Misael Susaña recorre los primeros versĂculos de 1 Corintios 13 mostrándonos cĂłmo luce el amor verdadero segĂşn la Biblia.
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No tengas temor del hombre.
Uno de los mandamientos de Dios más repetitivos, si no es el más repetitivo, en el libro del profeta IsaĂas es “no temas”. Algunos de los pasajes de IsaĂas en los que podemos encontrar este mandamiento son IsaĂas 7:4; 8:12; 10:24; 35:4; 37:6; 40:9; 41:10, 13, 14; 43:1, 5; 44:2, 8. Y en IsaĂas 51:7 Dios dice lo siguiente:
“Escuchadme, vosotros que conocéis la justicia, pueblo en cuyo corazón está mi ley. No temáis el oprobio del hombre, ni os desalentéis a causa de sus ultrajes”.
Las palabras de Dios en este capĂtulo salieron de la boca de Dios para consolar y animar a aquellos que ahora son Su pueblo y obedecen Sus mandamientos. Aquellos que somos parte del pueblo de Dios, que obedecemos Sus mandamientos, seremos insultados y avergonzados por aquellos que no conocen a Dios. Y lo que Dios le dice a Su pueblo en IsaĂas 51:7 es que continĂşen practicando lo que es justo y que no se retracten a causa del hombre.
ÂżPor quĂ© no temer al hombre? SegĂşn el versĂculo 8, porque el hombre tiene una corta existencia, pero Dios y Su Palabra permanecen para siempre. Los hombres que no conocen a Dios al final serán destruidos, pero los que son de Dios al final estarán a salvo.
Es una necedad y una gran afrenta temer al hombre –moral, limitado al tiempo– y no temer a Dios –auto-existente y eterno–. En el versĂculo 12 del mismo capĂtulo, IsaĂas 51, leemos lo siguiente: “Yo, yo soy vuestro consolador. ÂżQuiĂ©n eres tĂş que temes al hombre mortal, y al hijo del hombre que como hierba es tratado?”. Ese mismo Consolador, con Su brazo omnipotente, fue quien secĂł las aguas del mar e hizo que Su pueblo pasara por Ă©l.
El versĂculo 13 comienza con la siguiente pregunta: “¿Has olvidado al Señor?”. He aquĂ la causa de nuestro temor pecaminoso: un olvido de la persona y las obras de Dios. Cuando nos olvidamos de Dios, de Su grandeza sin comparaciĂłn y de Sus obras en la creaciĂłn, en el sustento diario y en la redenciĂłn, entonces vamos a temer a los hombres. Y cuando tememos a los hombres más que a Dios haremos lo que Dios prohĂbe para provocar la sonrisa de ellos y no haremos lo que Dios manda para evitar el ceño fruncido de ellos.
Si queremos dejar de temer a los hombres debemos quitar nuestra vista de ellos y ponerla en Dios, quien es nuestro Creador segĂşn el versĂculo 13. Y no importa cuánta sea la furia de los hombres, ellos no pueden hacer nada si Dios se lo impide y no hay nada que Dios se proponga hacer que ellos puedan impedir: “El desterrado pronto será libertado, y no morirá en la cárcel, ni le faltará su pan” (v. 14).
¿Qué tiene la Biblia que decir sobre el “bullying”?
La semana pasada me topĂ© con un video, que se volviĂł viral, en el cual un niño de 9 años, lleno de lágrimas, dice que desea morir debido al “bullying” que sufre por su condiciĂłn fĂsica. La madre del niño grabĂł este video para mostrar los efectos devastadores del “bullying” en los niños. Mientras miraba el video, me preguntaba si la Biblia tenĂa algo que decir sobre esto.
¿QUÉ ES EL “BULLYING”?
Primero hay que definir el tĂ©rmino. La RAE recomienda usar “acoso escolar” en vez del anglicismo “bullying” y lo define de la siguiente manera: “Comportamiento contrario a la identidad del alumno en relaciĂłn con su raza, color, nacionalidad, minusvalĂa, religiĂłn, orientaciĂłn sexual o cualquier otra circunstancia”.
