María, la sierva del Señor.

María no fue muchas de las cosas que algunos le atribuyen hoy en día (p. ej. ella no es mediadora entre nosotros y Jesús, ella tampoco permaneció virgen), pero ella sí fue una sierva verdadera del Señor.

El ángel Gabriel se le apareció a María, mientras ella todavía era virgen y se encontraba desposada con José, para decirle que daría a luz un hijo –Jesús–. Y después de que el ángel le explicara –aunque no en detalle– el cómo sucedería eso, ella respondió: “He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra” (Lucas 1:38). Y a partir de esas palabras podemos definir un siervo de Dios como aquel en cuya vida y a través de quien se hace la voluntad de su Señor.

Es muy probable que la explicación del ángel no haya respondido a todas las preguntas de María; pero en vez de insistir en recibir una explicación que respondiera a todas sus preguntas, ella dijo «hágase conmigo conforme a tu palabra». Al quedar embarazada en ese momento, ella pudo haber perdido a su prometido –en Mateo 1:19 se relata que José llegó a pensar en abandonarla–; pero aun así ella dijo «hágase conmigo conforme a tu palabra». Al quedar embarazada en ese momento, la reputación de María fue manchada (véase Juan 8:41); pero aun así ella dijo «hágase conmigo conforme a tu palabra».

Todo este universo no se trata acerca de nosotros, sino de Dios. Y esta vida no se trata acerca de hacer nuestra voluntad; sino que esta vida se trata acerca de hacer la voluntad de Dios, aun cuando eso aparentemente1 nos perjudique. ¿Eres tú un siervo del Señor?


1 Digo “aparentemente” porque ya que nuestro Señor es bueno, todo lo que Él demanda de Sus siervos es tanto para Su gloria como para el bien de ellos. Ahora, al final es Dios –y no nosotros– quien define lo que es bueno, quien sabe lo que es bueno para nosotros.

Ministerio a través de tu trabajo.

¿Qué imagen viene a tu mente cuando te encuentras con el término “ministerio”? Si eres como la mayoría de las personas, la primera imagen que vendrá a tu mente será la de un hombre, con camisa manga larga y corbata, predicando la Palabra de Dios desde un púlpito. Muchos piensan erradamente que pastorear es “el” [único] ministerio. Otros saben que el uso correcto de los dones del Espíritu dentro de las cuatro paredes donde se reúne la iglesia es también ministerio. Lo cual es cierto. Pero no es menos cierto que ministrar va más allá, es más amplio. Ministerio no es más que servir y, por lo tanto, un ministro no es más que un servidor.

En Colosenses 3:22-24 el apóstol Pablo (inspirado por Dios) dijo lo siguiente:

“Siervos, obedeced en todo a vuestros amos en la tierra, no para ser vistos, como los que quieren agradar a los hombres, sino con sinceridad de corazón, temiendo al Señor. Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres, sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia. Es a Cristo el Señor a quien servís”.

He escogido ese pasaje bíblico no tan sólo porque el principio allí se aplica a los empleados hoy, sino también por dos razones más. En primer lugar, porque a los siervos a los cuales se dirigen esas palabras eran esclavos. Sin embargo, y aquí viene la segunda razón, se dice de ellos: “Es a Cristo el Señor a quien servís”; y también: “del Señor recibiréis la recompensa de la herencia”. Aunque ser un esclavo era la condición más baja, no había privilegio más alto que servir al Señor y ser recompensado por Él. Sigue leyendo

Pon tu delicia en el SEÑOR.

Las palabras del Salmo 37:4 pueden parecer a muchos una promesa de que se le concederá, a aquel que profese ser cristiano, absolutamente todo lo que a éste se le antoje; pero eso está muy lejos de la realidad. El Salmo 37:4 dice lo siguiente:

“Pon tu delicia en el SEÑOR, y El te dará las peticiones de tu corazón”.

