La omnisciencia de Dios significa que Dios sabe o conoce absolutamente todo. La omnipresencia de Dios significa que Él está –con todo Su ser– en todos los lugares, todo el tiempo. En el Salmo 139, el salmista David habla de esos dos atributos de Dios; habla acerca de Dios como quien conoce todo y como quien está en todos los lugares.
El salmista habla de la omnisciencia de Dios de la siguiente manera: «Oh SEÑOR, tú me has escudriñado y conocido. Tú conoces mi sentarme y mi levantarme; desde lejos comprendes mis pensamientos» (vv. 1, 2). El salmista dijo que todos sus caminos eran bien conocidos por Dios (v. 3), aun aquellos caminos que él no había exteriorizado, sus pensamientos (v. 4).
En el versículo 7 se introduce la omnipresencia de Dios con las siguientes preguntas: “¿Adónde me iré de tu Espíritu, o adónde huiré de tu presencia?”; y los versículos 8-10 nos enseñan que no hay lugar tan alto donde Dios no pueda estar, no hay lugar tan bajo donde Dios no pueda estar y no hay lugar tan distante donde Dios no pueda estar. En la más alta elevación, allí está Dios; en el más profundo lugar, allí está Dios; en la más lejana distancia, allí está Dios. «Las tinieblas y la luz son iguales para ti» –dijo el salmista en la última parte del versículo 12. Nuestro sentido de la visión es mejor en la luz que en la oscuridad, pues en la oscuridad ignoramos muchas cosas; pero la oscuridad no es un problema para Dios, ni siquiera la más densa oscuridad puede embotar su conocimiento de todo. Para El «la noche brilla como el día» y ni siquiera el desarrollo de un embrión escapa de Sus ojos (omnisciencia): “Tus ojos vieron mi embrión, y en tu libro se escribieron todos los días que me fueron dados, cuando no existía ni uno solo de ellos” (v. 16). Continuar leyendo El omnisciente y omnipresente Dios.