Nuevas de gran gozo.

Cuando Cristo nació, Roma era la señora y dueña, no solamente de Palestina, sino de todo el Mediterráneo y la mayor parte entonces conocida del mundo1. Y no sólo esto, sino también que en Israel había enfermedades y pobreza (basta con dar un vistazo a los evangelios para notar esto).

Después de que Jesús nació, en un establo de Belén, un ángel del Señor se les presentó a un grupo de pastores que estaban en la misma región. Las palabras del ángel, enviado por el Señor, están registradas en Lucas 2:10: “el ángel les dijo: No temáis, porque he aquí, os traigo buenas nuevas de gran gozo que serán para todo el pueblo”. Este ángel enviado por el Señor estaba a punto de anunciar noticias no tristes, sino de gozo y más que un mero gozo, estas noticias son de gran gozo. Estas noticias serían tanto para los pastores (“os traigo”) como para todo el pueblo. ¿Cuáles son estas buenas noticias de gran gozo? Teniendo en cuenta lo que consideramos al principio, los pastores pudieron haber pensado que estas buenas noticias de gran gozo consistían en que al fin el imperio romano sería derrocado y el reino pasaría a Israel –así pensaban muchos judíos en la época de Jesús. O uno de ellos pudo haber pensado que estas buenas noticias de gran gozo consistían en que ya no habrían más enfermedades. Otro de los pastores pudo haber pensado que estas buenas noticias de gran gozo consistían en que la economía experimentaría un cambio positivo. Pero ninguna de estas cosas son el contenido de las buenas noticias de gran gozo. Continuar leyendo Nuevas de gran gozo.

Le pondrá por nombre Emanuel.

La adoración de los pastores.

Entre las muchas profecías acerca del Mesías prometido por Dios a través de los profetas del Antiguo Testamento, se encuentra la siguiente: “Por tanto, el Señor mismo os dará una señal: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel” (Isaías 7:14). Siglos después, Mateo (inspirado por Dios) relató el cumplimiento de está profecía. La virgen era María (Mt. 1:28) y su hijo primogénito (i.e. Jesús) es Emmanuel. Mateo 1:21-23 dice: “Y dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque El salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había hablado por medio del profeta, diciendo: HE AQUI, LA VIRGEN CONCEBIRA Y DARA A LUZ UN HIJO, Y LE PONDRAN POR NOMBRE EMMANUEL, que traducido significa: DIOS CON NOSOTROS”.

Aunque es sorprendente que una virgen, quien no había tendido relaciones sexuales, concibiera y diera a luz un hijo; más sorprendente es a quien esta virgen concibió y dio a luz. Como el nombre “Jesús” hace referencia a Su persona y Su oficio, así también el nombre “Emmanuel”. Mateo nos da el significado de “Emmanuel”: “DIOS CON NOSOTROS”. No hay otra persona, aparte de Jesús, a quien le quede mejor este nombre; porque sólo Jesús es realmente lo que este nombre significa.

Al decir que Jesús es “Emmanuel” se quiere significar, en primer lugar, que Jesús es Dios mismo en esencia. Esto es glorioso. El Dios que trasciende los cielos y la tierra, quien desde la eternidad es; el Dios auto-suficiente; la Causa no causada de todo lo que existe; el Creador y Sustentador de todo el universo; El fin para el cual todo existe, por lo tanto, toda la creación a Él solo debe darle la gloria; este es Jesús. Continuar leyendo Le pondrá por nombre Emanuel.

Oíd un son en alta esfera.

Oíd un son en alta esfera:
“¡En los cielos gloria a Dios!
¡Al mortal paz en la tierra!”
canta la celeste voz.
Con los cielos alabemos,
al eterno Rey cantemos,
A Jesús que es nuestro bien,
con el coro de Belén;

Canta la celeste voz:
“¡En los cielos gloria a Dios!”.

El Señor de los señores,
el Ungido celestial,
Por salvar a pecadores
toma forma corporal.
¡Gloria al Verbo encarnado,
en humanidad velado!
¡Gloria a nuestro Redentor,
a Jesús, Rey y Señor!

Canta la celeste voz:
“¡En los cielos gloria a Dios!”.

Príncipe de paz eterna,
gloria a ti, Señor Jesús;
Con tu vida y con tu muerte,
nos ofreces vida y luz.
Has tu majestad dejado,
a buscarnos te has dignado;
Para darnos el vivir,
A la cruz fuiste a morir.

Canta la celeste voz:
“¡En los cielos gloria a Dios!”.

Letra: Charles Wesley, 1739, adapt. George Whitefield, 1753, trad. Federico Fliedner. Música: Felix Mendelssohn, 1840, arreg. William H. Cummings, 1856.

Problemas del evangelio de la prosperidad: no es tan bueno.

El evangelio de la prosperidad puede parecer –para muchos– algo bueno, excelente; pero al compararlo con el evangelio verdadero, el evangelio de Jesucristo, nos damos cuenta de que el evangelio de Jesucristo tiene más peso, el evangelio de Jesucristo es muchísimo mejor. En comparación con el evangelio de Jesucristo, el evangelio de la prosperidad no es lo suficientemente bueno.

Consideremos nuevamente Efesios 1:3: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo” (Ef. 1:3). Nótese que Pablo bendice a Aquel (i.e. Dios Padre) que ya había bendecido tanto a él (Pablo) como a todo creyente («Bendito sea el Dios… que nos ha bendecido»). Nosotros bendecimos a Dios no para que nos bendiga, sino porque Él ya nos ha bendecido. ¿Gracias a quién hemos sido bendecidos? Gracias a Cristo, en quien nuestra vida está escondida. ¿Cómo se describe toda esta bendición? Espiritual en los lugares celestiales. Dentro de toda esta bendición espiritual se encuentra nuestra elección (v. 4a), nuestra completa santificación (v. 4b), nuestra predestinación en amor y adopción (v. 5), nuestra aceptación ante Él (v. 6), nuestra redención (v. 7a), el perdón de nuestros pecados (v. 7b) y el Espíritu Santo habitando en nosotros (v. 13), que garantiza «una herencia incorruptible, inmaculada, y que no se marchitará, reservada en los cielos» (v. 14; cf. 1 P. 1:4). ¡Es con toda esta bendición espiritual y celestial que hemos sido bendecidos!

¿Te das cuenta por qué el evangelio de la prosperidad no se compara con el evangelio verdadero de Jesucristo? No hay nada mejor que ser adoptados como hijos de Dios; no hay nada mejor que ser aceptos, por Jesucristo, ante Dios; no hay nada mejor que la tercera persona de la trinidad (i.e. Espíritu Santo) habitando en nosotros. Lo celestial y eterno siempre es mejor que lo terrenal y temporal; lo que no se deteriora ni se agota siempre es mejor que lo que se deteriora y se agota; lo incorruptible siempre es mejor que lo corruptible.

Así que, cristiano, alégrate y bendice a Dios. Porque aunque ahora no tengas salud física, tú tienes la salud de tu alma (salvación); aunque ahora no tengas paz externa, tú has sido reconciliado con Dios por medio de Jesucristo (2 Co. 5:19); aunque seas pobre, eres rico espiritualmente (Ap. 2:9) –pobre mendigo es todo aquel que poseyendo todo en este mundo, no ha sido bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales. ¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo!

1ra parte; 2da parte