Señal de silencio

Dios como la antítesis de la mentira.

En el artículo anterior aprendimos que mentir es un pecado debido a que está prohibido en la Biblia: En la primera parte de Colosenses 3:9, el apóstol Pablo (inspirado por Dios), dice: “Dejen de mentirse los unos a los otros”. Efesios 4:22 dice que debemos despojarnos de la mentira. Y allá en 1 Pedro 2:1 se dice que debemos desecharla.

El imperativo contra la mentira no proviene de alguien que exige lo que él mismo no practica; como un profesor de educación física obeso que manda a ejercitarse mientras vive en el descuido. Este mandamiento viene de Alguien que habla la verdad.

No me refiero únicamente a que el apóstol Pablo hablaba con verdad, como afirma en Romanos 9:1: “Digo la verdad en Cristo, no miento”. Más allá de Pablo, el mandamiento procede del Dios trino, quien no solo no miente, sino que no puede mentir, porque su naturaleza es verdad.

La Escritura lo afirma claramente: en Hebreos 6:18 se declara que “es imposible que Dios mienta”, y en Números 23:19 leemos: “Dios no es hombre, para que mienta…”. ¡Qué gran contraste entre el ser humano —varón y hembra— y Dios! Cualquiera que diga que nunca ha mentido, en el mejor de los casos, acaba de decir su segunda mentira. Pero ese no es el caso de Dios: cuando Él dice que no miente, está diciendo la verdad.

Los hombres cambian: prometen hacer algo y no lo hacen; aseguran que no harán algo y terminan haciéndolo. Hoy dicen: “mañana cerramos el negocio”, y mañana se retractan. Afirman: “este es el último”, y vuelven a caer. Pero Dios no es así. Él no cambia ni se arrepiente en Sus planes —que son eternos—, ni en Sus promesas —que son seguras—, ni en Su carácter —que es el mismo siempre.

Dios nunca desea mentir, Su mente no vacila entre decir la verdad o la mentira, ni puede hacerlo; mentir sería contrario a su perfecta naturaleza. Para mentir, Dios tendría que dejar de ser Dios, y eso nunca pasará. Él es, siempre y en todo momento, veraz y fiel.

Y esto no solo es cierto del Padre, sino también del Hijo. Cuando Jesús hablaba introducía sus enseñanzas con la siguiente frase “De cierto, de cierto” para asegurar que lo que dice es una verdad incuestionable.

Evangelio de Juan nos presenta a Jesús afirmando: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida”.

Permaneció en silencio ante Sus acusadores, pero cuando Pilato le preguntó si Él era rey, Jesús respondió: “Para esto Yo he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad”.

Jesús les dijo a Sus discípulos que iba a sufrir y morir. Y aunque en el huerto de Getsemaní Su alma estaba triste hasta el punto de la muerte; no se arrepintió, sino que murió en la cruz.

Pero Jesús también les dijo a Sus discípulos que iba a resucitar después de tres días –“¿Algo demasiado bueno o difícil para ser verdad?”–. La tumba vacía de Jesús confirma que Jesús habló la verdad.

Asimismo, en el mismo evangelio de Juan, el Espíritu Santo es llamado “el Espíritu de verdad”, quien nos guía a toda la verdad.

Confía en Dios

Cada vez que alguien me miente, me recuerdo a mí mismo: “sea hallado Dios veraz, aunque todo hombre sea hallado mentiroso”. Esta realidad me lleva a agradecer a Dios, a admirarlo, a bendecir Su nombre, a confiar en El. Su verdad es una roca firme sobre la cual podemos sostenernos; todo lo demás, fuera de Él, es arena movediza.

Que Dios sea veraz —que Él no mienta— es lo que nos da seguridad, no solo ahora, sino por toda la eternidad.

Por eso, quiero animarte a confiar en Él y en Su Palabra. Y, de manera especial, en Su promesa de perdón: todo pecador que se acerca a Él con un corazón sinceramente arrepentido —sí, incluso quien ha mentido— será recibido con gracia. Acércate aquí y ahora:

  • Como dice Isaías 1:18: “Aunque sus pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos. Aunque sean rojos como el carmesí, como blanca lana quedarán”.
  • Y en Salmos 130:4: “Pero en ti hay perdón, para que seas temido”.
  • Y finalmente, 1 Juan 1:9 nos asegura: “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad”.

Para eso fue que Jesús vino del cielo, vivió en esta tierra, murió, resucitó y ascendió nuevamente al cielo.

En el siguiente artículo consideraremos la gravedad del pecado de la mentira.

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Misael Susaña

Misael Susaña nació en República Dominicana, fue salvado a la edad de trece años y actualmente es uno de los pastores de Iglesia Fundamento Bíblico. Es también maestro de Inglés. Estudió Teología Sistemática en la Academia de la Gracia (Reformed Baptist Seminary) y ha participado en varios diplomados. Desde el 2008, ha publicado regularmente artículos bíblicos en su blog (gustadaDios.com). Misael, teniendo en mente Salmos 34:8, prefiere describirse a sí mismo como un «Catador de la bondad de Dios y feliz promotor de ésta; para Su gloria y el beneficio [en Él] del creyente».

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