Un joven que le gusta cantar himnos [II]

Veamos algunos de los himnos antiguos que me han ayudado a alabar a Dios como Él quiere y merece ser alabado. Éstos tienen una buena teología en sus letras, que es el fundamento para ese espíritu o emoción que Dios espera que esté presente en la alabanza.

Cabeza ensangrentada, por Bernardo Claraval. Este himno presenta a Jesucristo como nuestro sustituto, quien sufrió el castigo a pesar de que fuimos nosotros que pecamos (Is. 53:4, 5):

“Pues oprimida tu alma fue por el pecador;
La transgresión fue mía, mas tuyo fue el dolor;
Hoy vengo contristado, merezco tu dolor,
Concédeme tu gracia; ¡oh! Dame tu favor”.

Tal como soy, por Charlotte Elliott. Este himno nos muestra cómo luce aquella persona que responde al llamamiento de Dios (Jn. 6:37):

“Tal como soy de pecador,
Sin más confianza que tu amor,
Ya que me llamas, acudí;
Cordero de Dios, heme aquí”.

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Un joven que le gusta cantar himnos.

Himnario

Crecí en una iglesia donde la mayoría de las alabanzas que se cantaban eran himnos antiguos. Y las veces que me ha tocado dirigir la adoración, siempre trato de cantar canciones contemporáneas e himnos antiguos (obviamente de alabanza a Dios). No hago eso porque esté obligado a seguir la tradición o porque tema ser sacado de la iglesia. Más bien, lo hago porque realmente me gusta cantar himnos antiguos –y sí, todavía estoy muy lejos de los 50–. Continúa leyendo Un joven que le gusta cantar himnos.

Una advertencia pertinente [III]

Éste es el tercer artículo sobre la advertencia pertinente que encontramos en 1 Juan 5:21, en este versículo se dice: “Hijos, guardaos de los ídolos”. He definido a un ídolo como toda aquella persona, cosa o estado que, no siendo el único Dios verdadero, hemos sentado en el trono de nuestro corazón. Y, por lo tanto, le damos más importancia y deseamos más que a Dios.

Antes de “destronar” a un ídolo de nuestro corazón es necesario identificarlo. E identificar a un ídolo puede ser una tarea complicada, que requiere cuidado y habilidad. Porque alegrarnos debido a que tenemos a alguien o algo, o entristecernos debido a que perdimos a alguien o algo no es necesariamente indicación de idolatría en el corazón. Por lo tanto, oremos a Dios para que nos muestre si hay idolatría en nuestro corazón. Al mismo tiempo, consideremos algunas maneras en las cuales podemos identificar los ídolos en nuestro corazón:

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¿Cómo se ama a Dios?

¿Cómo se ama a Dios? Practicando gozosamente Sus mandamientos; pues éste es el punto cumbre del afecto, fruto del nuevo nacimiento por el Espíritu, que encuentra su deleite supremo en Dios.

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