Un poderoso estímulo a la oración.

¿Qué haces en la angustia? ¿A dónde buscas auxilio cuando estás en apuros? ¿A quién llamas cuando estás en problemas? El salmista David nos instruye con su ejemplo en el Salmo 86:7, donde él dice: “En el día de mi angustia te llamaré, porque tú me respondes”.

En el día de su angustia, el salmista no se quedaba paralizado por el miedo, pero tampoco se movía confiando en sus propias fuerzas; más bien, él invocaba, clamaba, oraba a su Dios. ¿Por qué, en vez de hacer otra cosa, el salmista oraba a Dios? Su respuesta es simple: “porque tú me respondes”. El salmista no estaba orando en vano a un dios que aunque tenía oídos, no oía (Sal. 115:6a); el salmista oraba con confianza en el Dios verdadero que le respondería –David no sería avergonzado–.

IMPLICACIONES PARA LOS SERVICIOS DE ORACIÓN

¿Por qué tan pocos cristianos (en comparación con los servicios de adoración dominicales) asisten a los servicios de oración? ¿Es que nunca han experimentado angustia (aunque no solo oramos en angustia)? ¡No lo creo! ¿O será realmente porque dudan que Dios responda? Examina tu corazón y, entonces, ve a la cruz de Jesucristo.

Pero también a aquellos que sí asisten a los servicios de oración, ya que pueden ser tentados a orar mecánicamente (con el corazón desconectado de sus labios): la oración es mucho más que una carta “a quien pueda interesar”.

Orar sí tiene sentido. Dios realmente oye las oraciones y responde a favor de Su pueblo. Dios quiere responder a las oraciones y responde de acuerdo a Su buena, agradable y perfecta voluntad.

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