Piper sobre “Cómo tomar jugo de naranja para la gloria de Dios”.

Cuando me preguntan: «¿Es bíblica la doctrina de depravación total?» mi respuesta es: «Sí». Una cosa que quiero decir con esto es que todas nuestras acciones (aparte de la gracia salvadora) están moralmente arruinadas. En otras palabras, todo lo que un incrédulo hace es pecaminoso y por lo tanto inaceptable para Dios.

Una de mis razones por la que creo esto viene de 1 Corintios 10:31. «Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios». ¿Es pecado desobedecer este mandamiento bíblico? Sí.

Así que llego a esta conclusión oscura: Es pecado comer o beber o hacer cualquier cosa si no es para la gloria de Dios. En otras palabras, el pecado no es solo una lista de cosas dañinas (matar, robar, etc.). El pecado es no contar con Dios en los quehaceres ordinarios de la vida. El pecado es cualquier cosa que usted no hace para la gloria de Dios.

¿Pero qué hacen los incrédulos para la gloria de Dios? Nada. Por lo tanto, todo lo que hacen es pecaminoso. Eso es lo que quiero decir cuando digo que, aparte de la gracia salvadora, todo lo que hacemos está moralmente arruinado. Continúa leyendo Piper sobre “Cómo tomar jugo de naranja para la gloria de Dios”.

300 hombres.

¿Recuerdas a los valientes de David –un ejercito tan grande y poderoso que en 1 Crónicas 12:22 se le llama «como un ejército de Dios»? De ese ejercito vimos que su poder procedía de Dios. Ahora consideremos el ejército de Gedeón, el cual se relata en Jueces 7.

He aquí las palabras que Dios dijo a Gedeón: “El pueblo que está contigo es demasiado numeroso para que yo entregue a Madián en sus manos; no sea que Israel se vuelva orgulloso, diciendo: “Mi propia fortaleza me ha librado.” Ahora pues, proclama a oídos del pueblo, diciendo: “Cualquiera que tenga miedo y tiemble, que regrese y parta del monte Galaad“. Así el ejército de Gedeón se redujo a 10,000 hombres. Pero allí no terminó todo, sino que Dios agregó: “Todavía el pueblo es demasiado numeroso; hazlos bajar al agua y allí te los probaré. Y será que de quien yo te diga: “Este irá contigo”, ése irá contigo; pero todo aquel de quien yo te diga: “Este no irá contigo”, ése no irá” (v. 4). Al final el ejército de Gedeón quedó reducido a 300 hombres que lamieron agua como perros, según el versículo 6.

Leemos la descripción del ejército enemigo: “Y los madianitas, los amalecitas y todos los hijos del oriente estaban tendidos en el valle, numerosos como langostas; y sus camellos eran muchos, innumerables, como la arena que está a la orilla del mar” (v. 12). 300 hombres versus un ejercito tan numeroso como langostas –no es sorpresa que Gedeón tuviera miedo al principio.

La batalla terminó con la victoria de los 300 hombres del ejercito de Gedeón. ¿Por qué? Porque Dios, al igual que estuvo con David y sus valientes, estuvo con Gedeón y sus 300 hombres. Dios fue quien le dio la victoria a Gedeón, lo notamos en Sus palabras: “Entonces el SEÑOR dijo a Gedeón: Os salvaré con los trescientos hombres” (v. 7); y Gedeón así lo reconoció: “el SEÑOR ha entregado en vuestras manos el campamento de Madián” (v. 15). Sea siempre nuestra oración: “SEÑOR, no hay nadie más que tú para ayudar en la batalla entre el poderoso y los que no tienen fuerza; ayúdanos, oh SEÑOR Dios nuestro, porque en ti nos apoyamos” (2 Cr. 14:11). Amén.

1ra parte; 2da parte

¿Qué es la fe?

La fe es sumamente importante porque sin ésta es imposible agradar a Dios (Hebreos 11:6) y es por medio de ésta –junto al arrepentimiento– que podemos ser salvados (Efesios 2:8).

La Palabra de Dios nos enseña que la fe es un regalo de Dios (Efesios 2:8; Filipenses 1:29); y también nos enseña que es nuestra responsabilidad tener fe en Dios (Marcos 1:15; 11:22). Primero viene el regalo de Dios y, entonces, el ejercer la fe de parte del hombre. La fe es la plena convicción de que Dios es poderoso para cumplir, y que cumplirá, todo lo que ha prometido en Jesucristo.

La fe salvadora tiene tres elementos esenciales:

  1. Conocer: En primer lugar, la fe salvadora incluye conocer el evangelio o que Jesucristo murió por nuestros pecados, fue sepultado y resucitó después de tres días: “¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?” (Romanos 10:14c). Pero eso no es todo.
  2. Creer: En segundo lugar, la fe salvadora incluye creer como cierto que Jesucristo murió por nuestros pecados, fue sepultado y resucitó después de tres días: “¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído?” (Romanos 10:14b). Pero eso no es todo.
  3. Clamar: En tercer lugar, la fe salvadora nos hace confiar en, depender de, apoyarnos en, clamar sólo al Jesucristo que murió por nuestros pecados, fue sepultado y resucitó después de tres días: “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en quien no han creído?” (Romanos 10:14a).

Como un ejército de Dios.

Imagínate un ejercito de miles y miles de los hombres más valientes. En este ejército hay dos hombres que con sus lanzas mataron a seiscientos hombres, otro que peleó hasta tal punto que su mano se quedo aferrada a la espada, también hay tres hombres que irrumpieron en campamento enemigo y tomaron agua de allí, otro de los hombres mato a tres leones, este mismo hombre mató a un egipcio de aproximadamente dos metros. Estas son sólo algunas de las hazañas de esos valientes hombres, pertenecientes a ese ejército. Tal vez ya sepas a cuál ejército me refiero… al ejército de David (“Los valientes de David”) que se relata en 1 Crónicas 11, 12.

Este ejército tenía poder, pero ¿de dónde venia su poder? ¿venía de sus hombres valientes? En el capítulo 11 (de 1 Crónicas), antes de comenzar a mencionar los hombres valientes de David, dice esto: “David se engrandecía cada vez más, y el SEÑOR de los ejércitos estaba con él” (v. 9). En el mismo capítulo, ahora en el versículo 14, dice: “y se apostaron en medio de la parcela, y la defendieron e hirieron a los filisteos; y el SEÑOR los salvó con una gran victoria“. Por lo que dicen estos versículos podemos concluir que, sin duda alguna, el poder de David y sus valientes venía de Dios. Era Dios, en última instancia, quien le daba la victoria a David. No importaba cuántos millones de hombres valientes David pudo haber tenido, sin Dios este ejercito no hubiese sido nada. David sabía muy bien esto, por eso expresó en el Salmo 127:1: “Si el SEÑOR no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican; si el SEÑOR no guarda la ciudad, en vano vela la guardia“. ¿En quién está tu confianza?

1ra parte; 2da parte