La pasión de la carne, de los ojos y la arrogancia.

En el capĆ­tulo 2 de su primera carta, el apóstol Juan (inspirado por Dios) dice que no debemos amar las cosas que estĆ”n en el mundo (v. 15). Ahora, al decir ā€œlas cosas que estĆ”n en el mundoā€, Juan no quiere decir que es pecaminoso ir a la playa, tener un plato de comida favorito, amar a tu mascota, que te gusten las flores o admirar una puesta de sol.

Juan no estĆ” prohibiendo que apreciemos la creación de Dios. De hecho, como dijo Matthew Henry, ā€œel mundo fĆ­sico es bueno y debe ser admirado como la obra de Dios y como un espejo en el cual Sus perfecciones brillanā€.

LAS COSAS EN EL MUNDO

Si Juan no estĆ” prohibiendo que disfrutemos el mundo fĆ­sico que Dios creó, Āæentonces a quĆ© se refiere Juan? En el versĆ­culo siguiente Ć©l responde: ā€œla pasión de la carne, la pasión de los ojos, y la arrogancia de la vidaā€ (v. 16).

La pasión de la carne: ā€œcarneā€ aquĆ­ se refiere a la naturaleza pecaminosa que se opone al EspĆ­ritu Santo de Dios. Ɖsta tiene deseos o pasiones fuertes que someten al cuerpo. Una lista corta de los deseos de la carne la encontramos allĆ” en Romanos 13:13 que menciona: orgĆ­as, borracheras, promiscuidad sexual, lujurias, pleitos y envidias. Una lista mĆ”s extensa la encontramos allĆ” en GĆ”latas 5:19-21 que dice: ā€œinmoralidad, impureza, sensualidad, idolatrĆ­a, hechicerĆ­a, enemistades, pleitos, celos, enojos, rivalidades, disensiones, herejĆ­as, envidias, borracheras, orgĆ­asā€.

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¿En quién confías?

Los capĆ­tulos 36 al 39 del libro del profeta IsaĆ­as son como un puente histórico que conecta los capĆ­tulos 1 al 35 con los capĆ­tulos 40 al 66 de IsaĆ­as. Y lo que se relata en estos capĆ­tulos nos llama a confiar en Dios y, al mismo tiempo, nos asegura que los que en Ɖl confĆ­an no serĆ”n decepcionados.

ā€œĀæQuĆ© confianza es esta que tĆŗ tienes?ā€ o en otras palabras ā€œĀæEn quiĆ©n confĆ­as?ā€ –fue la pregunta del rey de Asiria (Senaquerib) para el rey de JudĆ” (EzequĆ­as)–. IsaĆ­as 36 comienza diciendo que el rey Senaquerib subió contra las ciudades fortificadas de JudĆ” y las tomó (v. 1).

UN REY MUY ARROGANTE

Senaquerib era un rey muy arrogante: Ć©l no solamente envió un gran ejĆ©rcito contra el rey EzequĆ­as, sino que tambiĆ©n –en palabras de su copero mayor– se autoproclamó ā€œel gran reyā€ (v. 4), mientras que al rey de JudĆ” solamente llamó ā€œEzequĆ­asā€; dijo que el menor de sus siervos podĆ­a acabar con Ć©l (v. 9), dijo que tanto el rey como todo JerusalĆ©n iban a comer su propio excremento y beber su propia orina (v. 12), dijo que EzequĆ­as era un engaƱador si decĆ­a que JerusalĆ©n serĆ­a librada (v. 14). La arrogancia de este rey estaba basada en sus logros pasados: Ć©l habĆ­a conquistado varias naciones como Hamat y Arfad, Sefarvaim, Samaria, Hena e Iva.

Las palabras de Senaquerib eran una afrenta no sólo para el rey Ezequías y los habitantes de Jerusalén, sino también para Dios mismo. El rey de Asiria dijo que como los dioses de las naciones que él había conquistado no pudieron salvarlas, así tampoco el Señor podría salvar a Jerusalén.

Senaquerib estaba en lo cierto al decir que el rey de Egipto no podƭa salvar a JerusalƩn, Ʃl estaba en lo cierto al decir que el rey Ezequƭas (por sƭ solo) no podƭa salvarlos. Pero Senaquerib estaba equivocado al pensar que el SeƱor era igual a los dioses de las otras naciones.

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