6 canciones gratis de Alabanzaré.

Refugio de Gracia“Antiguos himnos. Nueva música. Eterno evangelio.” es el lema de Alabanzaré (que significa Alabanza Reformada). Como es claro en ese lema, el ministerio Alabanzaré busca proveer canciones teológicamente correctas y musicalmente buenas. Una manera en la cual ellos hacen esto es poniendo nueva música a antiguos himnos centrados en Dios.

Este ministerio está regalando seis canciones, las cuales forman parte de su álbum musical titulado “Refugio de Gracia”. He aquí las canciones:

  1. A Dios, naciones, dad loor (letra por Isaac Watts);
  2. Cariñoso Salvador (letra por Charles Wesley);
  3. Cuán dulce el nombre de Jesús (letra por John Newton);
  4. Por la gracia (letra por Jared Weatherholtz);
  5. Oí la voz del Salvador (letra por Horatius Bonar);
  6. Cristo, hazme ver tu cruz (letra por William Booth y Jennie E. Hussey).

Puedes descargar gratuitamente estas canciones en el siguiente enlace: http://noisetrade.com/alabanzare/refugio-de-gracia-sampler

La gracia en los Macedonios: el evangelio.

El apóstol Pablo no tan solo dio a conocer a los corintios acerca de la gracia de Dios dada a las iglesias de Macedonia como un estímulo para que ofrenden; sino que también presentó a Jesucristo como el ejemplo supremo de que el amor se muestra como sincero cuando da. 2 Corintios 8:9 dice: “Porque conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, sin embargo por amor a vosotros se hizo pobre, para que vosotros por medio de su pobreza llegarais a ser ricos”.

¿En qué consiste esta gracia de nuestro Señor Jesucristo? Consiste, en primer lugar, en que Jesucristo «siendo rico… por amor a vosotros se hizo pobre». ¿Quién es Jesucristo? Él es el Salvador (Jesús), el Mesías prometido (Cristo), pero también Él es el Señor (Dios mismo). Como Dios, Él es glorioso desde antes de la creación del mundo (Jn. 17:5); a Él le pertenece el oro y la plata (Hag. 2:8); Él es tan rico que Él es quien da las riquezas a los ricos (1 Ti. 6:17); Él no solamente es dueño del oro y la plata, sino también del mundo y todo lo que en él hay (Sal. 50:12). Sin embargo, se hizo pobre. «El Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros» –dice Juan 1:14–; cuando Jesús nació, sus padres terrenales lo acostaron en un pesebre [cajón donde se echa la comida a los animales] ya que no había lugar para ellos en el Mesón (Lc. 2:7). En Filipenses 2:7, 8 se dice acerca de Jesucristo: “se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”. Y preguntamos: «Señor Jesucristo, ¿qué había en tu corazón al hacer esto? ¿Por qué te humillaste tanto?». Él nos responde a través de 2 Corintios 8:9: “por amor a vosotros”.

Esta gracia de nuestro Señor Jesucristo consiste, en segundo lugar, en lo siguiente: “para que vosotros por medio de su pobreza llegarais a ser ricos”. Anteriormente vimos el por qué (razón o causa): amor por ti y por mí. Ahora vemos el para qué (propósito): nuestra riqueza espiritual. Jesucristo bajó, para subirnos a nosotros; se humilló, para llevarnos a la gloria; no se salvó (Mt. 27:40-43), para salvarnos a nosotros. Nosotros llegamos a ser ricos por medio de Su pobreza, fuimos enriquecidos a expensas de Su pobreza. Todo esto no fue un accidente, sino un acto consciente, intencional y amoroso de nuestro Señor Jesucristo. Por Su obediencia hasta la muerte de cruz hemos sido enriquecidos con la adopción como hijos de Dios, hemos sido enriquecidos con la segura aceptación delante de Dios Padre, hemos sido enriquecidos con la redención, hemos sido enriquecidos con el perdón de pecados, hemos sido enriquecidos con la morada de Su Santo Espíritu en nosotros, hemos sido enriquecidos con una gran herencia reservada en los cielos.

¿No abunda más nuestro amor por Jesucristo al contemplar Su gran amor por nosotros? ¿No es el dar (monetaria y físicamente) una de las formas de demostrar la sinceridad de nuestro amor (1) por Aquel por cuya pobreza llegamos a ser ricos y (2) por nuestros hermanos en necesidad?

