¿Es el trabajo un castigo de Dios?

Contrario a lo que muchos creen, que el trabajo fue un castigo de Dios a causa del pecado del hombre, el trabajo no fue ni es un castigo de parte de Dios1.

Desde el libro de Génesis podemos encontrar esta verdad. Lo primero que vemos en este libro es al Dios trino trabajando, por medio del poder de Su Palabra, para traer a la existencia todo el universo creado que hoy conocemos. Toda esta obra de Dios que se encuentra relatada en los primeros dos capítulos de Génesis se resume en Éxodo 20:12a: “Porque en seis días hizo el SEÑOR los cielos y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay, y reposó en el séptimo día“. Dice Génesis 2:15 que Dios puso al hombre en el huerto del Edén «para que lo cultivara y lo cuidara»; ¿qué es esto? trabajo. El alimento que el hombre comería seria el resultado del cultivo y cuidado del huerto (Gn. 2:16). En Génesis 2:20 leemos como Adán también trabajó al poner «nombre a todo ganado y a las aves del cielo y a toda bestia del campo».

En el libro de Proverbios, una y otra vez, se habla bien del que trabaja (Proverbios 14:4b; 14:23a; 22:29); mas, no se habla bien de aquel que no trabaja (Proverbios 6:6-8; 14:4a, 23b; 21:25).

Esta verdad no se encuentra sólo en el Antiguo Testamento, también la encontramos en el nuevo. Jesús mismo afirmó que tanto Él como Su Padre Celestial trabajan: “Hasta ahora mi Padre trabaja, y yo también trabajo” (Juan 5:17). Y el apóstol Pablo (inspirado por Dios) dijo: “Porque aun cuando estábamos con vosotros os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma” (2 Tesalonicenses 3:10).

“El trabajo en sí mismo es una bendición, porque el trabajo del hombre refleja la actividad del Dios que trabaja” (Reformation Study Bible; Génesis 3:17). ¡Glorifica a Dios con tu trabajo!


1 Como consecuencia del pecado de desobediencia del hombre, Dios maldijo la tierra (Gn. 3:17-19). Una vez maldita la tierra, con «penosos trabajos» el hombre comería de ella, la tierra produciría «cardos y espinas» y con el sudor de su frente el hombre ganaría su pan; es decir, el trabajo del hombre sería con mucha dificultad.

Resoluciones de Jonathan Edwards.

Alrededor del 1722, Jonathan Edwards, pastor y teólogo protestante, elaboró 70 resoluciones cuya intención fue mover a Edwards (él mismo) a vivir una vida completamente para la gloria de Dios y el beneficio del resto de la humanidad. Edwards dijo:

“Estando consciente de que soy incapaz de hacer alguna cosa sin la ayuda de Dios, humildemente le ruego, que por Su gracia, me permita mantener estas resoluciones, en la medida en que éstas estén de acuerdo a Su voluntad, por la causa de Cristo”.

He aquí algunas de sus resoluciones:

  • #1. Resuelvo, que haré lo que piense que sea para la mayor gloria de Dios y para mi propio bien, ganancia y placer, en todo mi tiempo; no teniendo ninguna consideración del tiempo, ya sea ahora o nunca, ni por millares de edades desde hoy. Resuelvo, hacer todo lo que considere mi deber, sobre todo para el bien y la ganancia de la humanidad en general. Resuelvo, por tanto, hacerlo no importando las dificultades con que me encuentre, ni cuantas, ni cuán grandes que sean.
  • #2. Resuelvo, estar continuamente tratando de encontrar alguna nueva idea o invento para promover la cosas anteriormente mencionadas.
  • #5. Resuelvo, nunca perder ni un momento de tiempo, sino perfeccionarlo de la forma más provechosa que yo pueda.
  • #17. Resuelvo, que yo viviré así como hubiera deseado haberlo hecho cuando muera.
  • #20. Resuelvo, mantener la estricta sobriedad en el comer y el beber.
  • #24. Resuelvo, siempre que yo haga cualquier acción conspicua y maligna seguiré su rastro, hasta que llegue a la causa que la originó y entonces, me esforzaré cuidadosamente en no volver a hacerla y a pelear y a orar con toda mi fuerza en contra de la causa.
  • #39. Resuelvo, nunca hacer nada de lo cual yo tenga duda de su legalidad, esto es lo que trato, y al mismo tiempo, considerar y examinar después, si fuera legal o no; a menos que dudara yo mucho de la legalidad de la omisión.
  • #43. Resuelvo, nunca, de ahora en adelante, y hasta que yo muera, actuar como si me perteneciera a mi mismo, sino completamente y para siempre a Dios; ya que es agradable ser hallado así.
  • #52. Resuelvo, que viviré así como pienso que yo desearía haberlo hecho, suponiendo que viva hasta una edad avanzada.
  • #68. Resuelvo, confesarme francamente a mi mismo, todo lo que encuentro en mi ser ya sea enfermedad o pecado; y si ello fuera algo concerniente a la religión, también confesarle todo el asunto a Dios e implorarle que necesito su ayuda.

