¿Cómo perdonar?

Hace ya algunos años tuve un compañero irritante. Los que me conocen saben que rara vez me muestro a mí mismo enfadado o molesto. Así que cuando digo que este compañero era irritante, él era realmente irritante para mí. Sus palabras eran burlonas y sus acciones eran molestas. Y yo era muchas veces el objeto de sus deliberados “ataques”. Él profesaba ser cristiano y muchas veces se acercaba a mí para pedir perdón, pero muchas veces me preguntaba cómo debería responderle –aunque ya sabía la respuesta por la Biblia–.

Hasta una noche en la cual, mientras meditaba en todo esto, Dios me hizo ver que yo era mi compañero irritante. Yo era aquel que con mis palabras y mis acciones pecaba contra Dios. Yo era aquel que cometía pecados, por más pequeños que fueran, los cuales le daban a Dios deseos de vomitar. Yo era aquel que profeso ser cristiano y voy constantemente a Dios diciendo “me arrepiento”. Entonces, le di gracias a Dios porque Él fue –y sigue siendo– más rápido en perdonar que yo. Y desde ese día, mi actitud hacia mi compañero cambió.

En Efesios 4:32 Dios nos manda: “Sed más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, así como también Dios os perdonó en Cristo”. Debemos perdonar, y perdonar como Dios nos perdonó en Cristo. Y tener esto último presente en nuestra mente es muy útil al momento de perdonar: puede que te hayan ofendido deliberadamente, pero tú le has hecho lo mismo a Dios y Él te perdonó en Cristo; puede que el que te haya ofendido no sea tu amigo, pero tú eras enemigo de Dios y Él te perdonó en Cristo; puede que la ofensa haya sido grave, pero tu ofensa a Dios fue más grave y Él te perdonó en Cristo; puede que ésta no sea la segunda ni la tercera vez en la cual esa persona te dice “perdón”, pero tú has ofendido a Dios miles de veces y Él te perdonó –y te sigue perdonando– en Cristo.

En Cristo, Dios perdonó todos tus pecados, Él no te guarda rencor ni te castiga por ellos. ¿Quién eres tú, y que tan graves son las ofensas que comenten contra ti, para que hagas menos que perdonar? C. J. Mahaney dice:

“Cuando me enojo o me niego a perdonar a otros, estoy suponiendo que los pecados de los demás son más graves que mis pecados contra Dios. La cruz cambia mi perspectiva, porque a través de la cruz me doy cuenta de que ningún pecado que se cometa en mi contra puede ser tan grave como los incontables pecados que cometí en contra de Dios. En el momento en que nos percatamos de cuánto Dios nos ha perdonado, no nos resulta difícil perdonar a los demás” (Vivamos centrados en la cruz, p. 142).

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