Oración respondida con cruces.

Yo pedí al Señor el crecer
en fe, amor y en toda gracia,
más de Su salvación conocer,
buscar Su rostro con insistencia.

Fue Él quien así me enseñó a orar;
y Él, en quien confió, respondió la oración;
pero la respuesta fue de manera tal
que casi me llevó a la desesperación.

Esperaba que, en una hora a mi favor,
mi petición inmediatamente respondiera,
y que por el poder obligante de Su amor
venciera mis pecados y descanso me diera.

Pero, en vez de esto, me hizo sentir
los males ocultos de mi corazón,
dejó a los feroces poderes del infierno
asaltar mi alma en toda dirección.

Sí, más aún, con Su propia mano parecía
intentar agravar mi aflicción,
crucificó todos los proyectos que tenía,
abatió mi mente, me puso en humillación.

Señor, ¿por qué? grité temblando yo;
¿perseguirás a este gusano hasta la muerte?
Esta es la manera, el Señor respondió,
en la que respondo la oración por gracia y fe.

Estas pruebas internas ahora las empleo
para librarte del egoísmo y del orgullo,
y romper tus esquemas de gozo terrenal,
para que en mí puedas buscar tu todo.

Por John Newton. Prayer Answered by Crosses. Traducción de Misael Susaña.

Cielo – Dios = Tragedia.

Hace ya varios Sábados que un grupo de jóvenes y yo hemos estado estudiando el libro No desperdicie su vida, escrito por John Piper. En el día de ayer estudiábamos la primera parte del capítulo 3, allí hay un párrafo que llamó mi atención y me hizo reflexionar –lo citaré para que lo consideres detenidamente:

“Quizá no estemos seguros acerca de querer que nuestra vida se destaque. Quizá no nos importe mucho si logramos distinguirnos por algo grandioso. Solo queremos que la gente nos quiera. Nos sentimos satisfechos si a las personas les gusta estar con nosotros. O si tenemos un buen empleo, una buena esposa, o esposo, buenos hijos y un lindo automóvil, largos fines de semana, unos pocos buenos amigos, una buena jubilación, una muerte rápida y sin sufrimiento y nada de infierno. Si pudiéramos tener todo eso (aun sin Dios), nos sentiríamos satisfechos. Esta es una tragedia en potencia. Una vida desperdiciada” (p. 43).

Preguntaba, durante el estudio, tanto a mí mismo como a los demás: ¿Es eso cierto? ¿Pienso yo que estaría satisfecho si pudiera tener todo eso, pero sin Dios? Si agregáramos el dinero a la descripción, eso sería para muchos como «un cielo sin Dios». ¿Escogería yo «un cielo sin Dios»? Esas son preguntas que también tú, amigo lector, deberías hacerte a ti mismo. Continuar leyendo Cielo – Dios = Tragedia.

La disciplina del Señor.

Algunos padres al momento de disciplinar a sus hijos están llenos de, dominados por, controlados por la ira y casi siempre que esto ocurre, ellos castigan de una manera muy desproporcionada al niño, por su mala conducta. Otros “aman” tanto a sus hijos, que no los disciplinan; para ellos «disciplina» y «amor» son mutuamente excluyentes. Estos (disciplina llena de ira y no disciplina) son dos extremos que los padres deben evitar. Debido a que Dios es el Padre perfecto, no miramos a nuestros padres terrenales y decimos: “Dios luce así”; más bien, miramos a Dios y decimos: “los padres deben lucir así”.

C. S. Lewis dijo: “El Hijo de Dios vino al mundo para hacer a los hombres hijos de Dios”; queriendo significar que gracias a la obra del unigénito Hijo de Dios (Jn. 1:18) a favor de los que creemos en El, hemos sido adoptados como hijos de Dios. Eso es confirmado por Juan 1:12: “Pero a todos los que le recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en su nombre”; y 1 Juan 3:1a nos dice que somos hijos amados: “Mirad cuán gran amor nos ha otorgado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; y eso somos”.

Dios no es como esos padres que “aman” tanto a sus hijos que no los disciplinan. He puesto la conjugación del verbo amar entre comillas, pues pregunto si es amor el dejar a los hijos en el error por no querer disciplinarlos –no lo creo–. Pienso, más bien, que es una crueldad. ¡Gracias a nuestro Padre celestial, pues Él no es así! Dice Proverbios 3:12: “Porque Jehová al que ama castiga, como el padre al hijo a quien quiere” (RVR1960). Dios disciplina a Sus hijos, pero no como aquellos padres que están llenos de ira al disciplinar. Ciertamente es justo que Dios esté airado contra los pecadores, pero ¿sabes tú, hijo de Dios, por qué Dios no te disciplina con ira? Porque Jesucristo vino voluntariamente a sufrir en la cruz la ira de Dios que nosotros merecíamos. Él sufrió de tal manera la ira de Dios Padre, por causa de nuestros pecados, que gritó: “DIOS MIO, DIOS MIO, ¿POR QUE ME HAS ABANDONADO?” (Mc. 15:34). Dios derramó toda Su ira sobre Jesucristo, para que todo Su amor sea derramado sobre nosotros. ¡Gracias Jesucristo por tu sacrificio! Continuar leyendo La disciplina del Señor.

Mis tuits favoritos [2]

Aquí está la segunda parte de los tuits que he marcado como favoritos desde mi cuenta de Twitter, @MisaelSusana:

  • “Cuando proclames el evangelio a los no creyentes, no dejes a Jesús colgando sobre la cruz” –Burk Parsons.
  • “Nuestra seguridad de salvación está fundada sobre las inmutables promesas de Dios, no sobre las siempre cambiantes emociones de nuestro corazón” –Burk Parsons.
  • “La cruz es el pináculo del amor de Dios por nosotros. ¿Qué cosa más grande podría él hacer para mostrar que te ama?” –Mark Dever, tuiteado por C. J. Mahaney.
  • “Hay más misericordia en Cristo que pecado en nosotros” –Richard Sibbes, tuiteado por C. J. Mahaney.
  • “Todos estos juguetes nunca fueron destinados para poseer mi corazón… mi verdadero bien está en otro mundo y mi único y real tesoro es Cristo” –C. S. Lewis.
  • “Cuando Satanás me dice que yo soy un pecador, él me consuela enormemente, ya que Cristo murió por pecadores” –Martín Lutero, tuiteado por Elyse Fitzpatrick.
  • “La moralidad te mantendrá fuera de la cárcel, pero sólo la sangre de Jesús te mantendrá fuera del infierno” –C. H. Spurgeon, tuiteado por Keith Maddy.
  • “»Tú estás tan seguro como Jesús, porque en Su corazón lleva tu nombre (Spurgeon)». Nuestro gran Sumo Sacerdote. Bendita seguridad” –Nancy Leigh DeMoss.
  • “Agradecida de que nuestra esperanza no está en nuestra habilidad para aferrarnos a Él, sino en Su promesa/habilidad de sostenernos” –Nancy Leigh DeMoss.

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