La lucha de Habacuc y la nuestra.

El profeta Habacuc fue llamado por Jerónimo como ā€œLuchadorā€, porque luchó con Dios. Pero la lucha que este profeta sostuvo no fue la misma lucha que Jacob tuvo con Dios. Lutero nos explicó la lucha de Habacuc cuando dijo que ā€œen su libro vemos a un hombre en lucha intensa, tratando de penetrar en el obsesionante problema de la justicia divinaā€.

Como un verdadero siervo de Dios, el pecado de JudĆ” era algo que molestaba a este profeta. Habacuc clamó a Dios. Pero Ć©l no se esperaba que Dios respondiera a esa situación de la manera que lo hizo: Dios usarĆ­a a los caldeos (Babilonia), un pueblo ā€œferoz e impetuosoā€, para castigar a JudĆ” por su pecado.

Y es en este contexto que Habacuc dijo lo siguiente:

ā€œMuy limpios son Tus ojos para mirar el mal, y no puedes contemplar la opresión. ĀæPor quĆ© miras con agrado a los que proceden pĆ©rfidamente, y guardas silencio cuando el impĆ­o devora al que es mĆ”s justo que Ć©l?ā€ (1:13).

DIOS ES PURO

El profeta Habacuc comenzó afirmando como verdadero algo acerca de Dios: ā€œMuy limpios son Tus ojos para mirar el malā€. Nótese que las palabras del profeta no fueron que Dios no peca, aunque obviamente eso estaba implicado. Las palabras del profeta tampoco fueron que Dios no es partĆ­cipe del pecado de los hombres, aunque esto tambiĆ©n estaba implicado.

Las palabras del profeta fueron mucho mĆ”s allĆ” de las dos declaraciones anteriores: Dios es muy puro, santo en un nivel superlativo. ĀæHas escuchado la expresión ā€œhacerse de la vista gordaā€? Se usa de alguien que finge no haber visto una injusticia para no corregirla o denunciarla. Dios no puede hacerse de la vista gorda; Su naturaleza no le permite mirar al pecado y fingir que nada malo estĆ” pasando.

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Cielo – Dios = Tragedia.

Hace ya varios SĆ”bados que un grupo de jóvenes y yo hemos estado estudiando el libro No desperdicie su vida, escrito por John Piper. En el dĆ­a de ayer estudiĆ”bamos la primera parte del capĆ­tulo 3, allĆ­ hay un pĆ”rrafo que llamó mi atención y me hizo reflexionar –lo citarĆ© para que lo consideres detenidamente:

ā€œQuizĆ” no estemos seguros acerca de querer que nuestra vida se destaque. QuizĆ” no nos importe mucho si logramos distinguirnos por algo grandioso. Solo queremos que la gente nos quiera. Nos sentimos satisfechos si a las personas les gusta estar con nosotros. O si tenemos un buen empleo, una buena esposa, o esposo, buenos hijos y un lindo automóvil, largos fines de semana, unos pocos buenos amigos, una buena jubilación, una muerte rĆ”pida y sin sufrimiento y nada de infierno. Si pudiĆ©ramos tener todo eso (aun sin Dios), nos sentirĆ­amos satisfechos. Esta es una tragedia en potencia. Una vida desperdiciadaā€ (p. 43).

Preguntaba, durante el estudio, tanto a mĆ­ mismo como a los demĆ”s: ĀæEs eso cierto? ĀæPienso yo que estarĆ­a satisfecho si pudiera tener todo eso, pero sin Dios? Si agregĆ”ramos el dinero a la descripción, eso serĆ­a para muchos como Ā«un cielo sin DiosĀ». ĀæEscogerĆ­a yo Ā«un cielo sin DiosĀ»?Ā Esas son preguntas que tambiĆ©n tĆŗ, amigo lector, deberĆ­as hacerte a ti mismo. Continuar leyendo Cielo – Dios = Tragedia.