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Miguel es un joven de dieciocho años de edad. Pertenece a una familia humilde en la cual el único que trabaja es su padre y su trabajo no produce los ingresos esperados. El padre de Miguel se encarga de cubrir todos los gastos de su familia: los de su esposa, los de su hijo (Miguel) y los de su hija (hermana menor de Miguel) que también está estudiando.
Ahora Miguel está en la universidad, y aunque es una universidad pública, es necesario hacer algunos gastos. Miguel necesita comprar libros y materiales para continuar estudiando. Esto significa que ahora su familia necesita gastar más que antes.
Miguel constantemente piensa en todo esto. Con tristeza, inclina su cabeza hacia abajo y se da cuenta de que sus zapatos se están rompiendo –necesita otros zapatos. No quiere comunicarle a sus padres estas cosas, pues él dice que «ellos se sentirán presionados (obligados) a invertir el poco de dinero que tienen en él». Miguel quiere ayudar a su familia, entonces dice dentro de sí: “Necesito un trabajo”…
Estimado Miguel:
En primer lugar quiero resaltar como bueno el deseo que tienes de ayudar a tus padres al conseguir un buen trabajo, para así aumentar los ingresos de tu familia a la vez que haces más ligera la carga de tu padre. Creo (sin duda) que esto es una manera de honrar a tus padres (Mc. 7:10-13), algo que agrada Dios. Sin embargo, quiero que recuerdes que más que conseguir un buen trabajo, debes confiar en Dios.
En este momento viene a mi mente las palabras del pastor Ray Ortlund: «Tu trabajo no es el que te provee. Dios lo hace. Él utiliza tu trabajo, pero no necesita tu trabajo. Él está comprometido contigo». Dios es quien ha sustentado tu familia hasta ahora, a pesar del poco dinero que tienen. En dieciocho años de tu vida no has mendigado pan –ni una sola vez. Él te dio la vida y también el alimento (Mt. 6:26); Él te dio el cuerpo y también el vestido (Mt. 6:30).
No me mal interpretes, no estoy diciendo que no busques un trabajo. Más bien te estoy recordando que más que conseguir un buen trabajo, debes confiar en Dios. Y cuando lo obtengas, sigue confiando en Dios. Es Dios, en última instancia, quien ha sustentado a ti y a tu familia hasta ahora. Es Dios quien sustentará a ti y a tu familia, sea por medio de un trabajo o no. Recuerda que Él no sólo es el Creador y Sustentador de todo, sino también tu Padre celestial que sabe de qué cosas tienes necesidad (Mt. 6:32).
¡Un abrazo!
Misael Susaña.
Contrario a lo que muchos creen, que el trabajo fue un castigo de Dios a causa del pecado del hombre, el trabajo no fue ni es un castigo de parte de Dios1.
Desde el libro de Génesis podemos encontrar esta verdad. Lo primero que vemos en este libro es al Dios trino trabajando, por medio del poder de Su Palabra, para traer a la existencia todo el universo creado que hoy conocemos. Toda esta obra de Dios que se encuentra relatada en los primeros dos capítulos de Génesis se resume en Éxodo 20:12a: «Porque en seis días hizo el SEÑOR los cielos y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay, y reposó en el séptimo día«. Dice Génesis 2:15 que Dios puso al hombre en el huerto del Edén «para que lo cultivara y lo cuidara»; ¿qué es esto? trabajo. El alimento que el hombre comería seria el resultado del cultivo y cuidado del huerto (Gn. 2:16). En Génesis 2:20 leemos como Adán también trabajó al poner «nombre a todo ganado y a las aves del cielo y a toda bestia del campo».
En el libro de Proverbios, una y otra vez, se habla bien del que trabaja (Proverbios 14:4b; 14:23a; 22:29); mas, no se habla bien de aquel que no trabaja (Proverbios 6:6-8; 14:4a, 23b; 21:25).
Esta verdad no se encuentra sólo en el Antiguo Testamento, también la encontramos en el nuevo. Jesús mismo afirmó que tanto Él como Su Padre Celestial trabajan: «Hasta ahora mi Padre trabaja, y yo también trabajo» (Juan 5:17). Y el apóstol Pablo (inspirado por Dios) dijo: “Porque aun cuando estábamos con vosotros os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma” (2 Tesalonicenses 3:10).
«El trabajo en sí mismo es una bendición, porque el trabajo del hombre refleja la actividad del Dios que trabaja» (Reformation Study Bible; Génesis 3:17). ¡Glorifica a Dios con tu trabajo!
1 Como consecuencia del pecado de desobediencia del hombre, Dios maldijo la tierra (Gn. 3:17-19). Una vez maldita la tierra, con «penosos trabajos» el hombre comería de ella, la tierra produciría «cardos y espinas» y con el sudor de su frente el hombre ganaría su pan; es decir, el trabajo del hombre sería con mucha dificultad.