EL REGALO DE DIOS
Romanos 8:32 dice: “El que no eximiĂł ni a su propio Hijo, sino que lo entregĂł por todos nosotros, ÂżcĂłmo no nos concederá tambiĂ©n con El todas las cosas?”. En ese versĂculo, Pablo (inspirado por Dios) quiere hacernos entender esta maravillosa verdad: Si Dios nos dio lo más preciado que tenĂa (Su Hijo Jesucristo), Él nos dará todo lo demás que realmente necesitemos. Como dijo Henry T. Mahan: “Si Dios amĂł de tal manera que dio a Cristo, y Cristo amĂł de tal manera que vino a este mundo y llevĂł todo nuestro pecado y vergĂĽenza, Âżno nos va a dar el Padre gratuitamente todo lo que Cristo adquiriĂł para nosotros?”. El Regalo que Dios dio fue Su propio Hijo Jesucristo, quien desde antes de la fundaciĂłn del mundo tenĂa una Ăntima relaciĂłn con Dios Padre (Jn. 17:5,11,23); y cuando Jesucristo se encarnĂł, Dios Padre pĂşblicamente declarĂł: “Este es mi Hijo amado en quien me he complacido” (Mt. 3:17). Todo esto nos muestra que no hay nada ni nadie más preciado que Jesucristo; a Éste fue quien Dios dio.
LOS RECEPTORES DEL REGALO
Romanos 5:7 dice: “Porque a duras penas habrá alguien que muera por un justo, aunque tal vez alguno se atreva a morir por el bueno”. Si eso es asĂ, ÂżquĂ© posibilidad tiene una persona mala e injusta de que alguien (pague su deuda) muera por ella? LĂłgicamente responderĂamos: “Ninguna posibilidad, ya que difĂcilmente alguien muera por un justo y no es seguro que alguien muera por el bueno”. Ahora, Romanos 3:10,12 dice: “NO HAY JUSTO, NI AUN UNO… TODOS SE HAN DESVIADO, A UNA SE HICIERON INĂšTILES; NO HAY QUIEN HAGA LO BUENO, NO HAY NI SIQUIERA UNO”. Cristiano, sabe que tĂş no eras el justo por el cual difĂcilmente alguien morirĂa, tampoco el bueno por el cual tal vez alguien morirĂa. TĂş eras el pecador (injusto y malo) por el cual nadie morirĂa. “Pero Dios”, asĂ Romanos 5:8 comienza marcando un maravilloso contraste, “demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aĂşn pecadores, Cristo muriĂł por nosotros”. Nosotros somos los receptores del Regalo de Dios, somos los receptores de Su grandĂsimo amor demostrado, somos quienes disfrutan de la salvaciĂłn que Dios da gratuitamente en Jesucristo. ¡Esto es incomparable amor!