El atributo de Dios olvidado.

Cuando hablamos de los atributos de Dios nos referimos a esas cualidades que son verdad acerca de Él. En otras palabras, Sus atributos son cualidades arraigadas a Su carácter. Por lo tanto, un atributo de Dios no es algo que Él hace algunas veces o la mayoría de las veces, sino que es algo que Él es siempre.

Como alguien dijo: “los atributos no son meros nombres que no corresponden a la realidad, ni partes separadas de un Dios compuesto; sino que son esencialmente cualidades en las que el ser de Dios se revela y mediante las cuales puede ser identificado”.

Si te pidiera que mencionaras algunos atributos de Dios, es muy probable que me mencionaras –aunque no es este mismo orden–: santidad, amor, omnipresencia, omnisciencia, omnipotencia, eternidad, soberanía, justicia.

LA FELICIDAD

Ahora, hay un atributo de Dios que casi nunca escucho mencionar –ni siquiera en muchos buenos libros de teología sistemática– y ese atributo es la felicidad. Como Dios es omnipresente, así también Dios es feliz. Dios es santo y Él es feliz también.

Hay varios pasajes bíblicos que nos enseñan esa verdad acerca de Dios. Dos de ellos se encuentran en 1 Timoteo:

  • “según el glorioso evangelio del Dios bendito, que me ha sido encomendado” (1:11).
  • “la cual manifestará a su debido tiempo el bienaventurado y único Soberano, el Rey de reyes y Señor de señores” (6:15).

Los términos “bendito” (1:11) y “bienaventurado” (6:15) son la traducción de la palabra griega makarios, que significa feliz. Así que, el primer pasaje dice “el glorioso evangelio del Dios feliz” y el último pasaje habla del “feliz y único Soberano, el Rey de reyes”.

En nuestro pecado, tú y yo nos alegramos muchas veces de las cosas que no deberíamos. Y es debido al mismo pecado que no siempre nos alegramos de las cosas que sí deberíamos. Pero a diferencia de nosotros, Dios –en quien no hay pecado alguno– siempre se complace en lo que es bueno y lo que es recto. Y todo lo que Dios es y hace es bueno y recto.

¿POR QUÉ ESTO ES IMPORTANTE?

En la salvación se nos da el privilegio de tener comunión con Dios mismo. Acabo de decir “privilegio” porque a ninguno de nosotros nos gustaría tener una relación con alguien infeliz y gruñón. John Piper dice:

“¿Te imaginas cómo sería si el Dios que gobernara el mundo no fuera feliz? ¿Qué pasaría si Dios fuera dado a las quejas, los enojos y la depresión como un gigante de “Jack y las habichuelas mágicas” en el cielo? ¿Qué pasaría si Dios estuviera frustrado, abatido, melancólico, triste, descontento y desanimado? ¿Podríamos unirnos a David y decir: “Oh Dios, Tú eres mi Dios; te buscaré con afán. Mi alma tiene sed de Ti, mi carne te anhela cual tierra seca y árida donde no hay agua” (Salmo 63:1)? No me parece. Todos nos relacionaríamos con Dios como niños pequeños que tienen un padre frustrado, melancólico, lúgubre, descontento. Ellos no pueden disfrutarlo. Ellos pueden solo tratar de no molestarlo o tal vez intentar trabajar para él para ganar un pequeño favor” (Desiring God [Deseando a Dios], p. 32).

Pero, ¡qué bueno que ese no es el caso! Tenemos el privilegio de tener una relación con el Dios feliz:

Él se gozó cuando nos arrepentimos: “Les digo que de la misma manera, habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentimiento” (Lc. 15:7).

Él se complace en perdonar todos nuestros pecados: “¿Qué Dios hay como Tú, que perdona la iniquidad y pasa por alto la rebeldía del remanente de su heredad? No persistirá en Su ira para siempre, porque se complace en la misericordia. Volverá a compadecerse de nosotros, eliminará nuestras iniquidades. Sí, arrojarás a las profundidades del mar todos nuestros pecados” (Miq. 7:18, 19).

Él se alegra en nosotros y nos ama: “El Señor tu Dios está en medio de ti, guerrero victorioso; se gozará en ti con alegría, en Su amor guardará silencio, se regocijará por ti con cantos de júbilo” (Sof. 3:17).

Él mostró ese gozo en la persona de Jesús y nos da ese mismo gozo: “Estas cosas les he hablado, para que Mi gozo esté en ustedes, y su gozo sea perfecto” (Jn. 15:11); “Pero ahora voy a Ti; y hablo esto en el mundo para que tengan Mi gozo completo en sí mismos” (Jn. 17:13).

Él nos invitará a unirnos a Su gozo por toda la eternidad: “Bien, siervo bueno y fiel; en lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor” (Mat. 25:21).

Y Él pasará toda la eternidad regocijándose en hacernos bien: “Me regocijaré en ellos haciéndoles bien, y ciertamente los plantaré en esta tierra, con todo Mi corazón y con toda Mi alma” (Jer. 32:41).

Publicado por

Misael Susaña

Misael Susaña nació en República Dominicana, fue salvado a la edad de trece años y actualmente es uno de los pastores de Iglesia Fundamento Bíblico. Es también maestro de Inglés. Estudió Teología Sistemática en la Academia de la Gracia (Reformed Baptist Seminary) y ha participado en varios diplomados. Desde el 2008, ha publicado regularmente artículos bíblicos en su blog (gustadaDios.com). Misael, teniendo en mente Salmos 34:8, prefiere describirse a sí mismo como un «Catador de la bondad de Dios y feliz promotor de ésta; para Su gloria y el beneficio [en Él] del creyente».

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