Salmo 51 (CompadĂ©cete de mĂ­) – AlabanzarĂ©

LETRA

Compadécete de mí,
Pues, oh Dios, yo clamo a ti;
Y con noble compasiĂłn
Borra tĂş mi rebeliĂłn.
Y hazme puro en verdad,
Redimiendo mi maldad.

He pecado contra ti,
Y dolor yo siento en mĂ­.
Pues tu gracia desprecié,
Y tus leyes quebranté;
Tú eres justo, oh Señor,
Más yo pobre pecador.

En pecado yo nacĂ­,
Nada bueno hay en mĂ­;
SĂłlo en ti hay salvaciĂłn,
TĂş das luz al corazĂłn,
Ven entonces a mi ser,
Y hazlo tĂş resplandecer.

Letra por Richard Redhead. Traductor Wayne Anderson. Música por Christopher Miner © 1997 Christopher Miner Music

Él tratado como pecador, nosotros como justos.

Entre esos versículos bíblicos en los cuales se encuentra resumido el evangelio de Jesucristo, uno de mis favoritos es 2 Corintios 5:21, el cual dice: “Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en El”.

En el contexto de este versículo se nos habla de cómo el ofendido (Dios) busca la paz con los ofensores (nosotros), «no tomando en cuenta a los hombres sus transgresiones». Y aunque alabamos al Dios de toda gracia por tal obra, no dejamos de preguntarnos cómo Dios pudo hacer eso y seguir siendo justo. Bueno, 2 Corintios 5:21 es la respuesta a esa pregunta.

Jesucristo es descrito aquí como el «que no conoció pecado». Jesucristo no conoció pecado en la práctica. Él fue el único que siempre hizo el bien (siempre obedeció la ley de Dios) y nunca pecó (nunca desobedeció). El profeta dijo de Él: “no había hecho violencia, ni había engaño en su boca” (Is. 53:9). Uno de sus discípulos lo describió como: “el justo” (1 Jn. 2:1). Y ni aun sus enemigos pudieron apuntar con verdad su dedo acusador hacia él (Mt. 26:60).

A ese Jesucristo, Dios «le hizo pecado por nosotros». Ya hemos visto que Jesucristo no fue un pecador y que nunca pecó, por lo tanto lo que esto quiere decir es que Dios trató a Jesucristo como si fuera un pecador. Jesucristo sufrió la ira divina, fue maldecido, condenado, castigado como si hubiera sido un desobediente, un borracho, un homicida, un inmoral, un mentiroso, un homosexual, un ladrón, un idólatra, un maldiciente, un estafador, un iracundo, un envidioso.

Y todo eso fue hecho «para que fuéramos hechos justicia de Dios en El». Para que nosotros los pecadores, que nos arrepentimos de nuestros pecados y confiamos en Él como Salvador y Señor, seamos perdonados de todos nuestros pecados, declarados como justos en base a la vida perfectamente obediente de Jesucristo y tratados como justos al ser bendecidos con toda bendición espiritual.

La fidelidad y la justicia de Dios en perdonar [1 Juan 1:9]

Aunque todo cristiano ha sido salvado del dominio del pecado (es decir, Ă©ste ya no es su señor; vĂ©ase Ro. 6:2), el pecado todavĂ­a está presente en todo cristiano1. Aunque el pecado ya no es la práctica del cristiano (1 Jn. 3:8), el cristiano todavĂ­a peca –esto lo sabemos tanto por experiencia como por la Palabra–: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros… Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a El mentiroso y su palabra no está en nosotros” (1 Juan 1:8, 10).

La diferencia entre el cristiano (un “pecador redimido” o uno “simultáneamente justo y pecador” como lo dirĂ­a Lutero) y el no-cristiano es que cuando el cristiano peca, es guiado por el EspĂ­ritu al arrepentimiento para perdĂłn de pecados. 1 Juan 1:9 dice: “Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad”. En este versĂ­culo se dice que si confesamos a Dios nuestros pecados, seremos perdonados y limpiados. Ahora, no quiero que pasemos por alto lo siguiente: “El es fiel y justo”. ÂżPor quĂ© describir aquĂ­ a Dios precisamente como fiel y justo? ÂżQuĂ© tiene que ver la fidelidad y la justicia de Dios en nuestro perdĂłn? Continuar leyendo La fidelidad y la justicia de Dios en perdonar [1 Juan 1:9]

Edwards sobre “Los atributos de Dios están de tu lado”.

A todos los verdaderos cristianos:

TĂş has escuchado quĂ© ser superlativamente excelente es tu Dios. Sus excelencias son motivo de gozo y consuelo para ti; puedes sentarte y meditar en ellas con placer y deleite. Los pensamientos acerca de la grandeza, el poder, la santidad, y la justicia de Dios son motivo de terror para el impĂ­o, y serán motivo de terrible asombro para ellos por siempre; pero Ă©stos son consoladores y causa de gozo para ti. Los más terribles y espantosos atributos de Dios no necesitan ser terribles para ti, sino consoladores. Puedes pensar en su gran poder, en su terrible majestad, en su justicia vindicativa, con gozo, asĂ­ como pensar en su misericordia y bondad; puedes pensar con gozo en que Él es un fuego consumidor, asĂ­ como pensar en que Él es la Rosa de SarĂłn y el Lirio de los Valles, porque todos sus atributos están en de tu lado; su justicia y santidad, asĂ­ como su misericordia, amor, y compasiĂłn. Puedes pensar en su descenso del cielo para juicio en su terrible majestad, y todo el mundo cayendo en pedazos ante Él con terremotos y truenos y relámpagos, y los demonios y los hombres impĂ­os temblando en horror inexpresable y en asombro ante la vista de Él, con tanto consuelo como puedes pensar en Él colgando en la cruz. Has sido librado de la ira de este terrible Ser, estás en Cristo, un refugio seguro contra todo peligro, y donde nunca necesitas temer la sensaciĂłn de su venganza. Su ira será derramada sobre sus enemigos, pero tĂş estás seguro y no necesitas temer: estás fuera del camino de ese torrente de azufre que enciende el fuego del infierno, y te has acercado al monte de SiĂłn, la ciudad del Dios vivo, a la JerusalĂ©n celestial, a mirĂ­adas de ángeles, a la asamblea general e iglesia de los primogĂ©nitos que están inscritos en los cielos, y a Dios el Juez de todos, y a los espĂ­ritus de los justos hechos ya perfectos, y a JesĂşs el mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la sangre de Abel. Continuar leyendo Edwards sobre “Los atributos de Dios están de tu lado”.