OĂ­d un son en alta esfera.

OĂ­d un son en alta esfera:
“¡En los cielos gloria a Dios!
¡Al mortal paz en la tierra!”
canta la celeste voz.
Con los cielos alabemos,
al eterno Rey cantemos,
A JesĂşs que es nuestro bien,
con el coro de Belén;

Canta la celeste voz:
“¡En los cielos gloria a Dios!”.

El Señor de los señores,
el Ungido celestial,
Por salvar a pecadores
toma forma corporal.
¡Gloria al Verbo encarnado,
en humanidad velado!
¡Gloria a nuestro Redentor,
a Jesús, Rey y Señor!

Canta la celeste voz:
“¡En los cielos gloria a Dios!”.

PrĂ­ncipe de paz eterna,
gloria a ti, Señor Jesús;
Con tu vida y con tu muerte,
nos ofreces vida y luz.
Has tu majestad dejado,
a buscarnos te has dignado;
Para darnos el vivir,
A la cruz fuiste a morir.

Canta la celeste voz:
“¡En los cielos gloria a Dios!”.

Letra: Charles Wesley, 1739, adapt. George Whitefield, 1753, trad. Federico Fliedner. MĂşsica: Felix Mendelssohn, 1840, arreg. William H. Cummings, 1856.

La Gloria de la Cruz – Sovereign Grace Music

LETRA

CĂłmo es que su perfecto plan
El pecado perdonĂł
Y al morir la culpa ya
El Cordero llevĂł
Y siendo soberano Dios
Su grandeza mostrará
Cuando en su trono todo aquel
Se regocijará.

Coro:
Oh la gloria de la cruz
Tu Hijo enviaste a morir
Mi vida pérdida será
Para poder conocer
La gloria
La gloria de la cruz.

CĂłmo es que ante el pecador
Su justicia revelĂł
Y al culpable perdonĂł
Sus manchas ya lavĂł
Y su justicia demostrĂł
Que ira ya no habrá
Y por su muerte y expiaciĂłn
Tengo ya redenciĂłn.

CĂłmo entender y proclamar
A aquellos que creerán
Tu incomprensible y gran bondad
Que siempre gozarán
Misericordia dada a mĂ­
Sin merecer perdĂłn
Y aĂşn no puedo entender
Lo que hiciste por mĂ­.

Letra y mĂşsica de Bob Kauflin
© 2000 Sovereign Grace Praise (BMI)

Un manifiesto glorioso.

Predicador: Oscar Arocha.
Pasaje bíblico: Éxodo 34:1-7.

En el pasaje leo esta parte que está en el versĂ­culo 16: “Y pasando Jehová por delante de Ă©l, proclamĂł…”; eso es un manifiesto, un escrito en el que se hace pĂşblica declaraciĂłn de doctrinas o propĂłsitos de interĂ©s general (tanto de parte de Dios como de parte nuestra). Éste es el sostĂ©n de los creyentes en todas las Ă©pocas: Que el carácter de Dios es infinitamente compasivo con el pecador que cree.

LA CIRCUNSTANCIA DE ESTE GLORIOSO MANIFIESTO

Los hijos de Israel habían estado esclavizados en Egipto. Dios, entonces, se apiada de ellos y los libera de la esclavitud en Egipto. Después de que Faraón había dado el permiso de que se fuesen, cambió de mente y los persiguió. Atrás del pueblo estaba el ejercito de Faraón y delante el mar; Dios los defendió abriendo el mar Rojo para librarlos de la espada de sus enemigos. Luego le informa que Moisés subiría al monte a recibir la Ley que los favorecería, y le daría señal de Su amor (Ex. 31:13), pero este mensaje de amor no pudo ser entregado porque se impacientaron (32:1,2) y dieron ingrata idolatría contra el Señor (32:5,6). Más adelante, Moisés oró por el pueblo (32:31,33).

La circunstancia de esta gloriosa proclamaciĂłn fue cuando el pueblo se entregĂł al pecado de la idolatrĂ­a y provocĂł que Dios casi los consumiera en el desierto.

EL ENTUSIASMO DE ESTE GLORIOSO MANIFIESTO

Dios no se dilató en perdonar (34:1-2). Moisés entendió el entusiasmo y respondió con solicitud (v. 4). Los dos estaban entusiasmados en reunirse en este glorioso encuentro –Dios en manifestar Su gloria y Moisés en verla.

Dios mismo descendió y reveló a Moisés, y a todo pecador que cree, de Su gran misericordia en perdonar (v. 5-6). La personalidad de Dios (manera en que Dios se manifiesta y que nosotros en términos generales) es ser misericordioso. Continuar leyendo Un manifiesto glorioso.

No desperdicies tus deportes.

“Entonces, ya sea que comáis, que bebáis, o que hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Co. 10:31).

Este versĂ­culo nos llama a examinar nuestros corazones y evaluar nuestras vidas por la posible presencia de idolatrĂ­a (segĂşn el contexto el problema no es comida, el problema es adoraciĂłn; el asunto es idolatrĂ­a) y nos llama a vivir toda la vida, incluyendo nuestros deportes, para la gloria de Dios.

PRINCIPIO 1: LA PARTICIPACIÓN EN LOS DEPORTES DEBE ESTAR INFORMADA POR EL CONOCIMIENTO DE DIOS.

Antes de hacer deportes para la gloria de Dios, nosotros debemos contemplar la gloria de Dios [en la faz de Jesucristo]; nosotros necesitamos un correcto conocimiento de Dios y un correcto conocimiento de nosotros mismo en relaciĂłn con Dios. Aparte de este conocimiento nadie puede verdaderamente hacer deportes para la gloria de Dios.

Cuando yo contemplo la gloria de Dios antes de hacer deportes, mi corazón es transformado al ser menos susceptible a exaltarme a mí mismo; porque sólo un ignorante, tonto arrogante llamaría la atención sobre sí mismo y se exaltaría a sí mismo a la luz de la grandeza de Dios. Cuando yo percibo lo que Dios ha hecho por mí a través de la muerte de su Hijo sobre la cruz por mis pecados soy menos vulnerable a tener un pensamiento elevado de mí mismo; estimo a mis compañeros de equipo y aun a mis oponentes como superiores a mí mismo; camino sobre el campo de juego como el peor pecador que conozco; soy menos vulnerable a confiar en mi propias fuerzas y a creerme auto-suficiente; camino sobre el campo de juego confiando en Dios (dependiendo de ÉL).

PRINCIPIO 2: LA PARTICIPACIÓN EN LOS DEPORTES DEBE SER HECHA COMO UNA ADORACIÓN A DIOS.

Esta perspectiva transforma el campo de juego en un contexto para adorar y glorificar a Dios: en una oportunidad para honrar a Dios, expresar mi amor por Dios, reflejar el carácter de Dios, traer gloria a Dios; no para impresionar a otros o llamar la atenciĂłn sobre mĂ­ mismo. Continuar leyendo No desperdicies tus deportes.