Una entrevista a Pablo sobre “Sin vergĂĽenza del evangelio”.

MISAEL: Buenos días. En esta ocasión tenemos el privilegio de compartir un rato con el apóstol Pablo, considerado como el más grande misionero y a quien Dios ha utilizado para escribir la mayor parte del Nuevo Testamento.

PABLO: Muchas gracias Misael. Pero todo eso no es en mis propias fuerzas, sino por la gracia de Dios en mĂ­.

MISAEL: Amén. Pablo, ya entrando en el tema: ¿Cómo has llevado el evangelio a tanta gente a pesar de los obstáculos? Lo pregunto porque muchos de nosotros no predicamos el evangelio ante personas que lo consideran como una locura o ante obstáculos, sean estos reales o potenciales.

PABLO: Lo que pasa es que muchos se avergĂĽenzan del evangelio.

MISAEL: ¿Tú no lo haces –avergonzarte del evangelio–?

PABLO: No, en lo absoluto.

MISAEL: Interesante. ÂżCĂłmo lo haces? ÂżPor quĂ© no te avergĂĽenzas del evangelio incluso ante obstáculos reales o potenciales? Continuar leyendo Una entrevista a Pablo sobre “Sin vergĂĽenza del evangelio”.

El ruego del Rey.

Un ruego no es lo mismo que un mero llamamiento. Un ruego va más allá que una mera petición. No sé a ti, pero el término “ruego” trae a mi mente: fuerte deseo desde lo más profundo del ser, súplica repetitiva, voz quebrada e incluso, en ocasiones, lágrimas. Nos resulta raro que aquellos que están supuestos a mandar, rueguen. Es por todo eso que a muchos predicadores del evangelio les resulta difícil la idea de rogar a los pecadores y, más aun, la idea de Dios rogándole a los pecadores:

“Por tanto, somos embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros; en nombre de Cristo os rogamos: ¡Reconciliaos con Dios!” (2 Corintios 5:20).

ÂżCĂłmo es posible que el Rey del universo le ruegue a simples criaturas? ÂżCĂłmo es posible que un Dios santo le ruegue a pecadores?

ReyA esos predicadores a quienes esta idea les resulta difĂ­cil dicen que 2 Corintios 5:20 es el Ăşnico pasaje bĂ­blico en el cual se presenta a Dios rogando y que por lo tanto… Pero son interrumpidos por Lucas 15:28, en donde se presenta un padre (que representa a Dios) rogando a su hijo mayor que entrara a la celebraciĂłn de misericordia. Ellos, entonces, van rápidamente al griego para confirmar su temor: “AsĂ­ que, somos embajadores en nombre del MesĂ­as, como si Dios rogara [llamamiento cerca y personal] por medio de nosotros: ¡Rogamos [desear, anhelar] en nombre del MesĂ­as, reconciliaos con Dios!” (2 Co. 5:20. Biblia textual). Ellos, entonces, dicen que quien ruega aquĂ­ no es Dios, sino nosotros. Pero el versĂ­culo dice que somos embajadores de Cristo; un embajador representa al rey en el lugar donde está y transmite el mensaje del rey tal como Ă©ste lo ha pronunciado. Continuar leyendo El ruego del Rey.

El Pade prĂłdigo.

En esta parábola Jesús presenta a un hijo menor siendo pródigo al disipar, malgastar, desperdiciar todo lo que tenía; pero su padre fue más pródigo aún al dar sobreabundantemente a quien no lo merecía. Este padre también muestra su bondad a su hijo mayor, el cual no está tan bien como parece.

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Predica el evangelio… con palabras.

El evangelio son las buenas noticias de que por la vida, muerte y resurrección de Jesucristo hay salvación para todo pecador que se arrepiente y confía en Él como Salvador y Señor. Hablando en el sentido estricto del término (“evangelio” significa buenas noticias), nosotros no vivimos el evangelio, nosotros anunciamos el evangelio. La Biblia no habla de vivir el evangelio, sino de testificarlo, anunciarlo, predicarlo.

Ince con megáfono¿Por qué esto es importante? Esto es importante porque nadie será salvo con tan solo mirar la buena conducta de los cristianos si el evangelio no es predicado con palabras. En Romanos 10:14 el apóstol Pablo hace las siguientes preguntas: “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?”. En cierto sentido, el único que vivió el evangelio fue Jesucristo (Mc. 1:1). Todos los demás deben predicarlo con palabras.

Ahora, el evangelio de Jesucristo no son sólo noticias que informan nuestra mente; sino que «es el poder de Dios para la salvación de todo el que cree» (Ro. 1:16). Salvación no tan solo del castigo debido al pecado, sino también salvación del pecado mismo. El evangelio de Jesucristo son las buenas noticias con las que el Espíritu Santo transforma a los hombres (1 Ts. 1:5). La manera en la que vivimos sí es importante: una buena conducta como cristianos abre puertas para predicar el evangelio; una mala conducta como cristianos cierra puertas para predicar el evangelio.

En conclusión, predica el evangelio con palabras y adórnalo con una buena conducta (Ti. 2:5, 10). Nadie será salvo solamente mirando tu buena conducta, pero también es una contradicción predicar el evangelio con palabras y no vivir acorde a éste.