¿Me amarías igual?

Si entrara en prisión
Y lo perdiera todo
Dime la verdad
¿Me amarías igual?
Si te muestro quien soy
Junto a mis defectos
Dime la verdad
¿Me amarías igual?

Así comienza la canción Locked away, interpretada por R. City y Adam Levine1. En esa canción se expresa el deseo de encontrar el amor verdadero, un amor que permanece aún en los momentos más difíciles y después de conocer los defectos del otro. Otra de sus estrofas dice:

Y dime: ¿podrías esperar por mí?
¿Y la vida entregar por mí?
¿Gastarías tu amor en mí?
¿Me abrazarías si me siento mal?
Y dime: ¿llorarías tú por mí?
No tienes que mentir
¿Y si nada me quedará a mí
Dime si aún te podrías quedar?

Esa clase de amor que ellos buscan en una chica (o en sus semejantes) es el amor, aunque en un grado mucho mayor, que los cristianos ya disfrutamos en Jesucristo2.

Romanos 5 dice que nosotros éramos pecadores (injustos y malos), débiles (impotentes para acercarse a Dios o hacer algo lo suficientemente excelente para que Dios se acerque a ellos), impíos (aquellos con un carácter diferente al carácter santo de Dios) y enemigos (rebeldes a Dios y Su ley). En resumen, personas a las que nadie amaría sacrificialmente.

Pero el amor de Dios es mucho mayor que el amor de todos los hombres (varón y hembra). Y esa verdad se evidencia en el hecho de que Él nos amó a nosotros y nos amó tanto como para enviar a Su Hijo a morir por nuestros pecados y salvarnos de la ira venidera: “Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Ro. 5:8). Jesucristo respondería con un “¡sí!” a cada una de las preguntas anteriores; más aun, Él respondería con un “ya hice todo eso”.

Y si Dios nos amó en nuestro peor momento (cuando éramos sus enemigos), Él no nos amará menos ahora que ya hemos sido reconciliados. Nada hará que Él deje de amarnos –ni siquiera nuestros tropiezos presentes–. John MacArthur lo dijo de la siguiente manera: “nunca podemos ser tan miserables como lo fuimos antes de nuestra conversión –y Él nos amó totalmente en ese entonces”.

Eso es amor verdadero, un amor superior al amor que un cónyuge nos pudiera ofrecer. ¡Oh, deleitémonos en Su amor hoy y siempre! ¡Y amémosle sobre todo porque Él es digno!


1 Adaptación al español: Richard González, Carlos Silva.

2 Los hombres (varón y hembra) pueden reflejar esa clase de amor. Pero Dios es la fuente misma de ese amor.

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