Recordando quién eras, quién eres hoy y en base a qué.

Pelea

Una actitud de injuria, de contienda, de falta de amabilidad y de no-mansedumbre (la cual va de la mano con la falta de humildad1) no se espera de un cristiano: “que no injurien a nadie, que no sean contenciosos, sino amables, mostrando toda consideración para con todos los hombres” (Tito 3:2). Por lo tanto, algo anda mal con aquel que profesa ser cristiano y habla mal de otros, no es pacífico, no es amable y no es manso –ni humilde–.

En los siguientes versículos de Tito 3 se dice:

“Porque nosotros también en otro tiempo éramos necios, desobedientes, extraviados, esclavos de deleites y placeres diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles y odiándonos unos a otros. Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor hacia la humanidad, El nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a su misericordia, por medio del lavamiento de la regeneración y la renovación por el Espíritu Santo, que El derramó sobre nosotros abundantemente por medio de Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia fuésemos hechos herederos según la esperanza de la vida eterna” (vv. 3-7).

Todo eso me hace pensar que aquel que profesa ser cristiano, pero injuria, contiende, no es amable y no es manso; si es un cristiano verdadero, es muy probable que haya olvidado quién era, quién es hoy y en base a qué es quien es. Por lo tanto, se le debe recordar:

En el pasado tú también eras un necio ignorante de las cosas de Dios, tú también eras un desobediente a la ley de Dios, tú también eras un extraviado, tú también eras un esclavo de deleites y placeres diversos, tú también vivías en malicia y envidia, tú también aborrecías y odiabas a otros. En resumen, eras un pecador tal como los demás. ¿Por qué tratas a los demás pecadores como si tú nunca fuiste uno de ellos?

Aunque en el pasado eras un pecador rumbo al infierno, lo mismo que los demás, Dios se manifestó a ti con bondad y amor. Dios te salvó: Él cambió tu corazón a través de Su Espíritu Santo; Él perdonó tu necedad, tu desobediencia, tu maldad, tu envidia, tu odio –¡todos tus pecados!–; en Jesucristo te buscó y te libertó, te declaró justo y te dio vida eterna. ¿Por qué no eres bondadoso y amoroso tal como Dios lo fue contigo? ¿Acaso son ellos peores que tú? ¿O acaso tú te crees mayor que Dios?

Y esta salvación que hoy disfrutas –un corazón cambiado, perdón de pecados, libertad del pecado, justificación y vida eterna–, obviamente ni fue porque eras una buena persona ni porque eras “el menos malo”, tampoco fue debido a tus buenas obras; sino que Dios te salvó debido a Su misericordia, por Su gracia, que es ese favor de Dios hacia aquellos que para nada lo merecen. ¿Piensas que Dios no puede manifestar el mismo favor hacia otros pecadores?


1Este término [mansedumbre] está estrechamente relacionado con la palabra tapeinofrosune, humildad, y es una directa consecuencia de ella (Ef. 4:2; Col. 3:12); cf. Los adjetivos en la LXX en Sof. 3:12, “humilde y pobre”; son solo los de corazón humilde que son también mansos” (Trench. Synonyms, xlii).

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