¿Por qué no reescribimos las estrellas?

“Rewrite the stars” [Reescribir las estrellas] es una canción interpretada por Zac Efron y Zendaya, que forma parte de la banda sonora de la película “El gran showman”. Con esta canción Phillip Carlyle (Zac Efron) busca convencer a Anne Wheeler (Zendaya) de que ellos pueden estar juntos a pesar de los obstáculos en su camino.

La primera estrofa y el coro de la canción dicen:

“Sé que te quiero;
no es algo que hay que ocultar.
Sé que me quieres;
no digas que nada hay que hacer.
Crees que jamás pasará
y que el destino te arrastra más;
no te puedo alcanzar.
Pero estás en mi interior
y ¿quién me puede negar si yo
me siento así por ti?

Hay que la historia cambiar;
que somos tal para cual.
Nada nos va a separar,
eres a quien yo debía hallar.
Es tu elección y es mi elección;
no hay quien nos diga la dirección.
¿Por qué no la historia cambiar?
El mundo, un día, de los dos será” (Trad.: Aki Chan).

Básicamente, Phillip cree que el destino de las personas no está escrito y que cada quien lo escribe. Él siente y está determinado a que su destino sea estar con Anne. Continúa leyendo ¿Por qué no reescribimos las estrellas?

Spurgeon sobre “La unión con Cristo”.

Los creyentes son miembros del cuerpo de Cristo, y así son uno con él por una unión de amor, viva y permanente. Dios nos ha llamado a esta unión, comunión, asociación, y por medio de este hecho nos ha dado la prueba y promesa de que seremos confirmados hasta el fin. Si Dios nos considerase separadamente de Cristo, seríamos pobres seres, perecederos, nos disolveríamos pronto y seríamos llevados a la destrucción; pero siendo uno con Cristo somos participantes de su naturaleza y estamos dotados de su vida inmortal. Nuestro destino está unido con el de Cristo, mientras él no sea destruido, no es posible que perezcamos nosotros.

Reflexiona mucho en esta comunión con el Hijo de Dios, a la cual has sido llamado, porque en ella radica toda tu esperanza. Nunca podrás ser pobre mientras Jesús sea rico, ya que eres partícipe de lo suyo. ¿Qué te podrá faltar, si eres copropietario con el Dueño del cielo y de la tierra? Nunca podrás fracasar, porque si bien uno de los socios es pobre como ratón de iglesia y está tan en bancarrota que no puede pagar ni lo más mínimo de sus deudas, el otro socio es inconcebiblemente rico en tesoros inagotables. Por medio de tal comunión superas toda depresión de esta época, de los cambios futuros y del shock del fin de todas las cosas. El Señor te ha llamado a la comunión con su Hijo Jesucristo y por ese acto y obra te ha colocado en una posición de seguridad infalible. Continúa leyendo Spurgeon sobre “La unión con Cristo”.

Mi destino eterno.

¿Cree usted que Jesús es la persona a la que usted podría confiarle su vida por toda la eternidad?” –pregunta Wayne Grudem en la sección de preguntas de aplicación personal de su Teología Sistemática. Recuerdo la primera vez que leí esta pregunta, estaba leyendo el capítulo 26 (acerca de la persona de Cristo) de la Teología Sistemática de Grudem como parte de las tareas asignadas en el seminario de teología. Ya era tiempo de ir a la cama, pero esa pregunta me puso a pensar mucho. Cómo dormiría esa noche dependería de qué respuesta diera a esa pregunta.

Mi padre me dijo en una ocasión –mientras nos dirigíamos a una barbería: “No le confíes tu cuello a cualquier persona“. Entendí lo que mi padre quiso significar con esas palabras: cada vez que me estuviera en el asiento de una barbería, mi cuello (mi vida) estaba en juego; por lo tanto, debía ser muy cuidadoso con quién sería mi barbero. Ahora, nótese que la pregunta de Grudem hace referencia a la vida «por toda la eternidad». Es decir que aquí estamos hablando de mi destino eterno. Nótese, también, que la pregunta de Grudem no es si crees que Jesús es una persona a quien podrías confiarle tu destino eterno, sino que dice: “la persona”. Es decir, la única, la mejor persona.

Mi respuesta a la pregunta es afirmativa: “Sí, estoy plenamente convencido de que Jesús es la persona a la cual podría confiarle mi vida por toda la eternidad –y la he confiado a Él. Pues Él es mi Señor (Lc. 2:11), Él es el Mesías prometido por Dios (Jn. 4:25,26), Él es el único y suficiente salvador (Mt. 1:21). Sólo Él vivió en obediencia a la ley de Dios y nunca pecó. Vivió para mi salvación (Ro. 5:10), murió para el perdón de mis pecados (Is. 53:5) y resucitó para mi justificación (Ro. 4:25). Yo creó en Sus palabras como certísimas: “al que viene a mí, de ningún modo lo echaré fuera… En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna” (Jn. 6:37,47)”.

Querido lector, ahora yo te pregunto –responde con sinceridad: ¿Crees tú que Jesús es la persona a la que podrías confiarle tu vida por toda la eternidad? J. C. Ryle dijo, acerca de un cristiano verdadero, que «quizá a veces diga que se siente como que no tiene nada de fe. Pero pregúntele si está dispuesto a confiar en otra cosa en lugar de Cristo, y vea lo que dice. Pregúntele si está dispuesto a basar su esperanza de vida eterna en su propia bondad, sus propias obras, sus oraciones, su pastor o su iglesia, y note su respuesta». Tu destino eterno está en juego y éste es demasiado importante como para dejarlo en mano de cualquier persona. ¿A quién confiaras tu destino eterno? Si lo confías a otra persona que no sea Jesús, ciertamente serás avergonzado. ¡Confía en, entrégate a Jesús!