Hay muchas cosas acerca del decreto de Dios que no entendemos a plenitud, pero como dijo un puritano: “La fe debe nadar donde la razĂłn se ahoga”. Aunque mi mente finita no entienda muchas cosas acerca del decreto del Dios eterno, hay algo que sĂ entiendo: “Las cosas secretas pertenecen al SEĂ‘OR nuestro Dios, mas las cosas reveladas nos pertenecen a nosotros y a nuestros hijos para siempre, a fin de que guardemos todas las palabras de esta ley” (Dt. 29:29). Ni tĂş ni yo somos Dios, no podemos conocer las cosas secretas que sĂłlo El conoce y serĂa un gran atrevimiento tratar de indagar en los archivos secretos de Dios. Sin embargo, tanto tĂş como yo tenemos la Palabra de Dios, donde está expresada Su voluntad preceptiva (voluntad revelada) y en Ă©sta debemos enfocar nuestra mayor atenciĂłn para obedecerla. SegĂşn Deuteronomio 29:29, las cosas secretas son pertenencia de Dios y de nadie más; pero las reveladas, Dios nos las dio (nos pertenecen) a nosotros. ÂżPara quĂ©? ÂżCon quĂ© propĂłsito? Para (con el propĂłsito de) que las guardemos, las cumplamos, las obedezcamos. Enfoquemos nuestra mayor atenciĂłn en la voluntad preceptiva de Dios y confiemos en el Dios que cumplirá Su voluntad decretiva de una manera sabia (Sal. 104:24) y santa (Sal. 77:13), para Su gloria (Ef. 1:6) y el bien de los Suyos (Ef. 1:3).
Cito a Juan Calvino –quien hablĂł de aquellos que quieren elevar su razĂłn por encima de lo permitido en las Escrituras: “Si alguien con una seguridad descuidada, entra a este lugar, no podrá ser exitoso en satisfacer su curiosidad. Entrará a un laberinto del cual no encontrará salida; porque no está bien para el hombre el examinar cosas sin las restricciones que Dios ha puesto a los hombres y ha escondido, ni tampoco le es correcto [al hombre] investigar la sabidurĂa más sublime que en ciertos puntos Dios quiere que respetemos pero no que entendamos, para que aun en Ă©ste, su perfecciĂłn sea manifiesta”. Continuar leyendo El decreto de Dios [III]