El versículo comienza con el siguiente llamamiento: “Pon tu delicia en el SEÑOR”. Eso es lo primero, está antes que todo. Se nos llama a gozarnos, amar, apreciar sobre todas las cosas, encontrar placer en el Señor –no en lo que podría darnos, sino en El mismo–. Y es entonces que se promete: “El te dará las peticiones de tu corazón”. ¿Para quién es esa promesa? Para todo aquel cuyo deleite es el Señor. ¿Cuáles son las peticiones del corazón de esta persona? Es importante saber que el corazón pide aquello en lo cual se deleita. Así que, las peticiones del corazón de esta persona es el Señor mismo, lo que a El le agrada, lo que está acorde a Su voluntad y nada fuera de El. “Más de ti, Señor” –es la petición de aquel que se deleita en el Señor–; y esta petición es concedida por el Señor.

Poner nuestra delicia en el Señor es, como dijo Matthew Henry, tanto un deber como un privilegio. Ya que el Señor es bueno en Su esencia, el poner nuestra delicia en El no es un trabajo gravoso –¡contempla la cruz!–. Ya que fuimos creados para la gloria del Señor (Is. 43:3) y sólo en Su presencia hay plenitud de gozo, delicias para siempre (Sal. 16:11); ni los hombres, ni el dinero, ni el sexo, ni ninguna otra cosa creada es mejor que el Señor ni [ninguna cosa creada] tiene la capacidad de satisfacernos perfectamente. Sólo el Señor. Sea, pues, nuestra profesión el deleitarnos más y más en el Señor.

Sobre la roca.

Predicador: Luis O. Arocha.
Pasaje bíblico: Mateo 7:21-29.

Hay muchas personas religiosas que muestran obediencia externa, pero su corazón está desconectado de sus hechos. La obediencia a la cual Jesús nos llama es una obediencia completa que involucra nuestro corazón y se manifiesta en lo externo.

“SEÑOR” DE PALABRA Y DE HECHO (Mt. 7:21-23).

Es posible confesar fe con los labios, hacer ciertas buenas obras y aun así no conocer a Cristo, o peor aun, no ser conocido por Cristo. El énfasis del Señor es que el fruto por el cual el verdadero creyente es conocido es la obediencia que sale de un corazón regenerado.

El árbol bueno se conoce por sus buenos frutos. Los seguidores de Cristo hacen la voluntad del Padre. ¿Cuál es la voluntad del Padre? Es esencialmente creer y arrepentirse (Mt. 21:28-32).

EL FUNDAMENTO DE TU VIDA (Mt. 7:24-27).

Jesús nos está enseñando que es posible basar nuestras vidas sobre un fundamento estable o sobre uno inestable. Si el camino a la destrucción es amplio y muchos son los que lo toman, es correcto asumir que la mayoría de las personas no edifican sobre la roca, sino sobre la arena. No des por sentado que estás construyendo sobre la Roca –que es Dios (Sal. 31:3; 62:2; 94:22).

El punto de Cristo es claro. No es suficiente escuchar, estudiar y celebrar las palabras de Jesús, es necesario ponerlas en práctica.

PALABRAS DE JESÚS PARA APLICAR:

  • Acerca de la sal y luz: Mateo 5:13-16.
  • Acerca del enojo y las ofensas: Mateo 5:23,24.
  • Acerca del adulterio: Mateo 5:28,29.
  • Acerca de la oración: Mateo 6:9-13.
  • Acerca del afán y el reino de Dios: Mateo 6:25,33.
  • Acerca del juicio hacia los demás: Mateo 7:7.

APLICACIÓN

Jesús es digno de que escuchemos y pongamos en práctica sus palabras; porque Jesús no sólo habla, sino que también hace [lo que enseña] y nos capacita para ello. Si ponemos en práctica Su Palabra, Él mismo nos promete que permaneceremos firmes, aun en medio de la más fuerte tormenta. Estaremos amparados sobre la Roca que es Dios mismo.

Estas anotaciones fueron tomadas del sermón, predicado por el pastor Luis O. Arocha, titulado Sobre la Roca. Usado con permiso.