1ra parte; 2da parte

Bridges sobre «El oriente del occidente».

El Salmo 103:12 dice: “Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones”. ¿A qué distancia está el oriente del occidente? Si uno se dirige al norte desde cualquier punto de la tierra, al final cruzará el polo norte y seguirá después hacia el polo sur, pero no ocurre lo mismo cuando uno va hacia el oriente o hacia el occidente. Si uno comienza yendo al occidente y continúa en esa dirección, estará yendo siempre hacia el occidente. El norte y el sur se tocan en el polo norte, pero el oriente y el occidente jamás lo hacen.

De modo que, en un sentido, hay una distancia infinita entre ellos. Por lo tanto, cuando Dios dice que Él aleja nuestras rebeliones de nosotros cuanto está lejos el oriente del occidente, lo que está diciendo es que nuestras rebeliones han sido lanzadas a una distancia infinita de nosotros. Pero ¿cómo podemos tener un “asidero” en esta verdad abstracta de modo que tenga significado en nuestra vida?

Cuando Dios emplea esta expresión metafórica para explicar el alcance de su perdón de nuestros pecados, está diciendo que su perdón es total, completo e incondicional. Está diciendo que Él no lleva una cuenta de nuestros pecados. “No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados” (Salmo 103:10). ¡Sí, eso es lo que Dios dice realmente! Sé que parece demasiado bueno para ser cierto, y tengo que confesar que casi vacilo al escribir estas palabras porque resultan tan extrañas a nuestros conceptos innatos en cuanto a castigo y recompensas.

Pero esas misericordiosas palabras están en la Biblia, y son palabras dichas por Dios. ¿Cómo es posible que Dios haga esto? ¿Cómo puede Él pasar por alto nuestras rebeliones y decir que las aleja a una distancia infinita de nosotros? La respuesta es que lo hace por su gracia a través de Jesucristo. Como ya hemos visto antes en este capítulo, Dios puso nuestros pecados sobre Cristo y éste llevó el castigo que nosotros debiéramos haber llevado. Pero por la muerte de Jesucristo en nuestro lugar, la justicia de Dios ha sido ya totalmente satisfecha, y el puede ahora, sin violar su justicia o su ley moral, perdonarnos de gracia, completa y absolutamente. Él puede ahora extendernos su gracia; puede mostrar su favor a quienes, por sí mismos, son sólo merecedores de la ira divina.


Este artículo es un extracto tomado de: Jerry Bridges. La gracia transformadora (Deerfield, Florida: Editorial Vida, 1995), pp. 37, 38.

1ra parte; 2da parte

Spurgeon sobre “La unión con Cristo”.

Los creyentes son miembros del cuerpo de Cristo, y así son uno con él por una unión de amor, viva y permanente. Dios nos ha llamado a esta unión, comunión, asociación, y por medio de este hecho nos ha dado la prueba y promesa de que seremos confirmados hasta el fin. Si Dios nos considerase separadamente de Cristo, seríamos pobres seres, perecederos, nos disolveríamos pronto y seríamos llevados a la destrucción; pero siendo uno con Cristo somos participantes de su naturaleza y estamos dotados de su vida inmortal. Nuestro destino está unido con el de Cristo, mientras él no sea destruido, no es posible que perezcamos nosotros.

Reflexiona mucho en esta comunión con el Hijo de Dios, a la cual has sido llamado, porque en ella radica toda tu esperanza. Nunca podrás ser pobre mientras Jesús sea rico, ya que eres partícipe de lo suyo. ¿Qué te podrá faltar, si eres copropietario con el Dueño del cielo y de la tierra? Nunca podrás fracasar, porque si bien uno de los socios es pobre como ratón de iglesia y está tan en bancarrota que no puede pagar ni lo más mínimo de sus deudas, el otro socio es inconcebiblemente rico en tesoros inagotables. Por medio de tal comunión superas toda depresión de esta época, de los cambios futuros y del shock del fin de todas las cosas. El Señor te ha llamado a la comunión con su Hijo Jesucristo y por ese acto y obra te ha colocado en una posición de seguridad infalible. Continuar leyendo Spurgeon sobre “La unión con Cristo”.