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Vengo a Ti, JesĆŗs ā AlabanzarĆ©
LETRA
Con mi tristeza y mi dolor,
Vengo a ti, vengo a ti;
De mis maldades a tu favor,
Vengo a ti, JesĆŗs.
De mis pobrezas y enfermedad,
A tus riquezas y sanidad,
De mi pecado a tu santidad,
Vengo a ti, JesĆŗs.
Con mis fracasos y mi ilusión,
Vengo a ti, vengo a ti;
A deleitarme en tu salvación,
Vengo a ti, JesĆŗs.
De mis vergüenzas a tu favor,
De mis flaquezas a tu vigor,
De mi egoĆsmo, al Salvador,
Vengo a ti, JesĆŗs.
De mis pavores, hasta tu paz,
Vengo a ti, vengo a ti;
De mis fracasos a tu solaz,
Vengo a ti, JesĆŗs.
De mis fatigas, a tu quietud,
De mis desgracias, a tu virtud,
De mi escasez a tu plenitud,
Vengo a ti, JesĆŗs.
De perdición y muerte eternal,
Vengo a ti, vengo a ti;
A recibir herencia inmortal,
Vengo a ti, JesĆŗs.
A sempiterna felicidad,
Hacia tu amor y tranquilidad,
Do tu presencia goce en verdad,
Vengo a ti, JesĆŗs.
Letra por William Sleeper. Traducción por W. R. Adell. Música por Greg Thompson. © 2000 Greg Thompson Music.
Puedes encontrar este himno, junto a otros tan buenos como Ć©ste, en el segundo Ć”lbum musical de AlabanzarĆ© que se titula āPeregrino en Desiertoā. Las letras de las canciones de este nuevo Ć”lbum son muy buenas y pienso que su mĆŗsica es mejor que la del Ć”lbum anterior āmĆŗsica que fue buenaā. Pueden comprar āPeregrino en Desiertoā desde Bandcamp.
La mancha que permanece.
Ante el absurdo pecado, cometido por el pueblo de Israel, de dejar al Dios verdadero e ir tras dioses falsos, Dios pronunció las siguientes palabras: āAunque te laves con soda y uses mucho jabón, la mancha de tu iniquidad estĆ” aĆŗn delante de mĆ ādeclara el SeƱor DIOSā (Jer. 2:22). En este versĆculo Dios ilustró la iniquidad con una mancha āuna mancha que no podĆa ser quitada ni siquiera por aquellas cosas utilizadas para quitar manchasā. Dios dijo que aunque el pueblo se lavara con soda (o lejĆa), que es lĆquido de sales alcalinas utilizado para desinfectar y blanquear, y aunque el pueblo se frotara con mucho jabón, su iniquidad aĆŗn permanecerĆa. No habĆa nada que ellos pudieran hacer para borrar o limpiar su iniquidad. La mancha de su iniquidad permanecerĆa, y peor, Ć©sta permanecerĆa delante del SeƱor Dios. Ā”Terribles palabras!
Esas terribles palabras tambiĆ©n se dirigen a todos los hombres (sentido genĆ©rico). Ni tĆŗ ni yo podemos borrar nuestros pecados. Es para nosotros imposible limpiar la mancha de nuestra iniquidad. Tal vez puedas cubrir esa mancha de la vista de los hombres, pero Āæde quĆ© sirve eso si aĆŗn la mancha permanece delante de quien realmente importa, el SeƱor Dios? Ćl es el Santo, Santo, Santo (Is. 6:3); Ćl es muy limpio de ojos para ver el mal (Hab. 1:13); Ćl es a quien tendremos que dar cuentas y quien nos juzgarĆ” con justo juicio (Sal. 96:13). Y lo que el pecador merece es ira divina, condenación eterna en el infierno.
Aunque te laves a ti mismo con la disposición de hacer el bien y aunque de ahora en adelante amontones ābuenas obrasā, el SeƱor Dios dice: ātu iniquidad, tu rebelión contra mi ley, estĆ” aĆŗn delante de mĆā. Acertada fue la conclusión a la cual llegó Esperanza: āsi un hombre contrajo en el pasado una deuda enorme con un comerciante, aunque despuĆ©s le pague al contado todo lo que compre, su antigua deuda sigue pendiente y sin borrar en el libro de deudores del comerciante, y cualquier dĆa ese comerciante podrĆ” perseguirle por ella y meterlo en la cĆ”rcel hasta que la pagueā (John Bunyan. El peregrino, p. 151).
Ahora, hay una buena noticia que aunque puede encontrarse si seguimos leyendo JeremĆas, en esta ocasión vamos a considerarla en IsaĆas 1:18: āVenid ahora, y razonemos ādice el SEĆORā aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serĆ”n emblanquecidos; aunque sean rojos como el carmesĆ, como blanca lana quedarĆ”nā.
1ra parte; 2da parte