La propiciación.

Propiciación
«Mas El fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades. El castigo, por nuestra paz, cayó sobre El, y por sus heridas hemos sido sanados» (Isaías 53:5. LBLA).

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Imagen original por Chris Powers. Versƭculo aƱadido por Misael SusaƱa.

La mancha que permanece.

Ante el absurdo pecado, cometido por el pueblo de Israel, de dejar al Dios verdadero e ir tras dioses falsos, Dios pronunció las siguientes palabras: ā€œAunque te laves con soda y uses mucho jabón, la mancha de tu iniquidad estĆ” aĆŗn delante de mĆ­ —declara el SeƱor DIOSā€ (Jer. 2:22). En este versĆ­culo Dios ilustró la iniquidad con una mancha –una mancha que no podĆ­a ser quitada ni siquiera por aquellas cosas utilizadas para quitar manchas–. Dios dijo que aunque el pueblo se lavara con soda (o lejĆ­a), que es lĆ­quido de sales alcalinas utilizado para desinfectar y blanquear, y aunque el pueblo se frotara con mucho jabón, su iniquidad aĆŗn permanecerĆ­a. No habĆ­a nada que ellos pudieran hacer para borrar o limpiar su iniquidad. La mancha de su iniquidad permanecerĆ­a, y peor, Ć©sta permanecerĆ­a delante del SeƱor Dios. Ā”Terribles palabras!

Esas terribles palabras tambiĆ©n se dirigen a todos los hombres (sentido genĆ©rico). Ni tĆŗ ni yo podemos borrar nuestros pecados. Es para nosotros imposible limpiar la mancha de nuestra iniquidad. Tal vez puedas cubrir esa mancha de la vista de los hombres, pero Āæde quĆ© sirve eso si aĆŗn la mancha permanece delante de quien realmente importa, el SeƱor Dios? Ɖl es el Santo, Santo, Santo (Is. 6:3); Ɖl es muy limpio de ojos para ver el mal (Hab. 1:13); Ɖl es a quien tendremos que dar cuentas y quien nos juzgarĆ” con justo juicio (Sal. 96:13). Y lo que el pecador merece es ira divina, condenación eterna en el infierno.

Aunque te laves a ti mismo con la disposición de hacer el bien y aunque de ahora en adelante amontones ā€œbuenas obrasā€, el SeƱor Dios dice: ā€œtu iniquidad, tu rebelión contra mi ley, estĆ” aĆŗn delante de mĆ­ā€. Acertada fue la conclusión a la cual llegó Esperanza: ā€œsi un hombre contrajo en el pasado una deuda enorme con un comerciante, aunque despuĆ©s le pague al contado todo lo que compre, su antigua deuda sigue pendiente y sin borrar en el libro de deudores del comerciante, y cualquier dĆ­a ese comerciante podrĆ” perseguirle por ella y meterlo en la cĆ”rcel hasta que la pagueā€ (John Bunyan. El peregrino, p. 151).

Ahora, hay una buena noticia que aunque puede encontrarse si seguimos leyendo JeremĆ­as, en esta ocasión vamos a considerarla en IsaĆ­as 1:18: ā€œVenid ahora, y razonemos —dice el SEƑOR— aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serĆ”n emblanquecidos; aunque sean rojos como el carmesĆ­, como blanca lana quedarĆ”nā€.

1ra parte; 2da parte