“¿QuiĂ©n eres tĂş?” Esa fue la pregunta que un hombre hizo a mĂ y a mis compañeros de clase cuando yo estudiaba en la escuela. Todos estábamos listos para responder diciĂ©ndole nuestros nombres, pero aquel hombre se adelantĂł y dijo: “… y no me refiero a sus nombres. ÂżQuiĂ©n eres tĂş?”. Entonces, aunque no tenĂa idea alguna del significado de esa pregunta, dije dentro de mĂ: “¡QuĂ© profunda es esa pregunta!”. Con el pasar del tiempo pensĂ© que eso no era más que una pregunta creada por los psicĂłlogos seculares y, por lo tanto, no era tan importante. Pero no es asĂ. Aunque no de la misma manera en la que lo hacen muchos psicĂłlogos, la Palabra de Dios sĂ habla de quiĂ©nes somos nosotros (i.e. Nuestra identidad) como cristianos y nos enseña cuán importante es esto: lo que yo creo de mĂ mismo va a determinar la manera en la cual yo respondo tanto a las circunstancias como a aquellos que están a mi alrededor (Romanos 6:1-14; vĂ©ase tambiĂ©n 1 Corintios 5:7, 8).
Cuando preguntamos “¿quiĂ©n eres tĂş?” nos estamos refiriendo a tu identidad y cuando nos referimos a tu identidad «no nos referimos a tu nombre, fecha de nacimiento y NĂşmero de Seguridad Social. Estamos hablando de cĂłmo te defines a ti mismo –que talentos, cualidades, experiencias, logros, metas, creencias, relaciones y sueños tu sueles decir: “esto es quien yo soy”… La identidad que yo me asigne a mĂ mismo siempre afectará la manera en la cual te respondo. Por ejemplo, si me digo a mĂ mismo que soy más inteligente que tĂş, será difĂcil para mĂ escucharte cuando tu me das un consejo. Si me digo a mĂ mismo que yo merezco tu respeto, velarĂ© parar ver si me estás dando lo que pienso que merezco» (Timothy Lane & Paul D. Tripp. Relationships [Relaciones], pp. 56, 57). Continuar leyendo ÂżQuiĂ©n eres tĂş?