Joe Carter, en su artĂculo How to teach children to deal with bullying [CĂłmo enseñar a los niños a lidiar con el acoso], dice que el acoso puede ser verbal (decir o escribir algo con la intenciĂłn de dañar), social (dañar la reputaciĂłn o las relaciones del niño), fĂsico (herir el cuerpo del niño) y daño a la propiedad (daño intencional a la propiedad del niño).
EL ACOSO COMO PECADO
En LevĂtico 19 Dios le dice, a travĂ©s de MoisĂ©s, a toda la naciĂłn de Israel que sean santos como Él es santo –diferente, separado de lo ordinario–. Y Dios les dice como ser santos en la vida práctica. He aquĂ algunas de las cosas que Dios manda:
- “No hurtaréis… unos a otros” (v. 11).
- “No oprimirás a tu prójimo” (v. 13).
- “No maldecirás al sordo, ni pondrás tropiezo delante del ciego” (v. 14).
- “No andarás de calumniador entre tu pueblo; no harás nada contra la vida de tu prójimo” (v. 16).
- “Cuando un extranjero resida con vosotros en vuestra tierra, no lo maltrataréis” (v. 33).
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Obediencia por Su EspĂritu.
Una de las lĂneas de la Ăşltima estrofa de Mi vida es Cristo [All I have is Christ], en su letra original, dice: “La fuerza para obedecer tus mandamientos / nunca podrĂa venir de mĂ”. Y la traducciĂłn oficial al español de esa misma lĂnea dice: “Tus mandamientos seguirĂ© / por tu poder en mĂ”. AllĂ hay dos verdades no contradictorias, sino complementarias.
En Ezequiel 36 Dios le recuerda a Israel la conducta y obra pecaminosa de Ă©sta. Él les dice que la conducta de ellos fue impura al ellos abandonar a Dios y abrazar distintos Ădolos. Dios tambiĂ©n les dice que fue debido a eso que Él derramĂł Su furor sobre ellos y los esparciĂł entre las naciones (vv. 16-19).
Dios, entonces, se propone vindicar la santidad de Su santo nombre que habĂa sido profanado (v. 23). ÂżCĂłmo Él vindicarĂa Su santo nombre? Recogiendo Su pueblo de todas las naciones, llevándolos a su propia tierra, limpiándolos de sus inmundicias y haciendo que ellos cumplan Sus ordenanzas (vv. 24-32).
En Ezequiel 36:27 Dios promete lo siguiente: “PondrĂ© dentro de vosotros mi espĂritu y harĂ© que andĂ©is en mis estatutos, y que cumpláis cuidadosamente mis ordenanzas”. Dios sabe que dejados a nuestras propias fuerzas nunca vamos a poder obedecer Sus mandamientos. ÂżQuĂ© hace Dios, entonces, para asegurarse de que le obedezcamos? Él pone en nosotros Su EspĂritu; quien no sĂłlo nos inclina a Sus mandamientos, sino que tambiĂ©n nos da el poder para obedecerlos.
Ezequiel está hablando exactamente lo mismo que JeremĂas comienza a hablar en el capĂtulo 31, el nuevo pacto. Nuevo pacto que fue ratificado por la sangre derramada de JesĂşs, quien les dijo a Sus discĂpulos: “Esto es mi sangre del nuevo pacto, que es derramada por muchos” (Mc. 14:24). Y nuevo pacto del cual tĂş y yo somos beneficiarios si hemos confiado en JesĂşs. Porque tal como nos enseñó el apĂłstol Pablo: “los que son de fe, estos son hijos de Abraham” (Gál. 3:7).
Si tĂş eres cristiano, Dios ha puesto Su EspĂritu Santo dentro de ti. ÂżPara quĂ©? Para que puedas obedecer Sus mandamientos. AsĂ que, cuando seas tentado a pecar y pienses que no puedes hacer otra cosa que no sea pecar, recuerda que el EspĂritu Santo está dentro de ti y no peques. En medio de la tentaciĂłn puedes cantar: “Tus mandamientos seguirĂ© / por tu poder en mĂ”.
ÂżNo es eso asombroso? La tercera persona de la trinidad mora dentro de ti. Y ahora se te ha dado la capacidad para hacer eso –obedecer los mandamientos de Dios– que no podrĂas hacer en tus propias fuerzas. Eso es gracia.