Edwards sobre ā€œLos atributos de Dios estĆ”n de tu ladoā€.

A todos los verdaderos cristianos:

TĆŗ has escuchado quĆ© ser superlativamente excelente es tu Dios. Sus excelencias son motivo de gozo y consuelo para ti; puedes sentarte y meditar en ellas con placer y deleite. Los pensamientos acerca de la grandeza, el poder, la santidad, y la justicia de Dios son motivo de terror para el impĆ­o, y serĆ”n motivo de terrible asombro para ellos por siempre; pero Ć©stos son consoladores y causa de gozo para ti. Los mĆ”s terribles y espantosos atributos de Dios no necesitan ser terribles para ti, sino consoladores. Puedes pensar en su gran poder, en su terrible majestad, en su justicia vindicativa, con gozo, asĆ­ como pensar en su misericordia y bondad; puedes pensar con gozo en que Ɖl es un fuego consumidor, asĆ­ como pensar en que Ɖl es la Rosa de Sarón y el Lirio de los Valles, porque todos sus atributos estĆ”n en de tu lado; su justicia y santidad, asĆ­ como su misericordia, amor, y compasión. Puedes pensar en su descenso del cielo para juicio en su terrible majestad, y todo el mundo cayendo en pedazos ante Ɖl con terremotos y truenos y relĆ”mpagos, y los demonios y los hombres impĆ­os temblando en horror inexpresable y en asombro ante la vista de Ɖl, con tanto consuelo como puedes pensar en Ɖl colgando en la cruz. Has sido librado de la ira de este terrible Ser, estĆ”s en Cristo, un refugio seguro contra todo peligro, y donde nunca necesitas temer la sensación de su venganza. Su ira serĆ” derramada sobre sus enemigos, pero tĆŗ estĆ”s seguro y no necesitas temer: estĆ”s fuera del camino de ese torrente de azufre que enciende el fuego del infierno, y te has acercado al monte de Sión, la ciudad del Dios vivo, a la JerusalĆ©n celestial, a mirĆ­adas de Ć”ngeles, a laĀ asamblea general e iglesia de los primogĆ©nitos que estĆ”n inscritos en los cielos, y a Dios el Juez de todos, y a los espĆ­ritus de los justos hechos ya perfectos, y a JesĆŗs el mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la sangre de Abel. Continuar leyendo Edwards sobre ā€œLos atributos de Dios estĆ”n de tu ladoā€.

Edwards sobre Ā«La humildad espiritualĀ».

La humildad espiritual es el convencimiento que un cristiano tiene de cuÔn insuficiente y detestable es, cosa que lo lleva a abatirse a sí mismo, exaltando únicamente a Dios. Al mismo tiempo, hay otra clase de humildad que podemos llamar humildad legal. La humildad legal es un experiencia que solo los no creyentes pueden experimentar. La ley de Dios obra en sus conciencias y hace que vean lo inhabilitados y pecadores que son. Sin embargo, no ven la naturaleza odiosa del pecado, ni lo rechazan en sus corazones, ni se entregan a Dios. Se sienten humillados como a la fuerza, pero no tienen humildad. Sienten lo que toda persona impía y el diablo, sentirÔn en el día del juicio: convicción, humillación y la obligación de admitir que Dios tiene la razón. Con todo, siguen siendo inconversos.

La humildad espiritual, por contraste, nace del sentido que el verdadero cristiano tiene de la hermosura y la gloria de la santidad de Dios. Hace que sienta lo vil y despreciable que es en sƭ mismo debido a su pecaminosidad. Lo lleva a postrarse libre y gozosamente a los pies de Dios, negƔndose a sƭ mismo y renunciado a sus pecados.

