lo tanto, debemos obedecer a las autoridades siempre que sus mandatos no vayan en desacuerdo a la voluntad de Dios.

Ahora, ¿qué si las autoridades, gobernando incorrectamente, nos mandan a hacer algo que va en contra de la voluntad de Dios revelada en Su Palabra? El siguiente comentario de Samuel Waldron nos ayudará a responder esta pregunta: “Pablo no dice que todo mandamiento de la autoridad civil esté ordenado por Dios. Sólo dice que la autoridad misma está establecida por Dios” (Exposición de la Confesión Bautista de Fe de 1689, p. 266). Pedro y Juan varias veces encontraron en esa situación. En Hechos 4 se relata que Pedro y Juan fueron encarcelados (v. 3), presentados ante las autoridades (v. 7) y estas «les ordenaron no hablar ni enseñar en el nombre de Jesús» (v. 18). ¿Cuál fue la respuesta de los apóstoles? “Vosotros mismos juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque nosotros no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Hch. 4:19,20). No es justo delante de Dios obedecer a los hombres antes que a Él (Dios). En Hechos 5 leemos algo similar. Los apóstoles fueron otra vez arrestados (vv. 18,26), los presentaron ante las autoridades (v. 27) y le dijeron: “Os dimos órdenes estrictas de no continuar enseñando en este nombre” (v. 28). Pero los apóstoles respondieron: “Debemos obedecer a Dios antes que a los hombres” (v. 29). Así que, cuando las autoridades nos mandan a hacer algo que va en contra de la voluntad de Dios; debemos, con mansedumbre y respeto (Hch. 23:5; 1 P. 3:15), negarnos a obedecer –porque es justo obedecer a Dios antes que a los hombres.

¿Qué significa “en el nombre de Jesús”?

Un nombre en la Biblia no era meramente un sustantivo para designar a una persona y ser llamada. Un nombre propio representaba quien era la persona que lo poseía, representaba el carácter de dicha persona. Tenemos el ejemplo de Abraham (padre de multitud de naciones) en Génesis 17:5, de Israel (has luchado con Dios) en Génesis 32:28, incluso el mismo nombre de Jehová (YHWH) en Éxodo 3:12-15 y de Jesús (Salvador) en Mateo 1:21.

En Juan 14:13-14 Jesús dijo: “Y todo lo que pidáis en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré”. ¿Qué significa “en el nombre de Jesús”?

Permíteme hacer una pequeña ilustración y luego pasaré a contestar la pregunta. Imaginemos que soy el hijo del Presidente y que yo te diga: “fulano, ve a mi padre (el presidente) y pídele _______. Dile que me conoces, que yo te mandé y Él te lo dará”. Orar, hablar y actuar en el nombre de Jesús es hacer todo esto con Su autorización1 y confiando solamente en El como el Hijo de Dios, como nuestro Salvador, como el Único mediador entre Dios y los hombres (1 Timoteo 2:5), como el Amado en quien somos aceptos delante de Dios (Ef. 1:6). Orar, hablar y actuar en el nombre de Jesús implica que lo que pedimos, hablamos y hacemos está acorde con Su voluntad revelada en la Palabra (1 Jn. 5:14, 15).


1 En Hebreos 4:15,16 se nos dice que porque Jesucristo es nuestro compasivo sumo sacerdote, podemos acercarnos «con confianza al trono de la gracia»; en Hechos 4: (vv. 2,10,18) se relata que los apóstoles (Pedro y Juan) sanaban, hablaban y enseñaban en el nombre de Jesús, quien anteriormente les había dado [a los doce] poder «para sanar toda enfermedad y toda dolencia» (Mt. 10:1) y quien también comisionó a Sus discípulos lo siguiente: “Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones” (Mt. 28:18-20).