Es un grave pecado delante de Dios cuando se justifica a un criminal (no haciendo que se pague el delito) o cuando se condena a aquel que es justo (haciendo que se pague un delito que no existe). Proverbios 17:15 lo dice claramente: “El que justifica al impĂo, y el que condena al justo, ambos son igualmente abominaciĂłn al SEĂ‘OR”. Hacer tal cosa no tan solo es aborrecible para Dios, sino tambiĂ©n para aquellos que portamos Su imagen: “Al que dice al impĂo: Justo eres, lo maldecirán los pueblos, lo aborrecerán las naciones” (Pro. 24:28).
Sin embargo, en la Ăşltima parte de Romanos 3:26 leemos lo siguiente: “a fin de que El sea justo y sea el que justifica al que tiene fe en JesĂşs”. AquĂ tenemos a Dios gloriándose en ser justo y, tambiĂ©n, ser el que justifica a los pecadores (vĂ©ase v. 23). Como un juez que antes de empezar el juicio anuncia que Ă©l es justo y termina dejando libre al criminal sin que Ă©ste pague por sus crĂmenes.
ÂżSe contradice Dios a sĂ mismo? ¡De ninguna manera! ÂżCĂłmo puede Dios justificar a los pecadores y seguir siendo justo? ÂżCĂłmo puede Dios salvar a los pecadores y al mismo tiempo oĂr a Su justicia clamar a gritos contra el pecador: “¡Condenado! ¡Maldito! ¡Sangre! ¡Muerte!”? La respuesta se encuentra en Romanos 3:25 –poniendo a Jesucristo como propiciaciĂłn–: “a quien Dios exhibiĂł pĂşblicamente como propiciaciĂłn por su sangre a travĂ©s de la fe, como demostraciĂłn de su justicia, porque en su tolerancia, Dios pasĂł por alto los pecados cometidos anteriormente”. Jesucristo (el Ăşnico que nunca pecĂł y siempre obedeciĂł) se ofreciĂł voluntariamente de acuerdo a la voluntad del Padre para que Su sangre fuera derramada en lugar de la nuestra. Sobre Él cayĂł toda la furia de Dios que debiĂł haber caĂdo sobre nosotros. Dios puede justificar a los pecadores y seguir siendo justo al pasar por alto sus pecados, pero castigarlos en Jesucristo. AsĂ las demandas de la justicia de Dios son atendidas y los pecadores que confĂan en Jesucristo son perdonados y declarados (vistos y tratados como) justos por Dios.