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Las 5 solas de la Reforma Protestante.

  1. Sola Scriptura (Sola Escritura). Solo la Biblia, la palabra inspirada de Dios, es la autoridad final para todos los asuntos de la fe y la práctica. Ésta es clara, inerrante, infalible y también la norma por la cual toda doctrina eclesiástica o enseñanza cristiana ha de ser medida.
    Isaías 8:20; Marcos 7:6-8; Hechos 17:11; 2 Timoteo 3:16,17; Apocalipsis 22:18,19.
  2. Solus Christus (Solo Cristo). Solo Cristo Jesús es el mediador entre Dios y los hombres. Su obra perfecta –vida sin pecado, expiación vicaria en la cruz y resurrección– es suficiente para nuestra salvación y por medio de ninguna otra persona hay salvación.
    Juan 14:6; Hechos 4:12; 2 Corintios 5:21Colosenses 1:13-18; 1 Timoteo 2:5.
  3. Sola Gratia (Sola gracia). Solo por la gracia de Dios, favor inmerecido en Cristo, el pecador es salvado del pecado, de la ira de divina y bendecido con toda bendición espiritual; no por algún mérito en él, sino por la pura bondad de Dios.
    Romanos 4:4,5; Efesios 1:6; 2:8,9; 2 Timoteo 1:9,10; Tito 3:5-7.
  4. Sola Fide (Sola fe). Solo por medio de la fe en Jesucristo se recibe la justificación (ser declarados justos en base a la obra de Jesucristo) que proviene de Dios. Sin embargo, esta fe no está muerta, sino que resulta en un andar en aquellas buenas obras que Dios preparó de antemano.
    Romanos 1:17; 3:25; 5:1,2; Gálatas 3:5-8; Efesios 2:8-10.
  5. Soli Deo Gloria (Solo a Dios la gloria). Solo Dios merece la gloria, por Su soberanía en todos los aspectos de la vida del cristiano, particularmente en la salvación (la cual procede de y ha sido lograda por El). Debido a que Dios ha hecho todo para Su gloria, hemos de vivir ante Su presencia, bajo Su autoridad y solo para Él.
    Isaías 43:7; Romanos 11:36; 1 Corintios 10:31; Efesios 1:6; 1 Pedro 4:11.

Las maravillas de Su ley.

En el Salmo 119:18 dice: “Abre mis ojos, para que vea las maravillas de tu ley“. Pregunto, ¿qué es una “maravilla”? Se le llama “maravilla” a aquello que va más allá de lo ordinario (es decir, es extraordinario) y que produce admiración en la persona que lo contempla. El salmista David dijo que la ley, la Palabra, de Dios contiene maravillas.

La Palabra de Dios no es un libro más, sino que es extraordinaria. La Palabra de Dios es mucho más grande y gloriosa que cualquier otro libro que algún día se escribió, que se escribe y que se escribirá. Pues Ésta es la palabra no de cualquier persona, sino de Dios mismo; es allí donde Dios, cuyos juicios son insondables y cuyos caminos inescrutables (Ro. 11:33), se ha revelado de una manera que le podemos entender hasta cierto punto; ésta es la que nos habla de nuestro Salvador Jesucristo (Lc. 24:27). Libros como Juan, Hechos, Romanos y Apocalipsis son maravillosos; pero también son maravillosos libros como Levítico, Números, 1 y 2 de Crónicas, etc.

¿Has visto tú las maravillas de la ley de Dios? Ora junto al salmista: “Abre mis ojos, para que vea las maravillas de tu ley”; pues sólo cuando tus ojos espirituales sean abiertos por el Señor, podrás ver las maravillas de Su ley.