En todo cristiano verdadero habita el Espíritu Santo de Dios. Éste (el Espíritu Santo) fue quien le hizo (al cristiano) nacer de nuevo y por Éste es que el cristiano: Anda en luz; confiesa sus pecados; oye y guarda la Palabra de Dios; ama a su hermano; no ama al mundo; confiesa a y cree en Jesús; permanece; hace justicia; se purifica a sí mismo; no practica el pecado y ama a Dios.
Id y haced discípulos.

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La resurrección de Jesús.
Desde Getsemaní Jesús «comenzó a entristecerse y a angustiarse» y les dijo a Sus discípulos que Su alma estaba muy afligida, hasta el punto de la muerte (Mt. 26:37, 38). Su agonía fue tal que Su sudor se volvió como gruesas gotas de sangre (Lc. 22:44).
Después de que fue arrestado, lo golpearon (Lc. 22:63, 64), lo azotaron con un látigo –hecho para desgarrar la piel hasta los huesos (Mc. 15:15)–, lo coronaron con espinas (Mc. 15:17), lo golpearon en la cabeza con una caña (Mc. 15:19), lo crucificaron –estuvo sobre la cruz por más de siete horas (Mc. 15:25,33)–, y allí murió (Lc. 23:46). Su muerte fue confirmada por el centurión que estaba delante de Él (Mr. 15:39), por soldados con experiencia en el área (Jn. 19:33) y por un soldado que le traspasó el costado con una lanza (Jn. 19:34).
¡Pero allí no acabo todo, después de tres días en una tumba, nuestro Señor Jesucristo resucitó! Así se relata en los cuatro evangelios (Mt. 28:1-10; Mc. 16:4-8; Lc. 24:1-12; Jn. 20:1-10) y la historia lo confirma (la tumba está vacía). Todo esto ocurrió conforme a las Escrituras (Sal. 16:8-11), conforme a las palabras del mismo Jesús (Mt. 16:21). Continuar leyendo La resurrección de Jesús.
La realidad del juicio.
La segunda parte de Hebreos 9:27 dice: “y después de esto [la muerte], el juicio”. Después de la muerte, vendrá el juicio. Como todos experimentarán la muerte –a menos que el soberano Dios decida otra cosa para alguien, así también todos (sean dominicanos o haitianos, hablen ingles o francés, sean ricos o pobres, sean jóvenes o ancianos) se enfrentarán al juicio que viene después de la muerte (2 Co. 5:10; Ap. 20:11-15). En ese juicio los hombres darán cuentas a Dios por todo lo dicho y hecho. A diferencia de aquellos jueces injustos, Dios es el juez justo que pagará a cada uno conforme a lo que se merece; la vida eterna (cerca de Dios) para el justo y la condenación eterna (lejos de Dios) para el injusto.
CÓMO DEBES RESPONDER A ESTO: YENDO A JESUCRISTO CON ARREPENTIMIENTO Y FE.
¿Piensas tú que eres justo? ¿eres tú bueno ante los ojos de Dios el juez justo? Dios, el juez justo, dice en Su Palabra que NO HAY JUSTO, NI AUN UNO… NO HAY QUIEN HAGA LO BUENO, NO HAY NI SIQUIERA UNO (Ro. 3:10-18); también dice que cualquiera que guarda toda la ley, pero tropieza en un punto, se ha hecho culpable de todos (Stg. 2:10). ¿Has mentido? (p. ej. “¡Profesora, no traje el cuaderno de matemáticas!” –cuando la verdad fue que sí lo llevaste, pero no hiciste la tarea); ¿Has robado? (p. ej. Al tomar dinero sin permiso del bolso de tu madre o al tomar y no devolver el lápiz que se le cayó a tu compañero); ¿Has mirado y codiciado a alguien que no te pertenece? (p. ej. Al ver imágenes o vídeos de personas desnudas en Internet). Tú no eres justo, sino transgresor de la ley (pecador). Como transgresor de la ley, mereces el castigo de Dios.
Pero, hay una esperanza para el pecador. Hay una buena noticia y es que Dios, el juez justo, bondadosamente proveyó en la persona de Jesucristo el perdón de todos nuestros pecados, la comunión con Él, la vida eterna. Dice Hebreos 9:28: “así también Cristo, habiendo sido ofrecido una vez para llevar los pecados de muchos, aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvación de los que ansiosamente le esperan”. Jesucristo es el Cordero de Dios, ofrecido para llevar los pecados de todos aquellos que viendo su pecaminosidad, van arrepentidos sinceramente ante Él y confiando únicamente en Él como su Salvador. Jesucristo es fuente de eterna salvación para todos los que le obedecen (Heb. 5:9). Él fue quien predicó: “El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos y creed en el evangelio” (Mc. 1:15); y quien también dijo: “Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar” (Mt. 11:28). Jesucristo fue el sustituto de todos aquellos que van a Él con arrepentimiento y fe. Él vivió una vida de perfecta obediencia a los mandamientos de Dios para salvarnos y sufrió en la cruz el castigo que merecíamos (pagando así la deuda que teníamos para con Dios). Jesucristo fue el único que nunca pecó y siempre obedeció. Aparte de Jesucristo, tú no tienes la más mínima oportunidad de salir airoso en el juicio final; pero con Jesucristo, sabe que todos tus pecados son perdonados, estás a salvo de la condenación eterna y disfrutarás de la eterna comunión con Él.
1ra parte; 2da parte