La humildad espiritual pertenece a la esencia de la verdadera religión. Quienes no la tienen no son cristianos genuinos, por mĆ”s maravillosas que sean sus experiencias. Las Escrituras dan abundante testimonio de la necesidad de esta humildad: ā€œCercano estĆ” JehovĆ” a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espĆ­rituā€ (Salmo 34:18). ā€œLos sacrificios de Dios son el espĆ­ritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarĆ”s tĆŗ, oh Diosā€ (Salmo 51:17). ā€œJehovĆ” dijo asĆ­: El cielo es mi trono, y la tierra estrado de mis pies… pero mirarĆ© a aquel que es pobre y humilde de espĆ­ritu, y que tiembla a mi palabraā€ (IsaĆ­as 66:1-2). ā€œBienaventurados los pobres en espĆ­ritu, porque de ellos es el reino de los cielosā€ (Mateo 5:3). TambiĆ©n vĆ©ase la parĆ”bola del fariseo y el publicano en Lucas 18:9-14.

La humildad espiritual es la esencia de la abnegación del cristiano, la cual consta de dos partes: Primero, un hombre tiene que negar sus inclinaciones mundanas y abandonar todo deleite pecaminoso. DespuĆ©s, debe negar su justicia propia y su preocupación personal, cosas que le nacen por naturaleza. La segunda parte es la mĆ”s difĆ­cil de hacer. Muchos han hecho la primera sin hacer la segunda; han rechazado los placeres materiales, pero siguen disfrutando el placer diabólico del orgullo. Continuar leyendo Edwards sobre Ā«La humildad espiritualĀ».

Resoluciones de Jonathan Edwards.

Alrededor del 1722, Jonathan Edwards, pastor y teólogo protestante, elaboró 70 resoluciones cuya intención fue mover a Edwards (él mismo) a vivir una vida completamente para la gloria de Dios y el beneficio del resto de la humanidad. Edwards dijo:

ā€œEstando consciente de que soy incapaz de hacer alguna cosa sin la ayuda de Dios, humildemente le ruego, que por Su gracia, me permita mantener estas resoluciones, en la medida en que Ć©stas estĆ©n de acuerdo a Su voluntad, por la causa de Cristoā€.

He aquĆ­ algunas de sus resoluciones:

  • #1. Resuelvo, que harĆ© lo que piense que sea para la mayor gloria de Dios y para mi propio bien, ganancia y placer, en todo mi tiempo; no teniendo ninguna consideración del tiempo, ya sea ahora o nunca, ni por millares de edades desde hoy. Resuelvo, hacer todo lo que considere mi deber, sobre todo para el bien y la ganancia de la humanidad en general. Resuelvo, por tanto, hacerlo no importando las dificultades con que me encuentre, ni cuantas, ni cuĆ”n grandes que sean.
  • #2. Resuelvo, estar continuamente tratando de encontrar alguna nueva idea o invento para promover la cosas anteriormente mencionadas.
  • #5. Resuelvo, nunca perder ni un momento de tiempo, sino perfeccionarlo de la forma mĆ”s provechosa que yo pueda.
  • #17. Resuelvo, que yo vivirĆ© asĆ­ como hubiera deseado haberlo hecho cuando muera.
  • #20. Resuelvo, mantener la estricta sobriedad en el comer y el beber.
  • #24. Resuelvo, siempre que yo haga cualquier acción conspicua y maligna seguirĆ© su rastro, hasta que llegue a la causa que la originó y entonces, me esforzarĆ© cuidadosamente en no volver a hacerla y a pelear y a orar con toda mi fuerza en contra de la causa.
  • #39. Resuelvo, nunca hacer nada de lo cual yo tenga duda de su legalidad, esto es lo que trato, y al mismo tiempo, considerar y examinar despuĆ©s, si fuera legal o no; a menos que dudara yo mucho de la legalidad de la omisión.
  • #43. Resuelvo, nunca, de ahora en adelante, y hasta que yo muera, actuar como si me perteneciera a mi mismo, sino completamente y para siempre a Dios; ya que es agradable ser hallado asĆ­.
  • #52.Ā Resuelvo, que vivirĆ© asĆ­ como pienso que yo desearĆ­a haberlo hecho, suponiendo que viva hasta una edad avanzada.
  • #68. Resuelvo, confesarme francamente a mi mismo, todo lo que encuentro en mi ser ya sea enfermedad o pecado; y si ello fuera algo concerniente a la religión, tambiĆ©n confesarle todo el asunto a Dios e implorarle que necesito su ayuda.

Descargar resoluciones