Los creyentes son miembros del cuerpo de Cristo, y asĂ son uno con Ă©l por una uniĂłn de amor, viva y permanente. Dios nos ha llamado a esta uniĂłn, comuniĂłn, asociaciĂłn, y por medio de este hecho nos ha dado la prueba y promesa de que seremos confirmados hasta el fin. Si Dios nos considerase separadamente de Cristo, serĂamos pobres seres, perecederos, nos disolverĂamos pronto y serĂamos llevados a la destrucciĂłn; pero siendo uno con Cristo somos participantes de su naturaleza y estamos dotados de su vida inmortal. Nuestro destino está unido con el de Cristo, mientras Ă©l no sea destruido, no es posible que perezcamos nosotros.
Reflexiona mucho en esta comuniĂłn con el Hijo de Dios, a la cual has sido llamado, porque en ella radica toda tu esperanza. Nunca podrás ser pobre mientras JesĂşs sea rico, ya que eres partĂcipe de lo suyo. ÂżQuĂ© te podrá faltar, si eres copropietario con el Dueño del cielo y de la tierra? Nunca podrás fracasar, porque si bien uno de los socios es pobre como ratĂłn de iglesia y está tan en bancarrota que no puede pagar ni lo más mĂnimo de sus deudas, el otro socio es inconcebiblemente rico en tesoros inagotables. Por medio de tal comuniĂłn superas toda depresiĂłn de esta Ă©poca, de los cambios futuros y del shock del fin de todas las cosas. El Señor te ha llamado a la comuniĂłn con su Hijo Jesucristo y por ese acto y obra te ha colocado en una posiciĂłn de seguridad infalible. Continuar leyendo Spurgeon sobre “La uniĂłn con Cristo”.